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Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

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Privado Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Medea Vance el Sáb Jul 13, 2013 2:09 am

El suave  balanceo del  barco la despertó,  ignoraba cuanto tiempo llevaba en ese camarote, un  tembloroso  rayo de sol entraba por la ventana,  más amplia que la del camarote del viejo Harlaw.

Estaba encogida sobre si misma como un  niño, volvió a  cerrar los ojos,  su  boca estaba reseca, con ese sabor amargo a medicina, estiró inconsciente las piernas, el  dolor fue insoportable, un grito sin sonido se  ahogo en su  garganta, sintió como si la atravesase un cuchillo ardiente, aunque para ser sinceros, no tenía ni idea que sentiría. Lágrimas de impotencia acudieron a sus ojos.

¿Dónde estaba?, ¿a dónde la llevaban?, no podía pensar, el sabor  del…, era  láudano, se daba para mitigar el dolor,  para bajar la fiebre, tenía ese sabor amargo,  no recordaba cuando se lo habían suministrado,  el que  lo hubiera hecho la había cuidado. Sus recuerdos eran inconexos.

… Cayó al agua, el tiburón,  el mordisco… la mandíbula,  deslizó la mano, estaba vestida, las sabanas estaban limpias, por un momento se sonrojo, alguien la  había despojado se sus ropas ensangrentadas. La pierna la dolía levemente, debía estar adormecida por el efecto de las drogas. El terror la atenazó el pecho, no se atrevía a deslizar la mano  por debajo de su cadera… ¿habría perdido la pierna? Se intentó incorporar, de nuevo el  dolor en la pierna.

Logró  sentarse, utilizado la pierna que no le dolía, aunque para ser sincera todo era  dolor. Deslizó la mano. Dolor, miedo, llegó a la  rodilla, la fina  túnica que la cubría la llegaba por debajo de la misma, no era una  túnica, sino la  camisa de un hombre, la parte inferior de su... ¡Tenía su pierna!, entonces las lágrimas  brotaron de sus ojos como un caudal. Estaba vendada, estaba húmeda, miró la mano, no era  sangre, era alguna especie de cataplasma, llevando los dedos a su nariz, identificó árnica, o menta, o hierbabuena, no tenía ni idea, pero sí que era algo para cicatrizar.

La luz iluminaba la estancia,  ordenada, llena de libros, en una mesa central  se desplegaba  lo que parecía un mapa, y varios rollos, que deberían ser mas mapas. La habitación era amplia, limpia, no lóbrega como la de Harlaw, ni olía a  viejo, ni a rancio. En otra mesa descansaba un juego de… sitrang, sonrió, la gustaba el juego, pero era impaciente,  pesea a ser un achica inteligente, no llevaba a termino ninguna partida, pero disfrutaba empezándolas, y no tanto perdiéndolas.

Un poco más despierta su mirada vagó por los rincones… En un  hueco… ¿Un arpa?, ¿cómo había llegado allí? Intentó levantarse, el  dolor hacía que su pierna latiera. Se deslizó por el lecho, hacia la esquina más cercana, llegó a una silla dispuesta al lado, como si alguien la utilizara para mirar al cuerpo, el suyo que debía estar en la cama. Se deslizó un poco más, apoyándose sobre la pierna no  herida. Alargó la mano, no llegaba, frustrada se deslizó un poco más, ¡la maldita silla  no se acercaba!, ¡un poco más Medea!, casi las yemas de sus de sus dedos la tocaban, se desplazó de nuevo, pero nada. Se levantó apoyándose sobre la pierna sana, tocó el respaldo, en un movimiento natural sin recordar su herida, apoyó la pierna vendada el dolor fue intenso, perdió el equilibrio.

El  desastre seguido de el ruido de la silla al caer, que tropezó con la mesa donde se encontraba el  juego, cuyas piezas cayeron al  suelo, en el silencio el golpe multiplicó el estruendo, unido a la caída de la joven, del grito de dolor. Escuchó la tranca exterior de la puerta,  y sus ojos azules, cubiertos de lágrimas, su gesto de frustración ante la imposibilidad de levantarse miraron al  hombre que la había salvado. - Señor soy lady Medea Vance, por  avor, decid a mi familia que estoy viva. Su voz fue apenas un hilo. Volvió a pretender incorporarse, pero no podía…, las lágrimas de dolor volvieron, tras varias tentativa.-
Spoiler:
Considerando que partimos de Pike el  día  6, semana I, Mes  VI,  y  a Altojardin hay  5 días por agua, estando las escudo a medio camino,  he puesto  que se tardan  tes días-cuatro en avistar sus costas.  Sino es  correcto,  se modifica la  fecha, si es menos

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Privado Re: Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Bjorn Greyjoy el Sáb Jul 13, 2013 4:36 pm

Habían pasado tres días desde el momento en que había dado la orden a mi timonel de salir del puerto Noble de Pike, habían sido días en extremo largos, mi primer impulso cuando esto comenzó era simplemente olvidar de mis demonios, demonios que siempre asechaban en mis sueños y en mis pesadillas nocturnas, los recuerdos tortuosos de mi Thalas, mi mujer, mi tesoro, muerta, quemándose a bordo del barco, conmigo mirando todo a unos cientos de metros sin poder hacer absolutamente nada para salvarla de las garras de la muerte. Esa imagen me ha perseguido día y noche durante 10 años, lacerándome como azotes, abriendo una y un millón de veces las heridas tantas veces revividas, unos crustáceos, estaba quitando esos crustáceos cuando la vi, el pelo rojo de fuego, justo como el pelo de mi esposa, piel joven, blanca, un cuerpo juvenil, era todo lo que deseaba para pasar un rato de olvido, entrando en medio de sus muslos, escuchando sus gritos de placer, placer como cada mujer que había estado en mis brazos, y como las otras seria una diversión pasajera, un placer momentáneo en medio de mi soledad eterna

¿Qué es lo que sucedió? Quizás el hecho que por un momento mi amigo, el matador de Drumm se hubiera convertido en él, el hombre que me arrebataba lo que amaba en medio del mar, conmigo a unos metros, esa imagen era del todo intolerable para mi, simplemente no podía permitir que lo mismo sucediera exactamente diez años después, por unos instantes los mismos demonios, los gritos, mi impotencia en el mar, solo que esta vez mis hombres, sus perros y el destino hicieron su trabajo, ella estaba a salvo, al menos de forma aparente, tenía una incisión profunda en su gemelo y todo tipo de golpes, yo jamás había sabido gran cosa de medicina, o remedios curativos, pero tenía al mejor maestre de las islas del hierro entre mi tripulación.

