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Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

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Privado Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Rose Tyrell el Dom Ago 19, 2012 1:22 pm




Carreras ilícitas
Orson Baratheon + Jenna Baratheon
Era una tarde preciosa, de eso se había dado cuenta Rose en el minuto mismo en el que se digno a pisar las calles de Antigua, el cielo parecía estar despejado aunque ya se acercaba el atardecer según la información que tenía de sus doncellas. Llevaba con ella una pequeña compañía que nunca iba rodeandola, le gustaba poder interactuar con cualquiera que se acercase a ella, pues de cualquier forma, los caballeros que su padre había dispuesto para su cuidado, nunca permitirían que nada le sucediese, la pequeña de los Tyrell se había robado el corazón de cada uno de sus protectores desde que tenía una corta edad. Sonreía con ligereza, no le importaba nada más que dar ese paseo con tranquilidad, pero al parecer esa tarde no sería así.

Mientras caminaba, una niña pequeña se cruzó en su camino, iba corriendo así que se chocó contra la rosa, quién antes de preocuparse por si misma, se agachó para ver si algo le había sucedido a la pequeña. Al ver que no había sido nada, su sonrisa volvió, asi como también su espíritu claramente curioso. ¿A dónde iba tan aprisa aquella niña? ¿Qué sucedía?, todo eso le preguntó, y la niña rápidamente contestó; pocos se dignaban a dejar a Rose Tyrell sin una respuesta a decir verdad. Al escuchar lo que sucedería, dejó que la niña se fuese, mientras ella y su compañía claramente esparcida iban hacia el puerto donde una carrera tomaría lugar entre los pobladores de Antigua que si bien habían estado en la anterior, ahora esperaban ser los protagonistas de aquella historia.

Se detuvo en el lugar en donde estaban todas las demás chicas del pueblo, en realidad no distaba mucho de ellas si fuese por sus vestidos sencillos, solamente su rostro podía dar a relucir que era de algún otro status, escuchó murmullos a su alrededor que proclamaban su nombre pero no hizo nada, simplemente se limitó a ver aquella carrera, sopesando las monedas que tenía en el pequeño bolso que solía llevar siempre consigo, no eran una fortuna pero si podían pagar una buena noche, asi que para dar algo más de consistencia a aquel evento, proclamó: -¡El ganador se lleva mi saco de monedas!.- sonriendo al ver la reacción que producía entre los competidores, sintiendo su grupo de protectores cerrarse un poco para evitar problemas. Y así fue como todo dio inicio, como un simple saco de monedas comenzó una nueva carrera...


Última edición por Rose N. Tyrell el Lun Sep 10, 2012 8:14 pm, editado 1 vez
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Orson Baratheon. el Lun Ago 20, 2012 11:17 am

Esa tarde había comido junto a su hermana y su sobrino en el Pichón, en aquel lugar donde Lord Tyrell le hubiese descubierto. Había tomado sidra con Jenna, y a Stefan le había dado un culín de un vaso para que la probase. Orson por su parte ya había apartado unas pocas de botellas para Bastión de Tormentas, un regalo para su hermano y para él mismo. Habían tomado cochinillo con patatas asadas a la luz del sol de primavera en un día que, a mediodía, aún no era caluroso.

Allí fue donde se enteraron de que habría competiciones en los pequeños cauces en los que se dividía el río Dulcevino. Las numerosas islas eran coronadas por puentes que las unían, unas a otras, y en aquellos canales eran donde se daban las carreras en barcas, con remos. Ya se habían dado un par de ellas, y Orson se había encargado de que Stefan las observase desde sus hombros, para que tuviese una vista privilegiada.

- Nunca había visto esto Jenna...Son hombres de la ciudad, y compiten por tener solo un premio.- Sonriente, dirigió la vista hacia el lugar donde quedaban los trofeos. Al parecer se enfrentaban diversos barrios entre unos y otros, hasta llegar a una última carrera entre los ganadores de las eliminatorias. Mucha gente portaba banderolas de distinto color a cada enfrentamiento hasta que terminaron repitiéndose, por llegar a la final, la de un círculo azul, elegante, sobre un blanco profundo y la de dos cuerdas formando un nudo sobre campo azur. Haciendo preguntas pudo reconocer que una de ellas estaba dirigida a los burgueses y comerciantes de las colinas más allá, de los hijos de los hombres que vivían en palacetes mientras que la otra era la de los hombres que vivían y trabajaban en el puerto.

Un cuerno sopló y los remos se hundieron en el agua mientras la gente dejaba escapar vítores, sobretodo dirigidos a los marineros, aunque era casi imposible que ganasen. Los otros jóvenes eran fuertes, igual que los marineros, pero estaban mucho mejor alimentados y podían entrenar mucho más que esos hombres que, además, trabajaban. Pero aún así la gente no dejó de vitorearles. Y hasta a Orson se le escapó algún grito de ánimo.

Resultó que después de aquello los canales se abrían para carreras de hombres que quisiesen probar, de equipos generados por el azar en una pequeña competición de cuatro barcas. El pequeño de los Baratheon no pudo reprimirse y bajó a Stefan de sus hombros. Sonrió ante Jenna y se dispuso casi corriendo hacia una de ellas. Unos pocos quedaron extrañados al ver el venado negro en uno de sus hombros, pero Orson sentó y se dispuso a sus remos, esperando la compañía que, aunque reticente, llegó.

El cuerno sonó y el Baratheon hundió los remos, para alzarlos siguiendo el ritmo del de delante y la voz del hombre que les marcaba cuando sacar y meter las palas. Al fin y al cabo él había usado los remos, aunque a una mano, en alguna galera de los Martell. Consiguieron la victoria, y aquello hacía que tuviesen que llevar a cabo una segunda carrera ante los ganadores de la siguiente. Y fue en esa cuando la muchacha Tyrell alzó la voz. Los hombres, cuatro más, se miraron unos a otros y comenzaron a tener en cuenta el valor de aquel saquito, seguramente suficiente para que viviesen un mes sin problemas. Orson alzó la vista y observó a su hermana y su sobrino. Con un gesto les señaló que se acercasen a la muchacha Tyrell, allí estarían seguros si había algún tipo de nerviosismo por la bolsita...

Los labios del hombre se posaron en la boca del cuerno, dispuesto a soplar.

