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Si nuestro amor fuera más fácil no sería tan épico como lo es (PRIVADO)

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+18Privado Si nuestro amor fuera más fácil no sería tan épico como lo es (PRIVADO)

Mensaje por Valerie Tyrell el Lun Jun 10, 2013 6:02 pm

Podría haberle escrito. Sí, podría haberlo hecho, ¿pero para qué? A penas el cuervo con sus palabras llegó a mis manos maquiné en mi cabeza todo lo que sería necesario para salir lo antes posible de Refugio Estival y perderme en los ojos de Maron para cuando él estuviera ya en Timón de Piedra. Sus cuervos habían sido algo extraños, confusos, incluso medianamente vagos. Pocas palabras daban paso a muchas conjeturas, pero a la vez a nada concreto. Quizás eso era mejor, pues así si el cuervo llegaba a las manos equivocadas nadie podría sacar nada en limpio de ello. Mas, aún así, tenía dudas, muchas dudas, o quizás las típicas dudas de quien sabe que obra mal y que no puede evitarlo. El amor es la más grande de las locuras, aquel sentimiento por el cual podrías darlo todo y perderte en el abismo más oscuro. Irracional. Sin sentido. Me sentía loca sólo de pensar en que estaba saliendo de mi Refugio para encontrarme con quien no debía para decir palabras que deberían no decirse y dar besos en labios que no deberían ser besados. Prohibido. Aquella palabra tenía el gusto más dulce que había probado nunca. Tentaba y ardía en el vientre como una hoguera cuyas llamas parecían elevar de intensidad a medida que los días pasaban y los recuerdos se iban asentando de manera sublime en la memoria. Luna, noche y árboles cubriendo nuestras sombras. Eso era lo que veían mis ojos cuando pensaba en Maron. Su voz ronca y susurrante. Sus manos fuertes en mi cintura. Sus ojos oscuros como la noche absoluta, sólo brillando al tenor de las estrellas. Sed de ese recuerdo y de la creación de muchos otros era lo que me impulsaba en mi intempestivo viaje a Timón de Piedra. Un viaje que quizás cambiaría todo lo que creía correcto....

Llegué a media noche pidiendo que mi nombre no fuera anunciado por respeto a quienes pernoctaban en aquel lugar. Sobre mi vestido azul oscuro iba la capa naranja que había prometido llevar, aunque nunca había repetido dicha promesa en voz alta. Descendí del carruaje y mandé a los hombres que me habían acompañado como comitiva a comer y a dormir gracias a la amabilidad del castellano, a quien conocía desde que fuera sólo una chiquilla. La hermana de lord Swann, amiga mía desde que tenía razón de ser, me recibió en su ropa de dormir, Estaba sorprendida por mi visita, aunque considerando que mi hermano también se encontraba ahí lo había considerado como posible. Con su amabilidad de siempre me demostró la calidad de su hospitalidad y me pasó una de las habitaciones del lugar. "Mañana charlamos largo y extendido, si os parece" me dijo con su típica sonrisa y nos despedimos en la puerta de la habitación que ocuparía luego de pasar por algunas otras habitaciones donde distinguí a los hombres de armadura Martell que resguardaban en sueño de su Príncipe.

¿Qué hacer, esperar acaso que la mañana alumbrase la ventana para presentarme en el desayuno frente a los ojos del Príncipe de Dorne o, en cambio, caminar de forma sigilosa los pocos metros que nos distanciaban y entrar a hablar con él esperando que sus guardias fueran de confiar lo suficiente como parecía para que Maron les confiara su sueño?. El amor, como ya dije, nos hace cometer locuras, y en ese mismo momento con mi mano sosteniendo la cadena que ocultaba el sol dorado dentro de mi corpiño tomé la decisión más peligrosa para la intriga, pero de todas formas la única plausible para poder calmar las ansias de mi interior. Sin deshacerme de la capa siquiera abrí con cuidado la puerta notando el desértico pasillo alumbrado a penas con las luces de las antorchas encendidas en una y otra pared. A pasos suaves avancé asomando mi rostro por el recoveco donde las figuras de dos corpulentos guardias rompían la soledad de aquel espacio. Aspiré aire haciéndome de valor y caminé hacia ellos con la seguridad de mi nombre, no del nuevo, sino del antiguo nombre por el que siempre me habían conocido en Timón de Piedra. Los guardias me observaron sin a penas moverse hasta que me detuve frente a ellos y dije en el tono más bajo posible, aunque de forma imperiosa-. Necesito hablar con urgencia con vuestro Príncipe. Decidle que Valerie, Valerie Baratheon requiere hablar con él ahora mismo- señalé elevando mi mentón con una sutil arrogancia y dando a mi mirada la seguridad que quería imprimir en mis palabras, aunque mi interior fuera el manojo de nervios que venía de no saber qué esperar... o si es que había algo que esperar del todo.