Por fortuna parecía que la chica era de buena madera, como mi nave, estaba estable, solo a veces se escuchaban gemidos de dolor, no había querido entrar a verla, algo me alejaba de mi propio camarote, en sus condiciones ni siquiera podría poseerla, para eso la había subido a este buque, pero, una fuerza extraña me mantenía alejado de ese camarote, habían sido dos noches largas en medio del mar, si hace diez años hubiera salvado a mi Thalas, si hubiera hecho lo que hice con aquella moza, sería feliz, tendría paz y alegría, la paz que ha escapado de mi durante una larga década de oscuridad y melancolía.

Caminaba en medio de la cubierta mirando el sol a lo largo de la línea del horizonte, mis cavilaciones eran oscuras, profundas, una copa de vino me acompañaba, aquella moza me intrigaba, ¿Cuál había sido el cruel destino que la había llevado en manos de los hombres de Harlaw? Ninguna mujer en sus cabales sube a bordo de una nave pirata, nuestra fama como animales sin grandes retenciones morales se equipara a la de los supuestos caballeros del continente ¿Qué la había llevado allí? Pasaron algunos minutos, hasta que se escucho un alboroto en mi camarote, desenfunde mi espada pensando por unos segundos que alguno de mis hombres, enloquecidos por la lujuria trataría de forzar a la mujer, a pesar de mi orden explicita, los hombres por normal general piensan con su polla y a veces ni las ordenes de sus superiores los hacen desistir de sus deseos, entre en apenas un instante y la imagen que vi no era nada de lo que esperaba, la mujer estaba tirada en el suelo, trataba de incorporarse ¿quizás huir? Era improbable a menos que pensara que seguíamos en la costa, enfunde rápidamente mi espada y me aproxime a ella, aparentemente la herida en su pierna se abrió, pues había una mancha roja en su vendaje, la mire, por el ahogado, no era una mujer, parecía una cría, escuche su suplica y solo respondí con seriedad – Soy Bjorn Greyjoy, almirante de la flota del hierro y heredero de las Islas del Hierro.

La expresión de sus ojos era indescifrable, parecían vacios de soledad, seguramente para ella que había salido de un infierno, suponía que entraba a otro, uno más oscuro aun, la sola mención de mi apellido la asusto, se la fama que nos precede y me siento orgulloso de ella, pero a diferencia de los hombres a mi mando, yo sabía controlar mis impulsos y mis deseos al máximo, la tome entre mis brazos con un gesto serio y la deposite de nuevo en la cama – no debes tratar de huir, estas rodeada de hombres de hierro si lo haces, no la pasaras bien. Mis palabras fueron serias, si ella huía seria un problema para mi, pues se pondría en peligro, quizás buscaba la muerte – tienes mi palabra que no serás lastimada, a bordo de esta nave, estás segura –la mire y continúe – dime Medea, ¿Cuál es tu historia?

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Privado Re: Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Medea Vance el Dom Jul 14, 2013 1:35 am

La joven había caído al suelo,  sus ojos se enfrentaron al hombre que entró  era muy  atractivo, pero era un pirata como el otro, pensaba que quería escapar, ¡no!, solo tenía sed, quería encontrar agua su  boca estaba reseca.  Cuando la tomó en  brazos, sin  poderlo evitar, un temblor incontrolable la recorrió desde la punta del pie a sus cabellos rojizos, ella tenía coraje y era valiente, pero no pudo evitar recordar de nuevo.

El hombre que la sacó del mar tenía una mirada melancólica, algo en su interior le dijo que podría confiar en él, pero ya se había equivocado con ese viejo apestoso y borracho de Harlaw, sin honor, sin principios ni para un pirata, en ese maltrato gratuito a animales inocentes. Como se abre una flor, despacio, repasó la caída, como descendía del dromón, como sus perras cayeron antes que ella, el mar y su dios la había devuelyo como ofrenda, por el motivo que fuera, estaba viva. El tiburón, sus dientes, había sido rechazado, con ayuda de los hombres de ese pirata que la había depositado en el camastro.

El hombre de ojos melancólicos la había izado como su fuera una pluma, sin el menor esfuerzo, él debía haber ordenado que la encerraran en su camarote, era posible que la hubieran preparado una tina de agua caliente, estaba limpia,  no sentía que le salitre la cubriera, durante su estancia en el barco de Harlaw se había lavado como los gatos por miedo a que al entrar, la sorprendiera sin ropa. Recordó que agua estaba caliente, seguía teniendo evocaciones inconexas. Tras depositarla en el lecho, se había acurrucado, con dolor, en la esquina más alejada del lecho,  cubriéndose las piernas, en un acto de pudor, con una sábana del mismo, ella tenía frio, le dolía todo el cuerpo de la paliza a la que la sometió ese animal, no solo  el tiburón, sino el viejo pirata de  olor desagradable.

A ese hombre que la había "rescatado" le trataban todos con respeto, no con miedo, tenía una cierta dignidad ¡No Med!, es igual que todos, no recuerdas el motivo por el cual te sacó del agua, no para salvarte, sino para utilizarte, sus intenciones eran claras sino no habrían retirado tus ropas dejándote semidesnuda.

Cuando dijo su nombre, el miedo se reflejó en su mirada, ¡un Grejoy!, en los Ríos, eran de sobra conocidas las andanzas, los saqueos, las violaciones de la  familia, cuyo cabecilla, ahora rey, era el hombre más odiado, cuyo hijo, no tenía nada de corazón, ahora se encontraba ante… ¡no!, ¡no podía ser el hijo! Era otro de ellos.