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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Rose Tyrell el Lun Ago 20, 2012 8:18 pm

La verdad era que a la rosa del Domino le encantaba todo eso, los vítores de la gente, la manera en que todos a su manera parecían apoyar a uno u otro competidor, e incluso, entre las mujeres que le rodeaban pudo notar exclamaciones claramente impropias hacia quienes de un momento a otro comenzaban a tomar los remos. Rose guardó silencio y se mantuvo claramente fuera de aquel juego, si bien le encantaba estar entre los ciudadanos, su idea de pertenecer distaba mucho de tener que comportarse de esa manera y como había visto a alguna hacer, levantarse ligeramente la falda, cosa que le parecía realmente poco educada.

Se mordía los labios mientras los competidores avanzaban, aún tenía entre sus manos ese pequeño saco de monedas mezcladas donde ni ella misma sabía que era lo que habría, aunque estaba segura de que aquello no era poca cosa. Mientras su concentración estaba puesta en el avance de los mejores, se dio cuenta de la manera en que uno parecía ser distinto al resto, alzó una ceja pero tampoco expresó sus inquietudes ni siquiera a sus damas, quizá sería algo sin importancia, al menos eso era lo que constantemente se repetía mientras el avance era claro, estaban por cerrar aquella carrera donde el ganador se llevaría todo.

De un momento a otro se dio cuenta de que junto a ella se colocaban una dama y un niño que portaba el escudo de los Baratheon sobre su corazón, le sonrió con dulzura un momento y al percatarse de que seguramente no veía, hizo que uno de sus guardias lo alzase para permitirle una mejor vista incluso de la que tenía la rosa, quizá aquellas competiciones le gustaban o algo así. Justo cuando se iba a girar a preguntarle algo, un fuerte sonido le distrajo, anunciando al ganador, hecho que de nuevo requería la atención de Rose Tyrell como todo en aquel momento, por lo tanto, entregó el saco de monedas a uno de sus guardias que lo llevaría personalmente a los ganadores, nada nunca podía poner en peligro a la rosa, ni siquiera unas carreras, por lo tanto, su atención de nuevo se centró en el pequeño. -¿Has venido a ver a alguien? ¿Ha ganado?- le preguntó al niño sin percatarse de que alguien se acercaba a sus espaldas, alguien a quien sus guardias no retuvieron, cosa que cuando pudo darse cuenta, le pareció extremadamente raro.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Invitado el Mar Ago 21, 2012 3:52 am

Stefan estaba absolutamente encantado con el festival en Antigua. Sabiéndose protegido y vigilado en todo momento por su madre y su tío, correteaba de un lado para otro curioseando cada puesto y a cada persona que se cruzaba en su camino, atreviéndose incluso a preguntarles por sus blasones. Por ello, cuando se sentaron a comer en el Pichón, el niño agradeció el descanso y se comportó bien, degustando el tierno cochinillo sin levantarse ni una sola y permitiendo a su madre y a su tío una comida tranquila. Jenna también se sentía bien; tenía que reconocer que la estancia en Antigua, a pesar del incómodo y largo viaje, estaba sirviéndole de distracción y de estimulante en comparación a su lineal vida en Bastión de Tormentas. Tener lejos a Nathan también ayudaba bastante. Después de la comida, acudieron a la orilla del río donde se estaban llevando a cabo competiciones en barcas con remo, lo cual entusiasmo a los dos varones Baratheon. Orson subió sobre sus hombros a Stefan y ambos animaron a los hombres que competían mientras Jenna sonreía y disfrutaba más de la algarabía de la gente que de la carrera en sí. Escapar del silencio de Bastión estaba resultándole liberador. Sin embargo, cuando las carreras acabaron y las barcas quedaron libres para cualquiera que quisiese probar suerte, Jenna contempló con sorpresa que Orson dejaba a Stefan en el suelo para correr hacia una de las embarcaciones. - ¡Orson! – exclamó, entre la alarma y la diversión, pues aunque ella, en su instinto maternal y de hermana mayor temía que se dañara, en realidad sabía que su hermano estaba más que preparado. Stefan gritó y aplaudió entusiasmado cuando vio que su tío iba a competir, convencido de que vencería a todos los demás, como así fue.

Hubo lugar a una segunda carrera cuyo premio pareció ser una bolsita que una joven Tyrell ofreció a voz en grito. Jenna alzó las cejas con sorpresa; no sería poco el dinero que aquel saco contendría y aquello pareció animar a los remeros. Los ánimos parecieron caldearse y Jenna hizo caso a las indicaciones de Orson, acercándose con Stefan a la chica Tyrell para compartir con ella la protección de sus guardias. Enseguida Stefan conquistó a uno de los guardias, quien le subió sobre sus hombros para que no se perdiera detalle de la hazaña de su tío mientras Jenna seguía con atención el desarrollo de la carrera tras corresponder la sonrisa de la Tyrell. Una vez el prometedor saquito fue entregado al ganador, la chica se dirigió a Stefan, quien respondió desde los hombros del guardia y con orgullo que estaba viendo a su tío Orson. – Jenna Baratheon, mi señora – se presentó la dama cuando el jaleo por las carreras hubo descendido, facilitando la conversación – y éste es mi hijo Stefan -. Jenna cayó cuando Orson se acercó a ellas, cediéndole la palabra y tomando a Stefan en brazos cuando el guardia lo levantó de sus hombros y se lo cedió con una sonrisa.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Orson Baratheon. el Miér Ago 22, 2012 7:42 am

El esfuerzo se acumulaba en sus brazos cada vez que la pala llegaba al agua y notaba como ésta le hacía tener que imponer fuerza para empujarse y alzarla de nuevo. Trataba de seguir el ritmo de todos sus compañeros, y su misma respiración reflejaba la cadencia de paleo. Uno, dos, uno, dos...

Se escuchaban las voces de la gente a ambos lados del canal, aplaudiendo, gritando, dando ánimos a los hombres para que ganasen el favor de la Tyrell y, lo más importante, su saco de monedas. Nadie podía negar que el calor del pueblo de Antigua no llegase a los regatistas, pero éstos seguían afanados a hacer que sus palas se hundiesen en el agua y luego apareciesen de ella como delfines que se alzasen sobre el agua.