Última edición por Valerie Tyrell el Jue Jun 13, 2013 7:18 am, editado 1 vez

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+18Privado Re: Si nuestro amor fuera más fácil no sería tan épico como lo es (PRIVADO)

Mensaje por Maron Martell el Mar Jun 11, 2013 7:29 am

EL viaje había sido largo, y por supuesto sofocante. Llegaron a Palosanto, dónde los Yronwood les ayudarían a preparar el campamento, mientras Maron se reunía con Lord Nathan. Un barco dirigió a Maron y su guardia hasta Timón de Piedra, allí esperaba el líder de los Baratheon para tratar varios asuntos.

Durante el camino permaneció taciturno, inmerso en sus pensamientos. Tenía mucho trabajo por delante. Los Blackmont, los Wyl y los Manwoody necesitaban que los liberase, y los Dayne y Fowler le habían apuñalado por la espalda. El Rey Buitre permanecía en las marcas ocupadas con unos 10000 efectivos, sobrepasándolo en número. Su hermano permanecía cautivo y las condiciones que le habían ofrecido eran inaceptables, por lo que no sabía exactamente que debía hacer.

Y para terminar de soliviantar sus problemas, la mujer que amaba probablemente llevaba el heredero de sus eternos rivales en el vientre. Si bien ella perjuraba que no consumaría su matrimonio con una treta que solo una mujer tan osada como Valerie podía llevar a cabo, Luthor no era tonto y pondría todas las trabas que pudiera. Los Tyrell debían afianzar su dinastía, como lo tenían que hacer todas las grandes casas en esos tiempos tan convulsos.

Cuando arribó en el puerto fue recibido por una comitiva, apenas habían 50 hombres de los Martell acompañándolo, sus mejores y más leales hombres. Confiaba en Lord Nathan y en su buena fe, siempre habían hecho buenas migas y era una persona con honor, algo que el tiempo le había demostrado que escaseaba, por lo que la guardia era simbólica, un número muy reducido de hombres para una zona tan peligrosa.

Caía la noche, al día siguiente hablaría con Lord Nathan, ya que no cenarían juntos. El príncipe estaba agotado del viaje, por lo que rehusó la cena y pidió que lo llevasen directamente a sus estancias. Aún así los Swann como buenos anfitriones, mandaron que los sirvientes le llevasen suficientes vituallas, no faltó en la mesa vino de su tierra y una bandeja a rebosar de alimentos de la zona. Apenas probó bocado y antes de que terminase de anochecer ya se encontraba acostado.

Le costó conciliar el sueño, había escrito a Lady Valerie y esperaba encontrar a su llegada un cuervo de respuesta, pero el maestre de Timón de Piedra no tenía nada para él. Esperaba que la recientemente bautizada Tyrell se encontrase bien. Le hubiera gustado que se encontrase allí, aunque tuvieran que disimular debido a la presencia de su hermano y Lord de esas tierras. Pero era absurdo pensar en ello. Cuando llegó preguntó al castellano y no había noticias de Valerie. Prefirió no pensar en ello e intentar retomar la tarea de dormir y descansar, el día siguiente sería de negociaciones y tiras y aflojas y debía estar fresco.

Una voz en el exterior de su alcoba desperezó al príncipe. ¿Quién le molestaría a esas horas? No distinguió la voz del intruso, pero si la de su hermano de armas.

Disculpad mi Lady, pero el Príncipe dió órdenes claras y explícitas de no ser molestado deberá ser en otro momento.

¿Mi Lady? Maron se puso en pié de un salto, sólo llevaba un pantalón de seda blanca y fresca que era lo que solía usar para dormir, se calzó unas sandalias de cuero igual de ligeras que la otra prenda y se lavó la cara con una palangana que le habían preparado. Escuchó de nuevo una voz femenina, que aunque no lograba discernir exactamente sus palabras se notaba que hablaba con una osadía que sólo podía ser de ... una Baratheon.

Abrió la puerta de par en par y se quedó callado, hipnotizado ante la presencia femenina, como si de la materialización de sus fantasmas se tratara. Era imposible, debía estar a leguas y leguas de distancia de allí. Pero en cambio allí estaba, más bella que nunca, con la capa del color de la familia Martell y un vestido azul oscuro que le otorgaba un aire místico a la visión. Sin siquiera parpadear recorrió de una zancada la distancia que los separaba y antes de que pudiera pronuncia una palabra, antes si quiera de observar que ojos curiosos los vigilaran, le besó omitiendo cualquier saludo. Faltaron cortesías, así como disimulo ante sus propios hombres, pero ¿Qué importaba? Ellos no hablarían y Valerie estaba allí, no podía hacer otra cosa.