-No debes tratar de huir, estas rodeada de hombres de hierro si lo haces, no la pasaras bien, la joven negó con la cabeza, levantó la mano, señalando la jarra de agua, tan alejada de ella como Dorne, pese a estar a pocos metros. Negó con la cabeza, las palabras morían en su garganta, volvió a señalar el agua, no sabía cuánto tiempo había estado en ese entrevela ente la consciencia y la inconsciencia, pero tenía sed, tenía hambre, deseaba  volver a casa.

En un hilo de voz,  se dirigió al pirata, éste garantizaba su seguridad, pero ya había confiado en ese que había roto las normas de las hospitalidad recibida hacía dos años, -no,  su voz tembló, n-no pre-ten-tendía escapar, tengo sed,  quería llegar al agua,  y  todo se cayó.

La joven le miró, el  rayo e sol que entraba por la  ventana, se había desplazado  iluminando su cabello rojizo,  acurrucada en la esquina,  con el  sol iluminándola, parecía una niña, - Mi madre, estará muy preocupada,  por favor dejadme mandar un mensaje a mis amigos, seguro que llegaréis a un acuerdo, tenéis mi palabra.

El dolor  volvía a hacer que su pierna  latiera,  algún punto  estaba sangrando, pero no demasiado, la cataplasma surtía efecto, el pinto de sangre no aumentó.  Pero  la dolía y mucho,  más que nada el no poder  erguirse y  llegar al agua.

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Privado Re: Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Bjorn Greyjoy el Dom Jul 14, 2013 1:06 pm

Cuando me aproxime a ella, mire con claridad que la herida en su pantorrilla se había abierto, o quizás nunca había cerrado del todo, la chica tuvo fortuna, un tiburón no suelta a su presa fácilmente, como mis ojos mas de una vez mire como  marineros expertos morían bajo los dientes de esos depredadores, sin embargo por una vez el Ahogado la había dejado vivir, al levantarla en mis brazos note con claridad que se trataba de una joven de alguna familia importante, algunas veces,  mujeres subían a bordo de los barcos piratas, a veces algunas se atrevían a correr el riesgo, solo que usualmente eran viejas prostitutas que tenían que ganar su pan abriendo las piernas a los hombres de una tripulación, luego estaban las amantes de algunos oficiales que tenían el derecho de llevar a sus queridas a bordo, pero de ser así, seguramente no habría sido arrojada por la borda como una carnada, solo quedaba la tercera opción, la mas probable de todas, que se tratara de alguna clase de rehén que fue  capturada durante algunas de las correrías de Harlaw, sea como fuera, apenas lo reflexione durante unos segundos, al tomarla entre mis brazos, un extraño sentimiento me invadió, no era solo la melancolía que sea había posado sobre mi como un oscuro fantasma desde que la vi, sino algo mas, un extraño sentimiento de tranquilidad al menos de cierto sosiego, sus ojos, su pelo, su juventud me recordaban tanto a mi esposa, pero el miedo en su mirada era el de una niña asustada.

Con el mayor cuidado la deposite sobre su lecho, evidentemente estaba lastimada, tenia moretones y mas de un cardenal que se adivinaban en su rostro y en la poca piel que tenia al descubierto, mi maestre me informo que la habían bañado, aplicando algún ungüento en sus heridas, seguramente había sido forzada, criatura desdichada, tal como era imaginable simplemente se alejo de mi todo lo que pudo, la sola mención de mi apellido debió helar su piel, eso no era algo extraño, desde los norteños, hasta los habitantes del desierto de Dorne, todo Poniente conocía la ferocidad de los hombres del hierro, de sus tácticas brutales, su fortaleza, su violencia y por sobre todos los marineros de las islas, se encontraban los Greyjoy, los hijos del Kraken, los hombres mas feroces del Poniente, mi fama me precedía y me sentía orgulloso de ella, solo así tenias respeto en el mundo loco donde vivíamos, solo la fuera otorgaba una posición de seguridad, solo que, siempre, desde que era grumete en la nave de Harrald, logre combinar mi fiereza con ciertas maneras dignas de un lord, al parecer la chica quería algo, señalo hacia un lado, ¿a la jarra de agua?, sus palabras me lo confirmaron, efectivamente deseaba algo de beber, no la culpaba, la sed siempre persigue a los hombres del mar, rodeados de agua salada, pero siempre buscando saciar la sed con agua cristalina, me incorpore y traje hacia ella la jarra, con uno de los pequeños jarrones, para que bebiera, le extendí el mismo hablando con seriedad, pero omitiendo la sequedad de mis palabras – si lo deseas puedo ordenar a uno de los asistentes del maestre que te vigile, si necesitas algo, puedes llamarlo, pero no te levantes de nuevo de esa forma, si lo haces solo lograras abrir mas tus heridas.

Bebió con miedo pero ávida del liquido vital, era evidente que tenia sed, todos siempre tenemos sed de algo, en mi caso, cuando la conocí tenia una incesante sed de desnudarla y montarla una y otra vez, lo habría hecho si tan solo no estuviera lastimada, si tan solo Harlaw no la hubiera jodido de esta forma, apreté mis puños mientras la joven seguía bebiendo, podía esperar, ella no se iría a ningún lado, se recuperaría y entonces seria mía, solo que por alguna extraña razón la idea de tomarla me resultaba chocante, era Thalas, tan similar pero como una niña, ¿Cómo podría forzar a una cría? Aleje esos pensamientos de mi al escucharla de nuevo, ¿pensaba a caso que pediría un rescate por ella? Quizás lo haría, si no la tomaba sacaría alguna ventaja de esta situación surrealista solo que tendría que saber mas de ella – no tengo inconveniente ninguno en que te comuniques con tu familia, si así lo deseas, solo que –hice una pausa tratando de recordar en que momento había escuchado el apellido Vance mientras buscaba en una de las gabetas de mi escritorio algunos pergaminos y una pluma, junto a un tinero – si quieres enviar dichos cuervos, primero tendrás que decirme quienes son tu familia y sobretodo, ¿Qué destino te llevo a bordo de un barco del hierro?. Me intrigaba saber por que tristes paraderos del destino estaba en las manos de un Greyjoy, extendi para ella los pergaminos, - no creo que puedas escribir adecuadamente en tu estado actual, a menos que te incorpores un poco y me expliques que destino te ha traido hasta mi. Esperaba que a cambio de la información para su familia, pudiera saber mas de ella…

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Privado Re: Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Medea Vance el Lun Jul 15, 2013 7:07 am

Mientras bebía un poco más de agua e intentaba incorporarse apoyándose en su pierna sana, arrastrándose, con una constancia y coraje que no decaía ni un segundo, no se daba por vencida. Logró desplazarse al borde de la cama. Miró al hombre, no parecía un loco descerebrado como el viejo borracho, de ahí la dignidad que desprendía, pese a la seriedad y sequedad de sus palabras, añadiendo que era muy atractivo. No era un jovencito, pero desprendía ese halo de interesante madurez.