Ambas embarcaciones dejaron atrás el primer puente de salida, teniendo que pasar por otros tres hasta llegar al último, el cual indicaría el ganador e la prueba. Sobre cada arco del puente se encontraban dos hombres con banderas azules, las cuales debían alzar cuando el pico de la embarcación llegase, y así el público podría dilucidar quien era el ganador si ambos llegaban muy cercanos. Pero por esa carrera no fue necesario ni observar las banderas para saber quien sería el ganador.

La embarcación del Baratheon consiguió sobrepasar en un par de remeros a la contraria. Orson notó como el cielo se oscurecía al pasar por debajo del puente y no pudo más que alzar los remos y aguantarlos mientras se dejaba caer un poco hacia atrás por el cansancio repentino. Los brazos le dolían, y el pecho, pero poco tiempo tardó en olvidarse de ello cuando notó una mano en el hombro que apretaba con fuerza mientras le felicitaba, algo que hicieron casi todos con el Baratheon. Escuchó un chapoteo, volteó la vista y vio al primero de los hombres en el agua. No pudo ni ponerse en guardia antes de que uno de los hombres le empujase al río. No iba a negar que aquel frescor le reconfortó y que pareció pasárselo bien en aquella compañía.

Tardó unos minutos en salir del río y en tomar una de las toallas y una camisa que le ofrecieron las mujeres de los hombres con los que había formado equipo. Lo agradeció y cambió al menos su parte superior por aquella camisa burda, de algodón y un tanto ancha. Se encaminó hacia donde sabía que se encontraba su hermana, y por tanto la Tyrell. Los hombres le siguieron, dándole la delantera para hablar con tal dama en su nombre. Uno de los guardias le tendió la bolsita, pero Orson frunció el ceño antes de tratar de seguir su camino, acompañado, hasta Lady Tyrell.

Aunque dudaron, finalmente los guardias dejaron paso a él y sus cuatro compañeros, los cuales hincaron la rodilla al ver a Lady Tyrell. Orson asintió ante ella y dirigió su mirada a Jenna, sonriente, y alzó su pulgar cuando observó a Stefan llamando su atención.- Mi señora...Orson Baratheon. Y estos son Erick, Will, Green y Donald, mis compañeros.- Los fue señalando uno a uno.- Es un honor que hayáis observado nuestra regata, Lady Tyrell.

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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Rose Tyrell el Miér Ago 22, 2012 6:04 pm

A su alrededor había un cúmulo de cosas que no dudó en prestar atención, desde los sonidos más lejanos hasta los rumores sobre los competidores llegaban a oídos de la rosa que ávidamente recopilaba toda la información que podía y la guardaba para poder discutirla luego con sus damas que seguramente tendrían mucho que decir de aquel encuentro que por buen camino les había llevado. Se percató del jaleo de algunas personas en la muchedumbre fuera del círculo que se había cerrado para proteger tanto a los Baratheon como a la Tyrell e hizo que algunos de sus guardias acallaran el problema, ordenándoles que ningún golpe iba a ser aceptado. Si algo odiaba la rosa era justamente el uso de la fuerza contra el pueblo, por lo tanto nunca lo usaba, ni siquiera cuando ella misma estaba dentro de aquel lugar.

Mientras aquello tomaba lugar, Rose se giró hacia la dama que se había presentado, sonriendo al fin por el hecho de saber sus nombres, no era algo propio de ella simplemente llamar “niño” y “dama” a alguien, no iba consigo misma.-Es un placer conocerles, lady Jenna, me llena de gusto ver que no soy la única que decide pasear fuera de la cúpula noble.- comentó realmente amable, sin intenciones de parecer la típica dama que hace todo por conveniencia y obligación, pues aquello de verdad era algo que la rosa disfrutaba más incluso que tener que lidiar con asuntos políticos donde posiblemente ni siquiera tuviese voz ni voto. –Supongo que ya habrán escuchado mi nombre entre la gente, pero nunca está demás presentarse formalmente, soy Rose Tyrell.- soltó con una ligera reverencia perfectamente ejecutada, sin lugar a dudas era la dama que cualquiera podría aspirar a ser.

Luego de algunas palabras con Jenna Baratheon y su pequeño hijo, se dio cuenta de que su guardia luego de una mirada claramente inconforme, se hizo a un lado, dejando ver a los competidores que habían ganado. Cuando éstos hincaron la rodilla, la rosa realizó otra reverencia, suave, sutil incluso, pues para ella era un honor conocer a quién tan arduamente había trabajado. –Encantada de conocerles, señores, han hecho una labor espléndida hoy. Nunca había visto una carrera tan cerrada y al mismo tiempo, claramente definida. He de felicitarles en nombre de mi padre, y por supuesto, el mío, que los Siete los llenen de bendiciones, y si en algo puedo ayudar, no deben dudar en acudir a mí.- pronunció con amabilidad, entrelazando sus manos frente a ella, satisfecha de lo que había hecho pues nadie nunca quería hablar con simples marineros o ciudadanos, cuando éstos eran los más agradecidos. Cuando éstos hicieron su retirada, el único que quedó fue el Baratheon que se reunía de nuevo con su familia, cualquiera pensaría que la rosa se sentía un tanto sola rodeada de venados, pero eso no parecía molestarle en lo absoluto. –Ha sido un gran día, ¿No?, Ser Orson.- preguntó sonriente, utilizando solo un segundo para acomodarse el cabello hacia un lado que el viento comenzaba a causar estragos en el, concentrándose luego en aquella reunión informal de nuevo.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 25, 2012 12:51 am

Rose Tyrell hizo alarde de toda su cortesía y saber estar cuando se presentó ante la dama Baratheon, volviéndose hacia ambos cuando Jenna hizo las presentaciones y esgrimiendo una agradable sonrisa. Jenna agradeció no ver la lástima en sus ojos, aunque quizá la chica Tyrell no recordaba en aquel momento c uál era la historia tras la dama que tenía delante. – Es difícil mantener a Stefan quieto en un mismo sitio – comentó mientras posaba una mano sobre la cabeza del inquieto niño, a modo de explicación en cuanto al por qué se encontraban allí mismo en vez de con la mayoría de nobles. Jenna decidió callar la observación de que por ella, quizá ni siquiera habría acudido a Antigua de no ser por la insistencia de Orson. Asintió con la cabeza cuando la chica se presentó, admirando la reverencia con que la saludó y reconociendo en aquella joven a ella misma años atrás, antes de casarse. - Es un placer, lady Tyrell. La fiesta está resultando magnífica -.Cuando Orson llegó junto a ellas, presentó a los hombres junto a los que había remado y que le habían ayudado a alcanzar la victoria y que posteriormente se alejaron, dejando solos a los venados y a la rosa. Stefan, en su admiración hacia su tío, avanzó hacia él aferrándose a una de sus piernas y mirándole con ojos brillantes, respetando su conversación con la Tyrell tal como le habían enseñado pero deseando que Orson le dedicase alguna palabra.