Sostuvo su cintura y una vez cesó su largo beso no supo que decir, las palabras se le atragantaron en la garganta saliendo a borbotones, tenía tanto que preguntar, tantas cosas que contar que no sabía bien por dónde empezar. Empezaría paso a paso, invitándola a entrar.

Pasad mi señora, disculpad que vaya así vestido, pero me habéis pillado tratando de conciliar el sueño. Me alegro mucho de veros, tenéis muy buen aspecto.

Dijo mientras cerraba la puerta tras sus pasos. Sus guardias no necesitaban instrucciones, lo habían entendido todo.

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+18Privado Re: Si nuestro amor fuera más fácil no sería tan épico como lo es (PRIVADO)

Mensaje por Valerie Tyrell el Mar Jun 11, 2013 12:53 pm

Recorrer media Tierra de Tormentas para una negación no estaba en mis planes. Alcé mi mentón de manera orgullosa y observé los ojos de ese hombre con el talante de mi apellido como escudo a mis palabras-. Pues sus órdenes serán otras si no le dais aviso de que necesito hablar con él- dije con seguridad llevando mis manos al faldón de mi vestido con la clara intención de hacerme paso entre aquellos corpulentos guardias y tocar por mí misma la puerta, pequeño obstáculo, que me separaba de hablar con el Príncipe de Dorne. Sin embargo mi acción fue interrumpida por un paso desde el interior de la habitación. El picaporte de la puerta se giró y ante su movimiento me encontré de frente con la única persona que deseaba ver hace ya casi dos meses desde que nos viéramos por última vez. Sin lunas ni árboles, pero con la misma calidez en sus ojos oscuros, Maron Martell aparecía con un gesto sorprendido bajo el umbral de la puerta. En el silencio más absoluto nos miramos como si lo hiciéramos por primera vez, sin sonrisas ni palabras de primera que mediaran las cosquillas que iniciaban en mi piel con su sola cercanía. Y tras ello fue sólo sentir la presión de sus labios sobre los míos para que se acabara todo el aliento, el cansancio, las dudas y los miedos de estar viviendo bajo el yugo de la mentira. Sus labios se volvían así el remedio a todo lo que huía y el único puerto seguro donde yo podía posar los míos. Con ojos cerrados noté sus manos tomando mi cintura en medio del corredor. Los guardias de la puerta, las antorchas y el silencio del sueño desapareció por el instante que ese beso perduró; hasta que nos separamos aún quedos, observándonos sin saber qué decir, como si las palabras se las hubiese robado el beso y en su lugar dejara que sólo las miradas hablaran por unos fugaces segundos.

Aún arrebolada por las emociones del encuentro mis pasos me guiaron al interior de aquella alcoba. No era capaz de fijarme en los muebles ni en la luna llena que decoraba el cielo. Mi mirada seguía absorta en el rostro de Maron como si él no fuera más que una ilusión y la locura se me estuviera escapando de las manos-. Disculpadme a mí por interrumpir así vuestro sueño- dije en un susurro acercando con ligeros pasos el espacio que nos distanciaba y posando mis dedos en su mentón. Su piel estaba tibia y húmeda, y una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios al cerciorarme de que él parecía del todo real-. Pero saber que estabais a sólo unos pasos de distancia y no atravesarlos para veros me parecía, del todo, la más tonta locura- reconocí en ese tono susurrante que estaba utilizando mientras con mi otra mano tocaba la desnuda piel de su torso y me abrazaba a él. Ahí, rodeando con uno de mis brazos su cuerpo dejé que mi cabeza descansara sobre su pecho. Cerré mis ojos escuchando el repiqueteo de su corazón en el interior y bajé mi otro brazo para rodearlo por completo. La noche ahora parecía cálida, tan cálida como si el mismo sol hubiese desplazado al astro nocturno para abrasarme con sus rayos de fuego. Casi podía oír el oleaje del mar y sentir en la punta de mi nariz la arena que venía con la figura de Maron fuera donde él estuviera.