- Gracias, señor, por rescatarme del agua, mi familia y yo misma, estamos en deuda con vos de por vida, nosotros no somos Lannister, pero pagamos nuestras deudas, el honor de mi casa está por encima de todo, ese sentido del honor, el cumplimiento de lo prometido, la había llevado a esa situación.

- Soy Lady Medea Vance, regente de Posada del Caminante, una casa situada en El Tridente, que posiblemente no conozcáis, este asunto comenzó hace dos años.

Entre sorbo y sorbo de agua, la joven aclaró un poco sus pensamientos, se fue desprendiendo del sabor amargo del láudano, miró por un segundo la herida, parecía que ya no supuraba sangre, no obstante el dolor no cesaba, aunque era peor el tirón de los músculos.

Comenzó su relato en la visita de Harlaw a sus tierras, su petición de comida, asilo y descanso, ella le ofreció alimentos, el agua, la sal y el pan, descanso para sus cansados cuerpos, como sus mayores le habían enseñado que se ha de hacer con los caminantes y viajeros. El pirata se enamoró de sus perros, eran ejemplares espectaculares, como obsequio de despedida le regaló dos de los mejores cachorros, machos. Interrumpió su relato de repente, como acordándose de algo muy importante.

... - ¡Mis perras!, Señor...,.  le imploró con la voz, ¡cómo se había  olvidado de sus queridos animales!  

Volvió a beber un poco más de agua, continuó su relato, un poco más calmada, pero no menos aterrorizada, el agua no lograba mitigar el sabor del miedo, le había hecho un juramento, cuando tuviera dos perras de la misma calidad de los cachorros que se llevaba, se las haría llegar. Le había enviado un cuervo, para citarse en Varamar, donde tenía que visitar a Lady Mallister, ya no la reconocía como amiga, desde que la vio acompañada por ese pirata, que ella había reconocido como miembro de la tripulación de Marea, hacía un año.

- El resto, mi señor, es muy confuso, desperté drogada en un lugar extraño, lejos de la costa, con mis ropajes salpicados de sangre , ella había intuido que debía pertenecer a los integrantes de su escolta, en ese momento su voz se quebró, esos pobres hombres habían dado su vida por ella, nunca podría compensar a sus familias por ese acto. - Después, almirante, todo ha sido una espiral de  violencia gratuita, sin el menor sentido,  de un demente, pensó ella y se cuidó mucho de decirlo, un viejo borracho cobarde incapaz de tener una relación normal, prepotente, un reprimido, sin cariño en su vida.

- Mi familia no es muy rica, somos una pequeña casa, nuestra riqueza deriva de nuestra honradez, pro podemos  satisfacer vuestras demandas si son razonables. Intentó llegar a la mesa, pero no podía, solicito tendiendo  su mano, ayuda del hombre, no pudo evitar clavar la mirada en el arpa, deseando tocarla para  alcanzar un poco de paz. Sentada en el escritorio, deslizó la mano con un trazo delicado, elegante, conciso y claro.

- Mi primer cuervo va dirigido al señor de La Sidra,  pupilo de mi padre,  y un amigo muy querido. Tras la brutal violación, sentía una vergüenza, injustificada, que la impedía mirar a los ojos a Kyle, Matt la ayudaría, no se fiaba de la señora Mallister, en su tierras había sido secuestrada..., no había movido un dedo... pese a ser amiga de los piratas. - Seguro que vos conocéis un lugar discreto, de esos que los marineros vistan,  en la costa de El Domino, os ruego que señaléis fecha y ubicación.

carta Lord Fosswey:
A la Atención de Lord Matrim Fossoway:

Mi muy querido Matt, los acontecimientos sucedidos en las últimas semanas no pueden describirse en las líneas de un cuervo, me lleva a implorar tu ayuda, como amigo  mío que eres y persona en la que confío. En mis actuales circunstancias me es imposible sostener la mirada de mi familia, de Ser Gaffton y mis otros conocidos.

El príncipe y almirante Bjorn Greyjoy ha salvado mi vida, me ha cuidado, no te asustes, estoy viva que  es lo importante, está dispuesto a negociar un rescate.

Me llevará a la costa más cercana a Las Escudo. Es un caballero, no has de temer nada, te ruego discreción

Matt en  tus manos pongo la esperanza de volver a mi  casa.

Med

- El segundo cuervo es para Lord Gideon Hoggs, Consejero de la Corona, amigo de mi familia, el cual dará la noticia de forma más delicada a mi madre y a la familia de mi prometido, Ser Kyle Graffton, y gestionará el rescate que vos pidáis.

Lord Gideon Hoggs:
A la Atención de Lord Gideon Hoggs:

Mi señor, los asuntos que me llevaban a Varamar no han salido según las expectativas, ni han sido todo lo benignos para mi salud. Os ruego que informéis a mi madre y a Lord Tully, al que sé que visitaréis, decidles que me encuentro bien. Debes preparar el pago de un rescate que supongo que os indicaran a su debido tiempo.

Muchas gracias por vuestra ayuda.

Lady Medea Vace


La joven sonrió levemente al recordar a sus seres queridos, a los que echaba de menos, deseaba el abrazo y el consuelo de su madre, y llorar, durante semanas, pero no podía enfrentarse a ella en el estado actual, solo Mat podía consolarla, y ya vería que sucederá con su futuro matrimonio, no sabia ni cuando... quizás nunca...