Jenna permaneció silenciosa junto a Rose y a Orson, observando a éste último cubierto con aquella camisa de lino que le habían entregado al salir del agua totalmente empapado. En su elevado instinto maternal, pensó en la posibilidad de que su hermano cogiese frío pero sonrió para sí misma; Orson no necesitaba a nadie que cuidase de él. Alargó la mano para tomar a Stefan del brazo y tirar suavemente de él, permitiendo que Orson pudiese moverse con libertad sin tener al niño agarrado a su pierna. Cuando el pequeño quiso protestar, Jenna se llevó el dedo índice a los labios indicándole que debía quedarse callado.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Orson Baratheon. el Sáb Ago 25, 2012 5:18 am

- Ha sido un buen día, si.- Asintió antes de entregar la bolsita con el dinero a los hombres, los cuales se dispusieron a partir, pero antes de eso uno de ellos, al que había presentado como Green, le habló sobre una escapada a una sidrería a celebrar el triunfo. Lo hizo rápido, para no entorpecer la charla con las mujeres de la nobleza, pero Orson dejó grabado el nombre por si acaso podía deslizarse más tarde, El Tonelete.

- ¡Eh!- Apostó una mano sobre la espalda de Stefan cuando éste se acercó a él y revolvió su pelo.- ¿Has visto la carrera, verdad? Te he escuchado darme ánimos.- Le sonrió antes de dirigir su vista a Jenna, sonriente. Aquello era lo que llenaba al Baratheon de vida, y no las reuniones en la corte ni las fiestas o bailes de las gentes de Antigua. Quizás podía decirse que Orson era un noble extraño, pero lo cierto era que su propia familia ya lo consideraba tal.

- Me resulta extraño encontraros aquí, mi señora. ¿Acaso viene acompañada de alguien más? ¿Su padre? Hace pocos días lo conocí, un buen hombre, sin duda.- Recordaba el día en el que se dirigió junto a Garlan Tyrell al Pichón y como bebieron sidra hasta un poco más de lo prudencial.- ¿Conocéis ya a mi hermana Jenna y a mi sobrino Stefan?- Volvió su rostro a su hermana.- ¿Qué te ha parecido la carrera?

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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Rose Tyrell el Sáb Ago 25, 2012 11:27 am

Sin anunciarse ni nada, un recuerdo llegó entre los pensamientos de la Tyrell, si antes no se había percatado con quién hablaba, ahora su memoria parecía hacerle recordar la historia detrás de los ojos significativamente tristes de Jenna Baratheon, pero ni siquiera eso le hizo mostrar una actitud de lástima, entendía perfectamente lo que se sentía que te vieran así, como si tu no pudieses entender, asi que continuó siendo ella misma, la persona que no se dejaba decaer por nada y mucho menos mostraba algo fuera de lo que se necesitaba, su sonrisa era amable, simpática incluso pues Rose se especializaba en ser una buena persona más allá de los canones de la nobleza. -Entiendo lo que es, quizá a Stefan le gustaría visitar alguna de las plazas, ahí siempre hay algo que hacer, y dulces que comer, por supuesto.- expresó con soltura, recordando sus propios paseos en Antigua cuando no podía quedarse quieta, siempre queriendo conocer algo más. -Si, ¿verdad?, Antigua se viste de colores de nuevo, vine hace unos meses y todo era gris, el Invierno causa estragos en los ánimos aquí.- comentó encogiendose de hombros, era una observación que solo a si misma se había hecho pero ahora había estado dispuesta a compartirla con la Baratheon que parecía necesitar distracciones.

Una sonrisa volvió a sus labios ante la respuesta del caballero que hacía unos instantes se había acercado, la verdad era que cada uno de sus gestos parecía dar la razón a sus palabras. -Me alegro de que así fuese, a veces es bueno salir de la rutina.- soltó viendo con algo de añoranza la manera en que trataba a su sobrino, quizá era simplemente que dentro de su ambiente nunca hubo tal cercanía, por supuesto que era consentida y todo lo demás, pero la manera en que le trataba, bueno, había cosas que no valía la pena remover, solamente había que caminar hacia el futuro. -Me temo que vengo sola, mi padre tiene asuntos que atender y yo sinceramente no soy de las que planea estar todo el día rodeada de nobles, la gente del pueblo es más cálida y bueno, me gustan las sorpresas que pueden traer tardes así. - contestó con sinceridad y sencillez, una cosa que pocas veces se veía entre los más afortunados. -Los he conocido hace un momento, es muy agradable estar en su compañía.- expresó con gusto, escuchando luego la pregunta que le hacía a la dama a su lado, esperando su respuesta mientras la gente comenzaba a dispersarse poco a poco.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 01, 2012 12:57 am

Stefan se había soltado del agarre de su madre y continuaba dando saltitos alrededor de su tío, dedicándole miradas de admiración y palmeándole las piernas para llamar su atención hasta que finalmente logró que Orson le dedicara algunas palabras. Jenna suspiró resignada; al menos sabía que Orson disponía del humor suficiente como para tolerar la inquietud del pequeño, otro noble ya se habría mostrado irritado ante la actitud del niño. Correspondió a la sonrisa de su hermano cuando le preguntó su opinión acerca de la carrera que acababa de presenciar y respondió: - Muy emocionante pero avísame cuando vayas a hacer algo así, hermano, casi me salta el corazón del pecho cuando te he visto correr hacia las canoas -. La chica Tyrell les confirmó que había acudido sola a aquel evento, mostrándose realmente tranquila ante tal circunstancia a pesar de su juventud, como si no temiera ser la única representante de su casa en una reunión en la que había nobles de todo Poniente.