No sé cuántos segundos o minutos pasaron en el silencio de un estrecho abrazo que hablaba con la determinación de mis brazos rodándolo. Las dudas de las últimas semanas se disiparon con aquella cercanía y recordé las palabras que nos habíamos dicho la noche anterior de mi enlace en Altojardín. En un lento movimiento mis labios se posaron en su pecho y un beso mudo salió de ellos en el cual sentí el sabor de su piel como si fuera su aliento que me atravesaba. Levanté mi mirada hacia la suya y dejé que el aire de mis pulmones se desvaneciera en el primer suspiro de la noche-. No sé qué hago aquí, pero sé que por incorrecto que se vea es lo único correcto a hacer- confesé en la penumbra de la alcoba-. Vuestra carta llegó a mí hace una semana, y con ella aún entre mis manos supe que tenía que venir a veros sin importar el riesgo que ello implicara- mis brazos lo soltaron y subieron hacia su cuello abrazándose a él. Sonreí mientras una de mis manos se enterraba en su cabello y las sombras de la noche ocultaron el brillo de mi mirada contra la suya-. No hay pluma aún que pueda imprimir esto...- y mi pies se pusieron de puntillas para atrapar nuevamente mis labios con los suyos en un beso que sabía a pecado, el más dulce pecado que los dioses habían creado. Dulce como la miel y como el néctar de las flores, peligroso como el mar embravecido y bello como el sol dejando caer sus rayos sobre las tierras durante el atardecer. Mi respiración se aceleró a medida que mi boca se abría a la suya, a la intimidad de mi alma que sólo podía ser conocida por un beso como ese, fuego y azúcar, caramelo tibio que derretía las barreras, los apellidos, los deberes y derechos que nos separaban a vista de la sociedad. Valerie Tyrell dejaba su apellido y su enlace caer como cae la lluvia y desaparece en la tierra. Ahí, besando los labios de Maron no era más que la mujer que besaba lo único que quería consigo como si todos los demás consuelos de este mundo hubiesen desaparecido. Desesperación, miedo a la próxima ausencia, noches en velas pensando en el futuro y el cálido presente de sus labios era lo que se mezclaba en un beso que tenía todos los ingredientes para hacerlo inolvidable-. Si ya os amaba hoy me volveré adicta a vos- comenté abriendo mis ojos para observarlo mientras distanciaba mi rostro del suyo y recobraba el aire perdido, ese aire que él robaba de mí para hacerlo suyo-. Aunque ahora mismo no sepa qué haremos si es que hay algo por hacer. Si es que hay alguna forma de romper lo que los Siete han unido... si es que hay alguna solución para no tener que veros a hurtadillas como hago ahora- mi mano acarició la mejilla del Prínicipe de Dorne y admiré su rostro de facciones varoniles sabiendo que jamás podría olvidarlo aunque las lunas se sucedieran unas a otra en su ausencia-. ¿Tenéis, príncipe mío, respuesta a esa duda o esta noche será el momento de indagar si hay respuesta alguna?- pregunté con la esperanza de que él ya hubiese encontrado un camino que yo no era capaz de ver, a pesar de que esa noche, bendita y hermosa noche, ya verlo me daba la felicidad que durante las últimas semanas había creído perdida para siempre.

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Mensaje por Maron Martell el Mar Jun 11, 2013 7:54 pm

Nada más lejos de la realidad. No conseguía dormir, pensaba en… vos. Todo lo contrario, pensaba que estabais en Refugio Estival y quería teneros cerca.

Sus delgados dedos sostuvieron su barbilla mirándolo a los ojos, y floreció aquella sonrisa que se había grabado a fuego en su subconsciente, un escalofrío recorrió su espalda cuando con la otra mano tocó su pecho para luego abrazarlo.

No mi lady, habéis hecho bien. Sonrió inevitablemente cuando posó su cabeza en él. De hecho, si me hubiese enterado que estábais aquí y no veníais a verme, os tendría que haber castigado. ¿Qué clase de recibimiento sería?

Permanecieron callados sin moverse, por si cualquier movimiento pudiera romper la paz que habían alcanzado. Después de meses de vacío, de no encontrar un soporte, alguien con quien compartir la pesada carga que llevaba a sus espaldas, durmiendo en una cama vacía que parecía hacerse cada vez más grande. Aquello era increíble. Precisamente era por lo que había esperado, por lo que había mandado a aquel mercenario a buscarla hasta que la sensatez, más bien la paciencia volvió a él. Y sinceramente, había merecido la pena.

Pero aquella situación debía cambiar, tenían que hacer algo. Las esperas eran eternas, cada día esperando un cuervo, una noticia que hiciera cambiar su suerte, algo, cualquier cosa…

No quería poneros en un aprieto, pero ahora que estáis aquí no puedo evitar alegrarme por peligroso que sea. ¿Qué le dirás a Nathan? ¿Cómo le explicarás porqué has venido?

Pareció callar sus preguntas con aquel beso, era corto, suave y húmedo a la vez, fresco como las tierras en dónde estaban y a las que claramente aquella mujer pertenecía, dulce pero a la vez ardiente. El príncipe comenzó a ponerse nervioso conforme la mujer se acercaba a él. El dorniense la deseaba pero la amaba mucho más que lo que el deseo puede provocar, y no quería hacer nada de lo que luego pudieran arrepentirse. Sentía su respiración, su pecho moverse con parsimonia al ritmo de la misma. La calidez de su piel, el olor de su cabello y sobretodo sus labios. Su sabor y su tacto, harían enloquecer a cualquier hombre y con Maron lo habían conseguido, era indiscutiblemente suyo.