- Señor no quiero abusar más de vuestra  hospitalidad, os puedo pedir...,  algo que me cubra un poco más,  el  rubor acudió a sus mejillas,  se hicieron más patentes sus pecas que le daban un aspecto más aniñado,  - ¿puedo preguntaros que ocurrió con mis perras?, ¿han sobrevivido?..., y, ¿cuánto tiempo he estado inconsciente?, y...  tengo  hambre, señor, disculparme,  la  habitación,  daba vueltas, se sentía mareada, la falta de comida,  tuvo que apoyarse en el brazo del hombre para no caer.

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Privado Re: Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Bjorn Greyjoy el Lun Jul 15, 2013 9:38 pm

Observe como la joven trataba de incorporarse, seguramente le causaba dolor el hacerlo, pues la herida en su pierna era reciente, no entendía del todo su afán por informar a su familia de su paradero, a menos claro que hubiera sido secuestrada o quizás fue tomada como rehén por Harlaw, existían tantos escenarios por los que una joven puede caer en manos de los hombres del hierro, la miraba y veía en ella a mi Thalas, tenia mucho de ella, pero ella respiraba una fragilidad extraña, en algunos aspectos me recordaba a mi sobrina Keira, la flor asesina de los Greyjoy, cuando inicio a navegar, delicada, como una hermosa flor virgen, hasta que los retos y las pruebas de la vida la endurecieron poco a poco. Así parecía Medea, al menos comenzó a hablar con cierta timidez, si, pero a relatarme su historia, así que ella era regente de una casa en el Dominio, la casa Vance, ¿alguna vez había escuchado ese nombre? No estaba del todo seguro, los marineros no estábamos particularmente interesados en los problemas de las casas del continente a menos que tengamos asuntos personales en ellas, pero aquel apellido alguna vez había sido nombrado frente a mi ¿pero por quien? Una de mis mejores cualidades, la que me hacia almirante de la flota sobre las demás, era mi astucia, la astucia de un estratega, solía retenerlo todo en mi memoria, todos los nombres, los agradecimientos y los insultos recibido para vengarlos, sin embargo dicho nombre escapaba de mi mente, al menos por los momentos.

Me levante nuevamente y tome yo mismo un pequeño jarrón, vertí en el agua y comencé a beber sintiendo una extraña sensación de paz o al menos de cierto sosiego, quizás era el parecido que la joven mujer frente a mi tenia con mi difunta esposa, quizás era cierta alegría en haberla salvado, ya no para usarla como mi diversión sexual, sino simplemente por haber salvado a una cría de las garras de la muerte, la muerte oscura que me ha rodeado siempre, pero que hasta hoy he podido evitar. A ratos ella misma se quedaba en silencio perdida en sus pensamientos, no la forzaría, que hablara lo que ella misma deseara, no mas, una ligera sonrisa cruzo mis labios al ser cuestionado sobre los animales que venían con ella, en cierto sentido ellos la habían salvado de la muerte y hasta donde sabia ambos estaban vivos, uno en mi nave y el otro en Puerto Noble - puedes estar alegre, los animales suelen ser fieles con los amos que los quieren, uno de tus perros nado hasta el puerto, el otro esta herido, pero sigue con vida.

Lo demás era demasiado evidente para que tener necesidad de escucharlo, un hombre de hierro es brutal, esa era nuestra naturaleza éramos criados en la sangre y vivíamos por y para ella, seguramente alguno de los hombres de Harlaw o quizás el mismo la habían golpeado, seguramente la habían forzado, al menos estaba con vida, muchos de mis hombres han reventado a mujeres mucho mas curtidas que la joven frente a mi, esa era nuestra naturaleza, una naturaleza reprobable, pero a la que nadie era ajeno, todos los hombres en el continente eran exactamente iguales a nosotros, solo que la fama de los piratas era tan terrible que solo la ingenuidad pudo haber puesto a Medea en manos de uno de mis almirantes – debes de olvidar aquello que has vivido, piensa en ello como en una pesadilla de la que has despertado, como te he dicho, estas segura en este barco y nada mas te sucederá.

Trato de incorporarse de nuevo, con un ademan le indique que no lo hiciera – si quieres realmente recuperar tu salud, debes de dejar de moverte de forma imprudente Medea. ¿un rescate? Evidentemente una recompensa seria adecuada por entregarla a salvo, pero no había pensado en ello, en mi mente seguía una dura batalla, que se recuperara, seria difícil, pero la seduciría y la tomaría, una y cien veces, hasta saciarnos ambos, ese era mi plan, no tenia porque abandonarlo, solo que al mismo tiempo la idea de tener sexo con ella, me comenzaba a incomodar no entendía porque pero relacionaba su rostro con el de mi sobrina, una persona que era como una hija para mi – por ahora no pienses en el rescate, yo mismo tendré que meditarlo, mas adelante te diré mis condiciones y estas serán razonables. Afirme perdido en mis pensamientos mientras la miraba.

Escribió dos cuervos, para su familia y ¿para su prometido? En verdad que era ingenua, ¿acaso no había escuchado mis palabras? La había subido a bordo de mi nave para hacer de ella mi amante, no para llevarla a su prometido, sin embargo un extraño sentimiento filial comenzaba a surgir en mi, la idea de forzarla se me hacia chocante, jamás habría forzado a Thalas y no lo haría con esta chica, el destino tiene extraños caminos y escucharía al Ahogado, quizás al menos a través de ayudarla, encontraría cierta paz – apenas salga de este camarote, enviare dichos cuervos a tu familia, sobre una ubicación, tendré que meditarlo igualmente, quizás no estés al tanto, pero mi familia y yo tenemos una gran cantidad de enemigos, así que seria un lugar discreto, donde este a salvo de una emboscada. Su debilidad era evidente, estaba al borde del desmayo, sin necesidad de que lo escuchara sabia que necesitaba comida, me levante de nuevo de mi silla y ordene comida a dos marineros, que fueran por fruta y pescado fresco, al regresar la mire de nuevo, de haber sido una niña y no Axel ¿habría sido mi hija parecida a ella? Seguramente si, la sangre del hierro con la belleza de Thalas, - traerán comida para nosotros lady Medea, pero debes decirme mas de ti, ¿Qué hay de tus padres? Y tu prometido, siempre que hablamos del hogar, estamos mas cerca de el, háblame del tuyo –conclui mientras uno de los marineros entraba con frutas frescas, seguido de otro que traia hacia nosotros un filete fresco recién cocido, por lo menos, después de tanta oscuridad, tendría algo de paz

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Privado Re: Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Medea Vance el Mar Jul 16, 2013 7:18 am

La muchacha se tranquilizó mientras escribía a su familia, una suave sonrisa iluminó su rostro, sus animales estaban a salvo, al menos una de sus perras a bordo, la otra, estaba sola, entre extraños, herida, ¿las cuidarían?, sabía que era un buen animal, sin embargo, herida..., no era justo que tan magnifico ejemplar muriera de hambre o desangrado, pero había aprendido que entre esas gentes no existía la justicia, eran peor que salvajes, que se llamaban a si mismos hombres pero carecían de humanidad.