No son muchas las gentes de casa alta que opinan como vos – se atrevió a comentar Jenna, sabiendo que ella misma prefería permanecer en sus aposentos de Bastión de Tormentas antes que salir a pasear entre la plebe, aunque en su caso no era por desprecio a los de clase baja sino simplemente por su poca apetencia de salir – pero me consuela ver que al menos habéis tenido la precaución de rodearos de guardias – agregó dirigiendo una mirada a los soldados que las habían escoltado durante la carrera – Nunca se sabe cuándo puede haber elementos subversivos entre la gente y una joven como vos seríais una víctima fácil. Pero mejor no hablemos de cosas así – se apresuró a añadir, pues no quería invadir la alegría de aquel evento con su pesimismo habitual – Todo está saliendo a la perfección, o eso creo.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Orson Baratheon. el Sáb Sep 01, 2012 7:22 pm

- Vuestro padre es un hombre agradable Lady Tyrell.- Aseguró observando a la muchacha.- Hace poco estuve junto a él y charlamos un poco.- No creía necesario decir que había estado compartiendo sidra junto a él. De esa forma cubría a Lord Tyrell y a él mismo, pues ambos habían dirigido su camino desde el espectáculo al que debían ir hasta un lugar mucho más agradable para el Baratheon.

- Antes de irnos de la ciudad debería poder tener algún momento con él para despedirme. Si acaso no pudiese, por favor, Lady Tyrell, hacedle saber que al menos tal era mi intención.- Tomó aire y lo abandonó con fuerza por su boca antes de dirigir la mirada a Stefan y después a su madre.- Bueno, si llego unos segundos tarde no hubiese tenido sitio, hermana.- Respondió a aquella pequeña pulla y asintió después a las palabras de su hermana sobre la protección de la muchacha.

- ¿Conocéis algún lugar donde comer, Lady Tyrell?- Trató así de alejar ese tema espinoso con rapidez.- La verdad es que tengo hambre y esas regatas han hecho que quiera comerme a cualquier cosa...- Observó a Stefan antes de proseguir.- ...¡hasta niños!- Y antes de que pudiese escaparse lo tomó con sus brazos y lo alzó a sus hombros antes de actuar como si hiciese lo que había predecido, aunque después lo que hizo fue tomar al pequeño y colocarlo sobre sus hombros como con el guardia anteriormente.

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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Rose Tyrell el Sáb Sep 01, 2012 9:49 pm

La respuesta de la dama que tenía cerca le hizo esbozar una sonrisa, pues era cierto, la rosa no era como cualquier otra noble, y eso en cierta manera le gustaba, siempre marcaba las diferencias e intentaba ser amiga del pueblo, no la figura de autoridad aunque de cierta forma eso aún se mantuviese al oír su apellido. Había cosas que un nombre podía comprar y otras, que una sonrisa y la amistad podían hacer, era un balance, Rose siempre lo había pensado así. -Supongo que soy algo especial en ese tema.- le contestó a la Baratheon con sencillez, encogiéndose de hombros. -¿Los guardias? Son ideas de mi padre, si por mi fuese, solo andaría con dos, pero él insiste en que se me acompañe a todos lados, al menos en este tipo de festividades donde la gente no es siempre de esta ciudad.- explicó soltando un suspiro, dando a entender con claridad que ella preferiría algo más de libertad, mezclarse entre la gente, vivir lo que cualquier otra joven en un día normal podría vivir, pero a través de las palabras de Jenna podía entender las preocupaciones de su padre, y era por eso que no se quejaba nunca por la seguridad extra que le proporcionaba.

-¿Le parece, Ser? es amable de usted decirlo, y por supuesto que le haré llegar su despedida si es que no se lo topa antes, lo cual dudo, mi padre siempre encuentra el tiempo para sus amigos y familia.- contestó Rose con una amplia confianza en lo que decía, pues no era más que la verdad, una verdad que no necesitaba hacer mucho para comprobarla. Eso era algo que admiraba de su señor padre, la facilidad que tenía para acomodar sus tareas a su vida y no viceversa. En eso estaba pensando la rosa unos instantes mientras el caballero intercambiaba algunas palabras con su hermana, cuando volvió a dirigirse a ella, pronto colocó su atención en sus palabras. - Pues conozco una posada cerca de aquí, la cocinera es una amiga mía, es una mujer mayor pero con un gran don para la cocina, aunque lastimosamente, no cocine niños.- contestó siguiendo el juego mientras evocaba mentalmente el camino que tendrían que seguir. -Está a dos calles a la izquierda y una a la derecha.- apuntó para que pudiesen ver el camino, mordiendose los labios ante lo que su mente pensaba. -He estado toda la tarde fuera, ¿es algún problema si les acompaño en la comida?- preguntó con sencillez, dispuesta a escuchar cualquier tipo de respuesta.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 04, 2012 2:01 pm

Stefan volvió a llenar el aire con gritos de sorpresa y alegría ante la amenaza que le dedicó su tío acerca de comérselo. Jenna rió cuando el pequeño trató de escapar antes de ser atrapado por Orson para jugar hábilmente con él antes de acomodarlo sobre sus hombros. Los dedos del niño se enredaron en los cabellos de su tío mientras aprovechaba su altura para mirar todo lo que les rodeaba y saludar con la mano a todos aquellos que le miraban. Jenna se sintió satisfecha al comprobar que, a pesar de no tener a su padre a su lado, Stefan se sentía querido y protegido y lejos del pesar que abordaba a su madre con tanta frecuencia. La dama volvió su mirada a la hermosa Tyrell, que se mostraba segura de sí misma pero al mismo tiempo complaciente con los deseos de su padre, con un equilibrio perfecto entre la languidez de las mujeres conformistas y la extrema rebeldía de algunas damas que desconocían cuál era su papel, según opinión de Jenna. Sonrió complacida cuando la joven les recomendó una taberna en la que satisfacer los deseos de Orson y al parecer también los de Stefan, quien se relamió teatralmente mientras se frotaba la barriga con una mano.