Si ya os amaba hoy me volveré adicta a vos. Aquello era posible. Esa sensación en el estómago al oír esas palabras, aquel impulso irrefrenable que lo atraía hacia ella. Volvió a pensar que quizás estaba soñando, o los dioses se burlaban de él. Cómo cambiaba la suerte de un momento a otro.

No tengo respuestas a esas preguntas, pero sinceramente… creo que poco importan. Estamos juntos de nuevo, ya se nos ocurrirá algo. Llevo meses intentando buscar una solución a nuestro problema y pensando en el momento en que volvería a veros. No pienso malgastar este tiempo en lo mismo, disfrutémoslo.

La sujetó por la cintura para empujarla con suavidad a la cama, aquello no lo había previsto, pero se dejaría llevar, no pretendía hacer nada, simplemente lo que su corazón le dictase. Si ella se negaba o lo rechazaba lo entendería, pero no era capaz de suprimir las ganas de devorarla. Animado por las palabras que la bella mujer castaña le había dedicado, ayudado por esos ojos color verde que lo atraían como un señuelo a la presa, se recostó a su lado, casi encima suyo, besando sus carnosos labios.

Se detuvo un instante para mirarla fijamente y susurrarle lo que ya era inevitable callar.

Os amo Valerie, lo siento pero... os amo.

Y volvió a sumergirse en sus besos, el motivo por el que seguía hacia delante, su agua en el desierto.

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Mensaje por Valerie Tyrell el Miér Jun 12, 2013 1:06 pm

Tantas preguntas, tantas dudas quedaban en el tintero mezcladas con besos que la tinta se diluyó y olvidé responder a la mitad de las preguntas y preguntar la otra mitad de mis inquietudes. Cualquier signo de temor desapareció de mi rostro cuando oí la verdad que salía de los labios de Maron. ¿Para qué pasar la noche repasando en voz alta las preguntas que ambos nos habíamos hecho durante todo este tiempo de separación? Tiempo inútil de palabras que podía ser llenado con besos. Intrigas que tarde o temprano llegarían a un puerto u a otro, y entre medio, mientras aún nos quedaba tiempo, lo mejor era simplemente navegar en el sentir y olvidar el pensar porque para pensar tenía todos los demás días y meses que pasarían quizás sin verlo de nuevo. 

Sus manos me guiaron a la cama y me dejé llevar por él con la sumisión del amor y el candor que tenía de sus besos. Mi espalda se acomodó sobre el cubrecama y mi cabello se desparramo como hebras de seda oscura en la almohada. Nuestros ojos se encontraron en esa nueva cercanía cuando las palabras más dulces oídas salieron de sus labios. Sentí una contracción, un instante sin aire en mis pulmones, una felicidad tan grande que mi cuerpo se hacía pequeño para él y lo que sus palabras habían dicho. Sonreí con las mejillas arreboladas y con mis manos acariciando la piel de sus hombros desnudos recibiendo así nuevamente su beso, cerrando mis ojos para dejar concentrado en la oscuridad que brindaban mis párpados todas las emociones que parecían un torbellino dentro de mí.

En esa nueva penumbra mis manos bajaron por su torso. Mis dedos acariciaron la musculatura de su costado y se adentraron en su espalda. Una a una palpé las cicatrices que podía imaginar sin necesidad de mirarlas. Heridas de guerra que me podría haber arrebatado ese preciso momento en el que Maron estaba sobre mí más cerca de lo que nunca antes había estado nadie. Tanteé el terreno de su piel tibia, tan ardiente como el sol de verano, y noté cada músculo marcado a base del entrenamiento físico del príncipe de Dorne. Sonreí al interior del beso que me regalaban sus labios y subí mis manos hasta sus hombros una vez más, aferrándome a ellos para acercar más su cuerpo al mío como si él fuera mi única salvación contra el mismo hoyo en el que me estaba hundiendo. Labio contra labio, mis dientes jugaron y atraparon su labio inferior interrumpiendo el beso que ya me había robado todo pensamiento para transformarlo en acción. Abrí mis ojos perezosamente y aspiré una bocanada de aire al soltar mi ingenuo mordisco.

- Esto.... me molesta- comenté llevando mis manos a mi cuello donde la capa naranja que él había pedido se entrelazaba para no caer. Sonreí nerviosa buscando la mirada de Maron, con el brillor en mis pupilas representando la emoción del paso a dar y el miedo del mismo. Busqué en sus ojos la respuesta a la muda pregunta que carcomía mi interior mientras el calor del momento me abrasaba. ¿Debo acaso...? me pregunté por un instante fugaz...  y dejé que mis dedos se deshicieran de la capa tirando del lazo que la mantenía unida. La misma se deslizó de mis hombros hacia el colchón, y abandonando esa capa de tela noté el primer paso a la liberación, como si prenda por prenda que fuera saliendo de mi cuerpo me alejara de las responsabilidades de mi apellido, de mi compromiso, de los deberes que falsamente había prometido a los dioses que más que nada me habían arrebatado la felicidad en vez de entregármela. Aquel pensamiento me hizo reír ligeramente mirando a Maron aún con mi carcajada rompiendo el silencio en el cual nos habíamos sumido. El miedo desapareció y las dudas se disiparon observando sus ojos y paseando una de mis manos por su cabellera espesa. Enterré mis dedos en la curvatura de su cuello y elevé mi rostro hacia él para hacerle notar en el más encendido de los besos que hoy sería suya sin puntos ni comas, ni peros ni comos. Hoy, con mi lengua compartiendo la humedad de su boca olvidaba quién era yo para transformarme en suya aunque ello pareciera ser sólo la ilusión de una noche. 