Med tenía hambre, el pescado olía deliciosamente, pero comió despacio, como una dama que era, ese viejo apestoso no había subyugado su espíritu, sus modales estaban intactos, estaba aterrorizada, pero ese hombre no parecía un animal, troceó la comida, utilizó los cubiertos, sin prisa pero sin pausa, desmostando su exquisita educación, aunque no sabía si lo apreciaría.

-  Señor, mi casa esta situada en un lugar muy hermoso, el río discurre rápido, los árboles frutales crecen esbeltos, en primavera y verano se cargan de melocotones, albaricoques, peras..., tenemos viñas, nuestros caldos no son tan afamados como los del Rejo, pero reposan en buenas barricas de madera, son afrutados y con miles de matices., describió su río, en ciertos remansos, criaban truchas, barbos, salmones, para consumo propio. Los  ojos azules de la noble brillaron como hacia dias, antes de ese inoportuno encuentro.

Su vida era tranquila, de largas veladas de discusiones con sus hermanas, porque tenía dos hermanas menores,  Eleonora, que sería la nueva Lady Vance, cuando ella..., su voz, su gesto se entristeció, seguramente no  podría casarse con Kyle, después de...,  tuvo que  reprimir una lágrima, -  Eleonora, es una joven muy hermosa, de cabellos  rubios, que al parecer  ha decidido no  casarse, pese a  tener una larga fila de pretendientes llamando a su puerta..

Le  habló de la pequeña Olga, apenas una niña, que también era muy guapa, se había alegrado mucho cuando las escondió, ante la presencia del odioso Harlaw y de sus hombres, no se habría perdonado que las hubiera ocurrido algo.

-  Mi padre, Lord Vance, falleció hace cuatro años, los mismos que llevo de regente, no hay hombres en mi familia.,  le recordaba como un padre maravilloso, un sabio rural, amante de la vida sencilla y familiar, después de haber sido un verdadero crápula, la enseñó a ser buena persona, se revolvería en su tumba si su hija no cumplía como noble, aunque arrasaría las islas si estuviera vivo.

Señaló el arpa, -  mi madre me enseñó a tocarla, es muy estirada, seca, pero ama a sus hijas, es una verdadera noble, una gran dama, como Eleonora, elegante, educada, sabe estar siempre en su lugar, ella en ese aspecto era una decepción para la su madre, era traviesa, respondona, irascible, y no tan guapa como sus hermanas, siempre en el campo hablando con  campesinos, mirando las cosechas, preocupándose sin parían las ovejas, o con las camadas de perros. Nada parecido a una elegante dama de El Tridente.

Continuó comiendo, bebió agua, no se terminaba nunca su sed, al igual que el ese olor a viejo rancio y borracho que no lograría eliminar. - Lord Matrin, no es mi prometido, es hijo de uno de los mejores amigos de mi familia, fue pupilo en mi casa, nos hemos criado juntos, somos amigos por encima de la política que separa El Dominio de El Tridente, la guerra es cosa de las grandes casas, nosotros actuamos como peones sacrificables, nosotros nos preocupamos por los nuestros, intentamos que todos estén bien.

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Privado Re: Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Bjorn Greyjoy el Mar Jul 16, 2013 9:14 pm

Escuchaba a Medea mientras ambos comenzábamos a disfrutar de la comida, el pescado fresco era delicioso y apetitoso, era la parte básica de la dieta de los hombres del hierro, el vino y el pescado eran tan nuestros como las jarcias o las velas. No era vino del rejo, efectivamente era vino de menor calidad, pero era un delicioso vino traído de Dorne, refrescaba mi garganta mientras bajaba hacia mi estomago, igualmente las uvas eras frescas, hacia mucho tiempo que no comía de forma tranquila, alguna vez un viejo marinero me comento, cuando apenas comenzaba a ser hombre hace mas de 20 años que comer junto a una mujer era totalmente diferente a comer solos, ya no se diga entre los olores de una tripulación, que las hembras tenían la extraña capacidad de darle paz y alegría a un lugar, aun en el mas inmundo de los sitios, con Thalas o Keira lo comprobé, al estar cerca de Shiera igualmente me daba cuenta de lo que sabia desde que era un crio, que la mujer era lo mejor que se podría tener en la vida, que nada era superior a tener a alguien que te quiera, para mi eso había sido solo un lejano sueño de unos meses, mi Thalas se había ido para jamás regresar, pero en los ojos de esta cría, miraba algo de ella, ella comía de forma relajada, indudablemente era alguien de noble cuna, comencé a escuchar su relato, ciertamente ella venia de un lugar tan diferente a las Islas, aun para una mujer, para la princesa del hierro, mi sobrina Keira, la vida en Pike era dura, una constante prueba de resistencia y valor, viajes y peligros constantes, fuerza y dolor, en cambio Medea fue criada al parecer en un hogar pacifico – vale la pena Medea luchar por un lugar como el que me describes, sin duda tus mayores son afortunados, si es como me lo dices, tu casa debe ser un lugar pacifico y la paz Medea, la paz es lo mas importante en el mundo, mas aun si se disfruta, con una buena copa de vino.