- Me seguís sorprendido, lady Tyrell – respondió con agrado – Entre vuestras amistades contáis con la cocinera de una taberna, desde luego el Dominio puede sentirse afortunado de teneros entre sus protectores -. La abierta y natural actitud de la muchacha hizo que Jenna se sintiese mal por unos momentos; a ella ni siquiera se le había ocurrido dirigir a las cocineras de Bastión de Tormentas algo que fuese más allá de saludos educados y alguna que otra indicación sobre las comidas de Stefan. – Sería un honor que nos acompañaseis y estoy segura de que mi hermana opina lo mismo – exclamó dirigiendo una mirada de soslayo a Orson acompañada de una sonrisa de agrado; sabía que le gustaría verla socializar por primera vez en mucho tiempo y algo le decía también que no le disgustaba en absoluto la joven Tyrell… aunque habían pasado muchos años de su época de chismorreos con otras damas de su edad en los rincones de Bastión y de los flirteos con jóvenes caballeros y podía estar equivocada. - A Stefan le gustan mucho las verduras salteadas, seguro que vuestra amiga podrá prepararle un buen plato, ¿no es así? – Jenna levantó la mano para apretar la pierna del niño, que protestó ante tal sugerencia y corrigió a su madre enérgicamente, argumentando su preferencia por las aves de caza rellenas de frutos secos por encima de las verduras. Mientras echaban a andar siguiendo las indicaciones de Rose Tyrell, Jenna comentó: - ¿Me incluiréis en esa despedida hacia vuestro padre, mi señora? No tengo el placer de conocerle pero estoy más que segura de que merece unas palabras por mi parte… - Jenna se preguntaba en qué momento su hermano se había encontrado con Lord Tyrell, pues no recordaba haberles visto juntos.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Orson Baratheon. el Jue Sep 06, 2012 10:47 am

El Sol quedaba alto en Antigua, regando con su luz todo el lugar, haciendo que un tímido comienzo de bochorno se notase entre las gentes sobretodo en aquellos lugares, como las plazas o grandes avenidas, donde existía una conglomeración de personas buscando comprar, vender o simplemente chismorrear o pasear.

La pequeña comitiva se hacía paso gracias a los soldados de la Tyrell, pero aún así Orson apretó con fuerza las piernas de Stefan hacia si, aferrándolo con mayor seguridad a si mismo por si ocurría alguna marcha de la gente o alguien se atrevía a entrar en el estrecho diámetro del círculo. Mientras caminaban el hombre estuvo atento a las palabras que las mujeres intercambiaban. Ver a Jenna en aquella situación le hizo sonreír a la vez que su sobrino colocaba ambas manos en la barbilla de su tío para asegurarse.

- Si, Lady Tyrell, estaríamos encantados de que nos acompañaseis.- Dirigió la vista a su hermana, la cual le observaba con una sonrisa que no sabía descubrir a que venía, pero que le hizo arrugar el ceño.- Demasiadas verduras hemos comido hoy...Quizás un pato, relleno, con algunas verduras al lado para que tu madre no nos reproche, ¿verdad?- Dio una palmadita en la pierna de su sobrino.

Siguieron caminando hasta el lugar dicho por la Rosa. Entraron en él, ya con Steffan caminando a su lado. Él fue el último en sentar, después de las mujeres, y también el que se atrevió a pedir un poco de sidra y agua, y también un poco de pan y mantequilla. Del resto no tenía ni idea.

- Adelante, Lady Tyrell...vos conocéis este lugar, dejadnos sorprendidos por su comida.- Sonriente, tranquilo y relajado como pocas veces en una celebración de tal calibre, el Orson vestido con aquellas ropas humildes, cedió el turno a su anfitriona.

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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Rose Tyrell el Vie Sep 07, 2012 5:43 pm

Con agrado la rosa siguió observando los movimientos del pequeño Stefan, una sonrisa se posaba en sus labios al verle tan animado, eso era algo que siempre le había gustado, la alegría que los niños despedían, su inocencia ante cualquier cosa y la manera en que al estar un tanto más arriba que todos, parecían querer ver todo a su alrededor, comerse al mundo si les fuese posible, era algo interesante de ver pero pronto su atención volvió a ser de la dama que hablaba con una voz dulce aunque había un tinte impreso en su voz al cuál Rose no quiso ponerle nombre. -Yo solo espero que los ciudadanos del Dominio piensen igual, lady Baratheon, no quiero ser como cualquier otra persona que pasa por las calles sin mirar los rostros de la gente que de algún modo contribuye a su vida.- comentó con una sonrisa afable, sincera pues la rosa no tenía razón alguna para mentir y dudaba algún día tener que hacerlo.

-Entonces, adelante que el camino no es tan largo.- terminó por decir con una sonrisa mientras con una señal hacía que su comitiva avanzase y les diera el paso libre para poder entrar por las calles que desembocarían más tarde en la puerta de una humilde taberna pero bastante acogedora, un pequeño cambio para bien entre los comedores elegantes que ostentaba Antigua.. En ese transcurso escuchó el comentario sobre los platos que su amiga podría servir. -Seguramente la idea del caballero le agradará más a vuestro hijo, mi señora, pero no habrá problema, podrán escoger cualquier cosa, se los aseguro.- soltó con una sonrisa, adelantándose en el lugar para tomar su mesa preferida a un lado de una ventana que tenía vista hacia un bonito jardín. Se unió a la petición de algo de sidra y esperó a que los demás buscaran algo que tomar mientras tanto.

La amabilidad con la que les atendió aquella mujer mayor le llevó una sonrisa nueva a los labios, siempre podría contar con ella, era como su propia abuela.-Entonces pediré mi plato favorito si es que no les molesta...Hoy comeremos algo digno de reyes en mi lugar favorito sobre toda Poniente aparte de la cocina de Altojardín. ¿Podrías traernos algunos cortes de carne al vino tinto del Rejo? Con algunas verduras salteadas con mantequilla y pimienta, en fin, como siempre.- pidió esperando que su elección fuese perfecta, no le gustaría tener que ofrecer algo que les disgustara. Cuando su amiga se retiró, su atención volvió a la mesa en la que estaban. -¿Sabeis? Este lugar lo conocí gracias a un niño como Stefan, fue una casualidad totalmente.- comentó sencillamente, era algo que le apetecía compartir en aquel momento donde comenzaba a tomar cierta confianza.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 11, 2012 2:52 pm

Comenzaron a caminar ante una señal de Lady Tyrell a sus guardias, quienes se encargaron con suma eficiencia de abrir paso entre el gentío que se acumulaba en las calles debido a los festejos y celebraciones que se llevaban a cabo a causa de la fiesta del equinoccio. Stefan, subido en los hombros de su tío, señalaba a todas partes con energía, gritando y soltando exclamaciones a diestro y siniestro mientras Jenna trataba de disfrutar del paseo hasta la taberna. No le sorprendió encontrarse frente a un local pequeño pero de ambiente familiar en el que al principio se sentí algo incómoda pues no era como los lugares a los que estaba acostumbrada. Los demás, sin embargo, parecían moverse como pez en el agua mientras buscaban y ocupaban una mesa; incluso Stefan actuaba como si estuviese en su propia casa. Jenna tomó asiento en un banco corrido de madera que había en una esquina de aquella taberna, seguida por Rose y el pequeño Stefan, siendo el caballeroso Orson el último en tomar asiento aunque el primer en pedir bebida y comida. Stefan alargó enseguida la mano hacia el pan con mantequilla y su madre le riñó con un chistido y una significativa mirada.