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Mensaje por Maron Martell el Jue Jun 13, 2013 4:23 am

Valerie recibió la invitación sin ningún gesto negativo, ambos sabían que acabara como acabase, estaban haciendo mal. Pero poco o nada les importaba, a estas alturas, ya estaban más que ciegos. Cegado por la locura que produce la esperanza de un futuro distinto. Romper con las normas establecidas y hacer lo que realmente deseaban.
 
Su cabello oscuro contrastaba con las sábanas blancas creando un mar de olas erizadas, su media sonrisa acompañada de su mirada animaban al príncipe que actuaba con gesto decidido. No había marcha atrás aquella noche la amaría.
 
Un mordisco en el momento equivocado, sumados a que la respiración de Valerie se entrecortaba hizo que el poco juicio que le quedaba a Maron, desapareciera completamente. Con unas manos nerviosas se deshizo de la prenda que le molestaba, encendiendo progresivamente al sureño. Por su parte Maron deslizó la tira izquierda del vestido por el hombro de su amante, depositando un beso cuando lo hubo retirado descansando en mitad del brazo de la mujer. Subió con besos cortos hasta alcanzar el cuello, dónde no pudo evitar morder con cuidado y respirando hondo, procurando contener sus ansias y no ser brusco con la dama.
 
Os ayudaré a estar más cómoda.
 
Susurró en su oído a la vez que comenzaba a descender de nuevo con besos hasta el escote de Valerie. Tomo aire de nuevo para no precipitarse y con otra mano, apartó la tira restante del vestido, que liberaría que el pecho de la mujer que aún así permanecía todavía tapado. Maron no quería agobiarla con un ritmo, actuaría despacio respetando los tiempos que ella marcase, al menos mientras pudiera reprimir su deseo que poco a poco le costaba más.
 

Cruzó una mirada fugaz con la “Tyrell” cuando ascendía para enfrentarse de nuevo a sus labios, esta vez con más fuerza y más pasión, con mucha menos cabeza, la perdía por segundos. Una mano prácticamente inconsciente bajó a su cintura y se escapó a la parte baja de su muslo, acariciando con firmeza la pierna de la mujer. Detuvo los besos para coger aire y morderse el brazo, intentando controlar el impulso irrefrenable que había nacido en su interior de romperle el vestido y tomarla como si fuera suyo.

¿Estáis segura de esto?

Sus ojos le decían que si, su respiración y el latido que sentía cuando besaba su escote y cuello lo confirmaban, pero necesitaba oírlo. Escucharlo de su boca para dar rienda suelta a su corazón y entregarse en cuerpo y alma a la que quizás en un futuro pudiera ser su esposa.

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Mensaje por Valerie Tyrell el Jue Jun 13, 2013 6:13 pm

Describir roces no es lo mismo que sentirlos, porque sentir la mano de Maron deslizando mi vestido me hizo olvidar el uso de palabras. Una nebulosa donde sólo estaba él, su aliento y sus dedos, mi cuerpo concentrado en lo que él hacia con ello y mi cabeza negando los pensamientos que querían amenazar el momento. Sus labios subiendo por mi piel. El calor de su tacto y su frase que se entremezclaba entre lo que yo no quería pensar. Mis manos acariciaban su piel con curiosidad como si pudieran leer en cada músculo una promesa de noches que vendrían. Eran el mapa del futuro que no sabíamos si tendríamos, pero que deseaba con todo lo que había en mí. 

Mirada y un nuevo beso arrebatador de toda cordura. Mis dedos enterrados en su cabello y mi rostro ladeado para besarlo con mayor profundidad. Su mano tan curiosa como la mía se hizo camino bajo mi vestido y noté el calor en un lugar que jamás había sido tocado por otro hombre. El aliento de mis pulmones se detuvo y una contracción en el bajo vientre me hizo soltar un pequeño gemido de impresión que no pude reprimir, como si de pronto mi cuerpo ya no me respondiese y sólo diera respuesta a lo que él quería hacer con él. 