La observaba atentan mente, disfrutando al mismo tiempo de los moluscos mientras seguía escuchando su relato, al parecer Medea era una cría en todo sentido de la palabra, para un hombre maduro es fácil reconocer a una mujer, muchas zorritas fingen ser sumisas o ingenuas, lo hacen para generar piedad o simpatía en los hombres, buscando pesar a alguien que les de su apellido, ella en cambio era o al menos hacia la perfecta actuación de una joven ingenua y de noble cuna, eso hacia que la idea de forzarla o yacer con ella fuera definitivamente imposible, no seria yo, no pagaría ante el Ahogado por destruir a un alma pura, menos aun cuando no había hombres entre sus parientes para protegerla, sin duda la perdida de la figura paterna es dolorosa para cualquiera, eso te obligaba a la maduración, en mi caso al menos tuve la firmeza de mi hermano Harrald, pero mi falla como padre con Alex me perseguía incesantemente – siento que tu padre haya fallecido Medea, la perdida de un ser amado nunca se supera del todo, sin embargo la única forma de ser fuertes, es afrontar nuestro dolor y ser mas fuertes, con los años lo veras.

Al señalar el viejo instrumento de nuevo toco las fibras de lo que queda en mi de sentimientos, cuando era un niño, nuestra madre tocaba el arpa, era un medio de calmar la furia y el fuerte temperamento de mi padre, su voz combinada con el sueva sonido del instrumento, lograba relajar al señor de las Islas,  cuando ella falleció la dejo como parte de su legado para mi, jamás fue tocada de nuevo, nunca conocí a una mujer con habilidades musicales, eso solo era un privilegio de las jóvenes de nombre cuna y vida tranquila, no de las duras y curtidas mujeres del Hierro, dicha arpa había estado callada por décadas, no pensaba que nadie mas la tocara, la avalancha de recuerdos seria muy grande, los recuerdos de la madre, son siempre los mas bellos, pero también los mas dolorosos cuando esta nos abandona, sin embargo junto al viejo Drumm, quizás era hora de escuchar de nuevo dicho sonido, me perdí entre el mar de mis recuerdos, los sonidos de la niñez, su eco en mi, la paz perdida, pero recuperada al menos por unas horas, Medea concluyo sus palabras hablando de aquel chico afortunado, la joven frente a mi será sin duda una buena esposa, respire profundamente terminando mis alimentos – cuando lleguemos a nuestro destino, si lo deseas, podrás interpretar el arpa antes de descender del barco Medea –guarde silencio por unos segundos, disfrute al menos unos momentos de paz y eso solo me obligaba a entregar a esta joven sana y salva a su familia, pero ¿Dónde? – enviare los cuervos apenas salga del camarote Medea sin embargo no he pensado donde podría reunirme con quien te reciba, ¿conoces algún lugar discreto, donde realizar tu entrega y negociar los términos de la misma? Al menos, esperaba que protegiendo a esta chica, hubiera un poco de paz en mi vida.

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Privado Re: Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Medea Vance el Miér Jul 17, 2013 7:02 am

Medea comenzó a tranquilizarse al escuchar las palabras del hombre mientras comía, se notaba la distinción de una gran casa, pese a la violencia que se atribuía a los hombres de hierro, por otra parte el pescado estaba delicioso, aunque... - Si me permitís una objeción a vuestro cocinero, ayudarlo con un leve toque de cilantro, la joven se ruborizó, ¿quién era ella para criticar?, se mordió el labio, en el cual todavía se podía apreciar un leve moratón, amarillento, cerca de las comisuras, provocado por la patada del pirata, que estaba pasando a un tono amarillento. Pero la joven tenía ese punto de ayudar a la gente, y mejorar las cosas, en eso no había cambiado, sus sugerencias eran, inocentes, como la buena mujer que era, esperaba que él la viera como la persona que era  y no como un objeto, como la vio el anciano borracho.

Sonrió ante la invitación, el arpa y su sonido podría tranquilizarla, y ayudarla a olvidar, sin embargo  no sabía si su voz se quebraría al entonar alguna melodía, pero si podía tocarla después de la comida, ante la idea de escuchar o tocar el arpa, su mente voló a tiempos pasados, a las tonadas escritas para sus padres, para Kyle, para Mat.  - Si hace tanto tiempo que no se utiliza seguramente estará desafinada, intentaré afinarla, y tocaré alguna canción, es lo menos que puedo hacer, ya que os debo mi vida, aunque no os garantizo que mi voz.... ignoraba si podía cantar con esa voz que tanto gustaba a sus allegados.

Medea comió uvas, en el barco del demonio no la habían dado, estaba claro que ese energúmeno no disfrutaba de ninguno de los aspectos de la vida, la violencia era su forma de ser, mirándolo desde su punto de vista, era un pobre hombre que nunca alcanzaría la felicidad, ¡él se lo perdía!, la joven intentó moverse de nuevo, no se acordaba que una pierna estaba herida, cuando se movía ya era  tarde, el dolor la lanceaba hasta la cadera.

En ese momento cuando intentó moverse, emitió un leve gemido, mirando al hombre, encogiéndose de hombros, esperando que la volviera a regañar,  -lo siento señor, se me olvida que estoy herida, cuando el dolor me atenaza es cuando me acuerdo, se sonrojó por ser tan despistada,  bajando los párpados, al abrirlos miró al hombre, que parecía estar cómodo en su compañía, volvió a beber un poco de agua, tomó una manzana, roja, a juego con su cabello, la fruta le recordó a Mat, la veces que le tiraba una manzana a la cabeza, las uvas le recordaban su fiesta de la vendimia.

- Seguro que disfrutáis una fiesta de la vendimia en mis tierras, cuando pronunció esas palabras se dio cuenta que hablaba con un hombre de hierro, ellos no sembraban, ni apreciaban esas sencillas costumbres, divertirse pisando la uva, resbalarse, recordó a Kyle, en la última vendimia como se llenaron de mosto, ¿cómo había gente que no era capaz de disfrutar de las cosas sencillas de la vida?, quizá era la educación recibida, el cariño que te ha rodeado, lo que has vivido, que tal vez no te prepare para hacer frente a sucesos como a los que Medea se había enfrentado, tenía dos opciones,  recordarlo y hacer de su vida un infierno de venganza, siendo igual que ese energúmeno,  o  seguir con su vida, en su entorno protegido... olvidando pero no perdonando.