Tras hacer el consecuente pedido de comida, la chica Tyrell se dirigió a sus invitados con voz gentil y una expresión agradable en el rostro, dando pie al inicio de una historia que parecía tener por protagonista a un niño como Stefan. El pequeño, dándose rápidamente por aludido, volvió sus ojos –los ojos del fallecido Ser Buckler- hacia la joven, ansioso por escuchar lo que tuviese que contar. – A Stefan le encantan las historias, ya las protagonicen niños o dragones – exclamó Jenna mientras acercaba al pequeño un vaso de agua, pues finalmente se había salido con la suya y sostenía entre sus dedos un trozo de pan con mantequilla – Es por lo único que le gusta la compañía del Maestre de Bastión de Tormentas – agregó mientras con un servilleta limpiaba las mejillas de Stefan. En ese instante, la señora que les había tomado nota apareció portando una enorme bandeja sobre la que sostenía todo lo que habían pedido. Jenna se sorprendió de la fuerza que contenía alguien de su edad, pero supuso que así era en las clases más desfavorecidas. No les quedaba otro remedio que sobrevivir como pudieran.

- Hacía tiempo que no comía carne de ternera en vino – comentó una vez estuvieron de nuevo a solas mientras troceaba los filetes de Stefan y añadía algunas verduras más a su plato, ignorando las protestas del niño – No me doy muchos caprichos últimamente – añadió casi como para sí misma mientras tomaba un pedazo de pan, manteniendo la mirada fija en éste hasta que tras un parpadeo, se giró para mirar a Orson – En Bastión comemos sobretodo carne de caza, mis hermanos son grandes aficionados -. Y su difunto marido también lo era, pero calló aquel dato para no empañar la alegría de Stefan con la mención de un padre al que apenas recordaba y también para procurar no decaer ella misma. Cuando levantó de nuevo los ojos, dedicó una sonrisa a Lady Tyrell, ocultando con maestría el esporádico pesar que la había invadido.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Orson Baratheon. el Vie Sep 14, 2012 9:18 am

- Y sin embargo deberías darte más de uno, hermana.- Sonriente, con su sobrino al lado, comenzó a comer algún trozo de carne, acompañado de pan. Solía tener un apetito más que aceptable, pero después de las carreras éste había aumentado en voracidad, así que, a su debido tiempo, comenzó a devorar el plato, aunque sin parecer rudo o ansioso.

- En verdad debería contar alguna historia del Sur. Me la contó un hombre anciano, que tenía la misma posición que nuestros septones, pero allí algunos rezan a La Madre, pero que aunque se llame igual es distinta a la nuestra. Y decía así.

"Cierto mercader envió a su hijo a aprender el Secreto de la Felicidad con el más sabio de todos los hombres. El muchacho anduvo durante cuarenta días por el desierto de Dorne, hasta llegar a un bello castillo, en lo alto de una montaña. Allí vivía el sabio que el muchacho buscaba.

No obstante, en lugar de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala en la que se deparó con una enorme actividad: mercaderes que entraban y salían, personas conversando por los rincones, una pequeña orquesta tocando suaves melodías, y una mesa muy bien servida con los más deliciosos platos de aquella región del continente.

El Sabio conversaba con todos, y el muchacho tuvo que esperar durante dos horas hasta que pudo ser atendido. Con mucha paciencia, el Sabio escuchó atentamente el motivo de la visita del chico, pero le dijo que en ese momento no tenía tiempo para explicarle el Secreto de la Felicidad.

Le sugirió que diese un paseo por su palacio, y regresase al cabo de dos horas.

-De todas maneras, voy a pedirte un favor –añadió, entregándole al muchacho una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite-. Mientras estés caminando, lleva contigo esta cuchara sin derramar el aceite.

El joven empezó a subir y a bajar las escalinatas del palacio sin apartar la mirada de las gotitas de aceite. Dos horas más tarde, regresó ante la presencia del Sabio.

-Entonces – preguntó el sabio- ¿ya has visto los tapices de Lys que están en mi comedor, y el jardín que al Maestro de los Jardineros le llevó diez años concluir? ¿Y te has fijado en los hermosos pergaminos de mi biblioteca?

El muchacho, avergonzado, confesó que no había visto nada de eso. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.

-En ese caso vuelve y conoce las maravillas de mi mundo –dijo el Sabio-. No puedes confiar en alguien hasta que no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven muchacho tomó una vez más la cucharilla y volvió a pasear por el palacio, pero esta vez fijándose en todas las obras de arte que colgaban del techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas de alrededor, la delicadeza de las flores, el refinamiento con que cada obra de arte había sido colocada en su lugar. Por fin, una vez más ante la presencia del Sabio, le contó pormenorizadamente todo lo que había visto.

-Pero, ¿dónde están las dos gotas de aceite que te confié? - preguntó el Sabio.

Mirando a la cuchara, el joven se dio cuenta de que las había derramado.

-Pues este es el único consejo que puedo darte – dijo el más Sabio de los Sabios-. El secreto de la felicidad está en saber mirar todas las maravillas del mundo, sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite de la cucharilla."

Orson había gesticulado en el momento con una misma cuchara, llevándola con cuidado cuando así lo dijo, y más distendido cuando era el momento, tratando de ayudarse de sus gestos para conseguir explicar la historia y hacerla más atractiva a su sobrino. Y cuando terminó quedó en silencio por unos segundos, recordando el Sur. Había llegado a amar aquel lugar. Tomó aire y lo echó en un suspiro.- Buen consejo, muy buen consejo...