- No- respondí a su pregunta mirándolo con un brillo completamente nuevo en mis ojos. Lujuria bajo el verde de mis iris que hacían ver toda mi mirada más iluminada como si dentro de ellos crepitaran llamas-. Pero no me importa- señalé con una sonrisa encantadora mientras poco a poco me incorporaba de mi posición y empujaba con una de mis manos a Maron hacia atrás hasta obligarlo que se hincara sobre el colchón, tal como yo me hincaba frente a él. Ahí observé su rostro con la respiración aún un poco agitada. Admiré el mismo brillo en sus ojos que debían tener los míos y busqué su mano, grande y pesada, para llevarla hacia mi pecho donde se encontraban los primeros lazos de mi vestido. Sus dedos se sentían tan calientes sobre mi piel que debí tomar un poco de aire antes de volver hablar-. Es hora de que todo lo demás deje de importar- concluí retomando la cercanía que habíamos tenido y posando mis labios en su cuello sin dejar de sentir como nudo a nudo los lazos que afirmaban aquellos ropajes comenzaban a caer. Una dulce rudeza eran las manos de Maron llevándose mis ropas mientras las mías rodeaban su torso y bajaban por su espalda hasta el límite de su pantalón. Mis dedos rozaron la seda blanca  y sonreí con aquel nuevo nerviosismo que se confundía con la adrenalina.

El viento azotó la ventana y los árboles golpearon la misma como si osaran interrumpir lo que sucedía al interior de la habitación. Mis labios se unieron a los de Maron con el vestido enredando en mi cintura y el corpiño siendo lo único que separaba mi cuerpo de su primera desnudez. Mi mano tomó el camino que Maron había dejado libre del vestido azul y alcancé la cadena de oro que caía de mi cuello, jalando de ella para revelar el sol que se había mantenido todos estos días escondido bajo los pliegos de mis ropas. El metal ardía en contacto con mi piel tal como lo hacía mi cuerpo cuando eran las manos del Príncipe de Dorne las que se posaban en el. Y con el signo de la casa Martell meciéndose al son de mi respiración acelerada me di cuenta que no había nada que temer. Que pasara lo que pasara los días que vendrían yo jamás podría arrepentirme de ese preciso momento. 

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+18Privado Re: Si nuestro amor fuera más fácil no sería tan épico como lo es (PRIVADO)

Mensaje por Maron Martell el Miér Jun 19, 2013 8:44 am

Sintió la mano fugaz deslizarse por la entrepierna de Valerie, como si no fuese suya. Un espasmo en el cuerpo femenino le confirmó que había llegado a un punto delicado, pero la Baratheon no rechazó el contacto, lo que sólo hizo que Maron continuase. Acariciaba por encima de los ropajes, ejerciendo cierta presión sin quererlo llevado por la excitación y el deseo. 

Sentiá los labios de su amada, su aliento y respiración, la presión de su mirada y su mano agarrando el pelo de su nuca como para inmovilizarlo, para que no cesase las caricias y los besos, el sureño no pensaba hacerlo.

No. 


Exacto, aquello estaba mal, era un error garrafal, pero poco importaba antes, y menos importaba ahora. La atracción que sentía por ella era irrefrenable y su cuerpo y miradas no le ayudaban a mantener la calma. Por lo que se abandonaría al placer. Ya tendría tiempo de alegrarse o arrepentirse de aquello.
Se dejó hacer, Valerie guió su mano para invitarle a que el quitase las últimas sujeciones del vestido. Con cierta torpeza fue desabrochándolas para liberarla de los ropajes, respiró hondo cuando sintió el contacto de sus manos con la cintura de su pantalón y saboréo la sonrisa de la Baratheon mientras le quitaba el vestido dejándola sólo con el corpiño.
 
La mujer se detuvo un isntanté y tiró de una cadena de oro para revelar la joya que hacía tanto tiempo le había regalado él mismo, muchos recuerdos y una ola de sentimientos invadieron el pecho del Martell.
 
Os queda bien esa joya mi señora, los colores y emblemas de mi casa os favorecen.
 
Dijo con una sonrisa de medio lado mientras comenzaba a desatar el corpiño a la vez que besaba y tironeaba de su labio inferior.
 
Una vez desabrochado no quiso retirarlo, prefirió que lo hiciera ella, que había continuado con su pantalón que ahora estaba liberado pero no se lo había quitado. Un escalofrío recorrió su espalda cuando admiró su desnudez, junto con un impulso que no quiso contener.
 
Se revolvió empujándola con delicadeza para quedar sobre ella, para una vez tumbada terminar de retirarle el resto de ropajes, se inclinó sobre ella para besarle con una mano apoyada en su mentón, y poco a poco fue descendiendo. La garganta, por la zona de la nuez, el cuello pasando por la clavícula, acompañó la curvatura del pecho femenino hasta llegar al escote, continuó besándolo para descender al ombligo, dónde se desvió para dar un leve mordisco en sus costillas.
 