-Señor, si me ayudáis, tocaré para vos, extraño mucho teñir un arpa,  su madre decía que era la música, lo que la hacia una damita, pues  era el único momento en el cual estaba quieta sin hacer una trastada,  era evidente, que era la única forma de amansar a la  fiera de su hija, besada por el fuego.

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Privado Re: Un rayo de sol puede iluminar al más frío acero [Bjorn Greyjoy]

Mensaje por Bjorn Greyjoy el Vie Jul 19, 2013 12:20 pm

Observaba atento como Medea terminaba de degustar sus alimentos, era evidente que la chica frente a mí se encontraba hambrienta, lo cual no era de extrañar, en un barco del hierro los alimentos no suelen ser abundantes, menos aun en largas correrías o expediciones de saqueo, apenas después de dos semanas quedaba pan y agua, las frutas se terminaban así como el pescado o solo vivíamos de lo que pidiéramos atrapar así como del agua que se almacenaba y que para nosotros era sagrada como el mismo Ahogado, tripulaciones enteras en medio de las largas travesías agotaban sus suministros de alimentos y simplemente se quedaban postradas esperando el final, junto al castillo de Proa rezando por una tormenta que finalizara con su agonía y los dolores del hambre y las epidemias que se desataban numerosas veces en medio de nosotros, era una vida en extremo dura, rígida, imagino que Medea debió vivir lo que pareció un infierno en vida, en medio de los oscuros camarotes del barco del almirante Harlaw, por tanto, tener pescado fresco y frutas debió ser para ella un anticipo de la gloria. Esta cría estaba logrando en unos minutos que mas sonrisas cruzaran mi rostro de las que había tenido en años enteros, jamás he sido alguien extrovertido, siempre la discreción ha sido una de las cualidades que me han adornado, jamás sonrió, pero las palabras de Medea hicieron de nuevo que una sonrisa cruzara mis labios, evidentemente un cocinero en medio de una nave no tendría precisamente el sazón de un banquete en la ciudad de los Dragones, aquel famosos Desembarco, sin embargo para mi esta comida era deliciosa, acostumbrado como estaba a comer pescado medio crudo – Lady Medea, los hombres del hierro no nos distinguimos por nuestro exquisito gusto alimenticio, como puedes imaginar, en medio del mar, el sazón no es nuestra prioridad, pero al estar bajo mi custodio, le informare al cocinero, un consejo femenino siempre es bienvenido en un arte en el que ustedes son supremas dominadoras. Era verdad, jamás había comido nada mas delicioso que aquello que Thalas cocinaba con sus propias manos, no hay nada en la vida, como el aroma de la comida preparada por un ser querido, sin embargo eso no era para mí, simplemente me levante al terminar mis alimentos y comencé a pasear en el camarote.

Medea de nuevo quiso moverse, simplemente la mire de forma inquisitiva, justo como miraba a Keira cuando tenía 8 años y subía a bordo de los navíos de la flota, sintiéndose uno más de los hombres del hierro, en cierta forma eso había sido la gran ausencia de mi existencia después de mi esposa, la paternidad negada o desperdiciada quizás, jamás me abandonaba el fantasma de mi ausencia con Axel, mientras el corría de un lado hacia el otro, comenzando a hundirse en su locura, yo navegaba de extremo a extremo de los mares, mientras él me necesitaba yo jamás estuve allí, ese peso me perseguiría mi vida entera, sabia de mi fracaso como padre, pero al menos mi profunda melancolía se consolaba en haber sido un mejor tío para mi sobrina, ¿podría ser una figura de respeto para esta cría? Tonterías, lo más probables es que bajando de este barco, jamás quisiera saber de un hombre de hierro, pero al menos por los momentos estaba bajo mi tutela – no debes de moverte de nuevo Medea, no lo diré de nuevo, puedes lastimarte seriamente y mi maestre no se sentirá feliz de tener que darte hierbas medicinales nuevamente. Agradecí con un gesto su invitación, sabía que era imposible, muchos hombres dentro y fuera del continente habían puesto precio a mi cabeza, no era imaginable para mi simplemente asistir a una vendimia en el continente, sin embargo la idea de la tranquilidad era seductora y agradecí su invitación – sería un honor estar en tu hogar Medea, como te he dicho, tu casa, parece respirar a paz y no hay bien o tesoro mas valioso en el mundo que la paz de la quietud.

¿El arpa? ella deseaba tocarla, en este momento, no era conveniente para mi, escuchar de nuevo su sonido embriagador de paz y tranquilidad, me haria recordar momentos pasados, tiempos de paz que se habian ido sin posibilidad de regresar. No quería remover viejas memorias perdidas entre lo más profundo de mi corazón - Mi lady, como dijiste, el arpa esta hace mucho tiempo callada, no se siquiera si pueda ser tocada. Hace más de 20 años que estaba en silencio, había pasado tanto tiempo, desde que mi madre habría partido, dejándonos a Harrald y a mi solos, se dice fácil, pero en más de dos decadas había vivido tantas tristezas, tantas decepciones, el dolor y la soledad habian sido mis compañeros de viaje en estos lustros. Como el viejo Drumm, el adversario, la Némesis de mi vida, el arpa representaba la melancolia de lo perdido, sin embargo quizás era tiempo de escuchar de nuevo el sonido pacifico, dulce, el sonido de la infancia perdida, me aproxime al instrumento, estaba verdaderamente empolvado, pase mis manos lo mejor que pude, tratando de quitar el polvo, no estaba en malas condiciones, pues varias ocasiones había limpiado el cuerpo del arpa, sin tocar jamás sus delgadas y finas cuerdas, lo levante con facilidad y lo aproxime hacia ella – si me das tu palabra que no te moverás de nuevo de forma inoportuna dejare en cambio que toques –me quede en silencio por unos segundos perdido en mis pensamientos –solo recuerda que lleva más de 20 años en silencio, si es necesario y sabes cómo hacerlo, afínala y muéstrame tu talento Medea. Dije al tiempo que la miraba y veía en ella a la hija que Thalas jamás pudo darme

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