*Paulo Coelho, El Alquimista.

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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Rose Tyrell el Vie Sep 14, 2012 4:17 pm

Cuando la comida llegó a sus mesas, la rosa no pudo evitar que se le hiciese agua la boca, aquello de verdad le gustaba así que no tardó demasiado en comenzar a comer, sin perder en ningún momento la delicadeza que le caracterizaba, comía con propiedad e incluso dejaba de hacerlo cuando alguien le dirigía la palabra o algo le interesaba, así era ella y seguramente siempre lo sería. -Es mi platillo favorito en éste lugar, nunca he encontrado a nadie que le de ese toque especial.- confió con una media sonrisa, viendo de reojo a la anciana que le veía con cariño. -¿Aficionados a la caza? En eso se llevarían bien con mi padre, a mi me gustan las historias que traen a su vuelta pues las armas nunca han encontrado su lugar entre mis manos.- comentó antes de probar otro bocado y tomar un poco más de aquella sidra que les habían llevado.

Escuchó la mención de la dama sobre el tipo de historias que le gustaban a su hijo e intento rememorar todas las que conocía que la verdad era que no eran pocas, la propia rosa era una fan de aquel estilo aparte de las típicas novelas románticas de caballeros y damiselas. Iba a decir algo sobre aquello, quizá contar una historia pero la voz del ciervo le hizo callar, si él prefería tomar la palabra no podía negarlo e incluso le parecía algo interesante. Si bien no era partidaria de adorar las tierras de los dornienses, tampoco las despreciaba como muchos en el Dominio parecían hacer, aún así, la devoción con la que hablaba de aquel lugar hizo que la rosa bajase la mirada, era algo que no podía controlar, algo inscrito en su sangre que le hacía no ver con tan buenos ojos aquella historia por mucho que quisiese.

Cuando terminó aquella historia, también lo hizo la copa de sidra en su mano, se sirvió un poco más, escuchando el último comentario del caballero. -Por supuesto que lo es, siempre se pueden hacer dos cosas a la vez, he de suponer que los guerreros más que nadie lo saben.- apuntó con una media sonrisa, apuntando ante su última frase a Stefan, a quien le brillaban los ojos al ver a su tío, la rosa podía ver en el pequeño los ánimos de ser como él, a todas luces el Baratheon era el modelo a seguir del pequeño. Si bien aquella historia no era de batallas, dejaba una moraleja un tanto más profunda, quizá no le agradase demasiado al niño, pero Rose bajó la mirada algo pensativa mientras jugaba con el tenedor con una de las últimas piezas de verdura en su plato. ¿Cuáles eran sus dos gotas de aceite? Una era la familia y los amigos... pero ¿La otra?. ¿Había algo en su vida que mereciera ser el centro?.
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Mensaje por Invitado el Dom Sep 16, 2012 8:53 am

Jenna permaneció en silencio mientras Orson contaba con voz pausada aquella historia que al parecer había aprendido en Dorne. Por unos instantes, desvió su mirada hacia la joven Tyrell, quien se había ofrecido a contar un cuento a Stefan antes de que su hermano se le adelantara; la joven no parecía molesta pero Jenna opinaba que su hermano no había sido nada galante con aquel impulso suyo. No le pasó desapercibido tampoco el gesto de Rose, desviando su mirada ante la mención del reino de Dorne; podía comprenderla, pues a ella tampoco le agradaban demasiado esas tierras. Por un instante estuvo a punto de impedir aquel relato por si contenía algo inapropiado para los oídos de Stefan pero decidió confiar en su hermano y en ese sentido no se arrepintió. Stefan consumió las verduras y la carne sin apartar apenas la mirada de su tío, atendiendo después a Lady Tyrell cuando ésta se dirigió hacia él. Entonces Jenna reparó en que el pequeño hacía una mueca de disgusto. - ¿Qué ocurre, Stefan?

El niño negó con la cabeza enfáticamente; el haberse criado rodeado de caballeros y soldados había creado en él un fuerte sentimiento de orgullo varonil que le impedía reconocer los dolores o las incomodidades que pudiese sentir. Sin embargo, al determinar la velocidad con la que había comido y la cantidad de agua que había ingerido imaginó que el pequeño se había indigestado. – Stefan y yo nos vamos – dijo Jenna poniéndose en pie y mirando autoritariamente al niño – Ha comido demasiado rápido y tiene dolor de barriga, he de darle una infusión de hierbas para que se sienta mejor a la hora de la cena. Lady Tyrell, habéis sido muy amable y ha sido un placer compartir este rato con vos. Hermano, a ti seguramente te veré en breve -. Extendió una mano hasta aferrar la muñeca del pequeño, quien emitió un quejido cuando se puso en pie, así que haciendo acopio de fuerza, Jenna le levantó en brazos y se dirigió al exterior para llegar cuanto antes al castillo y poner aplicar a su hijo algún remedio herbal. Por suerte, había traído consigo algunas muestras y si no, hablaría con el Maestre.
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Privado Re: Carreras ilícitas [Orson, Jenna]

Mensaje por Orson Baratheon. el Mar Sep 18, 2012 8:23 am

Sonriendo se llevó un trozo más de carne a la boca para comer. Fue entonces cuando Jenna se alzó y, pidiendo la venía necesaria, se levantó junto con su sobrino para salir de aquel lugar, dispuesta a dirigirse hacia la Fortaleza de Faro. De esa forma dejó en soledad a Orson junto a la joven Rosa de los Tyrell.

- Es demasiado pequeño aún. A veces no se puede controlar. Todos debemos aprender de esa forma.- Observó la comida, la cual había ido desapareciendo con respecto todos comían, y después alzó su mirada hacia Rose.- Os agradezco mucho vuestra compañía, Lady Tyrell, de verdad, pero creo que sería necesario dirigir mi camino con mi hermana y mi sobrino. Nadie nos acompañaba, y después de todo lo ocurrido en Antigua no me siento muy tranquilo dejándoles ir solos.

Se alzó e inclinó su rostro ante ella.- Habéis sido muy amable. Sin duda un gran gesto de amistad. Y de igual manera seréis tratada si es que acaso contamos con vuestra presencia en las Tormentas. Ahora os he de decir adiós, mi señora.- Y con aquellas palabras dirigió su camino en busca de su hermana y su sobrino.

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