Bajó un brazo que colocó para estar más cómodo detrás de la rodilla de la bella mujer, abriendo sus piernas mientras continuaba su recorrido de besos alternos con mordiscos hasta llegar a su pubis. Allí se detuvo para mirarla de nuevo a los ojos con deseo y hundió su cabeza en la entrepierna de su amante. Quería provocarla quería que se dejase llevar tal y como él estaba haciendo. Rozó suavemente su humedad varias veces pero sin llegar a estimularla del todo, sólo era un juego cuyo objetivo era que perdieran la poca cordura que les quedaba.

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Mensaje por Valerie Tyrell el Jue Jun 20, 2013 3:29 pm

Nunca había sido consciente de la cantidad de ropa que me ponía cada mañana. Era como si kilos y kilos de tela me rodearan y no me dejaran respirar, sobretodo en ese momento que respirar parecía una tarea complicada. Los dedos de Maron buscaban la forma de deshacerse de ese corpiño desatando los nudos que deseaban impedirlo. Mis ojos cerrados se concentraron en el sentir de sus besos, en las cosquillas de mi piel, en cada una de las reacciones físicas que me impedían pensar en otra cosa. Abrí mis ojos y jalé del corpiño ya desabrochado botándolo en el suelo. Mis mejillas se colorearon aún más por mi nueva desnudez y lo quedé mirando un instante, como si en el silencio de miradas se dijera todo. 

Sobre la cama una vez más mis manos se deslizaron por el torso del cuerpo de Maron. Poco a poco, con el arrastre de mis uñas, fui dejando lo que no era un rasguño, sólo  una caricia lenta bajo el estupor de lo que toda aquella secuencia de besos había desencadenado en mí. Su beso imprimía la fuerza de Dorne con la delicadeza de una brisa tibia. Sus labios iniciaron entonces el paseo más tortuosamente placentero que jamás pensé sentir. Mis pulmones se quedaban sin aire y mi piel se erizaba al paso de sus labios. Reacciones como el endurecimiento de  la zona más sensible de mis senos, el palpitar de mi vientre, los suspiros que se iban profundizando a medida que él iba descendiendo, todo ello concatenado a un mismo fin. Con mis manos tomé el cubrecama revuelto en un puño y abrí mis ojos al techo de la habitación cuando sus dientes mordieron mi piel. No dolió pero fue extasis puro en toda la envergadura de la palabra; y sin embargo, aún no era capaz siquiera de imaginar su tentador movimiento. 

Humedad que me hizo soltar el halo de aliento que me quedaba. Mis manos soltaron el cubrecama y sujetaron su cabello jalándolo presa de la extraña y maravillosa sensación. No sé por qué, pero una risa nerviosa y cantarina se escapó de mis labios a medida de que mi espalda se arqueaba ligeramente hacia atrás. ¿Y acaso había acto más íntimo que ese, donde todas las barreras quedaban en el olvido y sólo piel con piel se complementaban?. 

Sin poder resistirlo más cerré mis piernas quitando su rostro de entremedio. Lo miré incorporándome sobre el colchón, sentándome en el mismo e inclinándome hacia su rostro hasta saborear sus labios. Sentía demasiado calor aunque ya no tuviera prenda alguna encima y los labios de Maron no hacían más que subir otro tanto más la temperatura. Gateé hacia él, sugerente, libre de todas las leyes divinas y humanas que en ese momento estábamos quebrando. Mis dientes se quedaron en su labios un momento y abrí mis ojos mientras era yo quien ahora lo dejaba de espaldas contra el colchón, contrario a la posición natural de la cama, observándolo con una mirada felina, intrigada y segura, aunque estuviera un tanto nerviosa. Liberé lo que quedaba de su pantalón y lo dejé en el suelo, revuelto entre mis propias ropas, y sin mirar lo que me proponía a tocar bajé mi mano por su estómago hasta sentir la dureza de la cuál sólo había escuchado hablar y que había visto en ocasiones médicas algo curiosas. Mis dedos tocaron esa piel palpitante en cuanto lo tomé con mi mano. A un lado de Maron recosté mi cuerpo junto al suyo, enredando una de mis piernas con la de él. Mi otra manos se posó junto a su cabeza y mi lengua se acercó al lóbulo de su oreja mientras iniciaba una tarea manual lenta, casi pensante, aunque no estaba pensando en nada más que su cercanía me estaba volviendo loca y que me impediría volver a salir de ese infierno-. ¿Sabíais que había soñado con esto desde que abandonarais Alto Jardín?- le susurré con el poco aire que me parecía quedar sin detener el movimiento de mi mano en su zona más íntima. Alcé mi rostro para buscar el suyo. Le sonreí. Y ante un nuevo beso que depositaba en sus labios me imaginé haciendo esto mismo una y otra vez... durante el resto de las noches que me quedaban de vida.

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Mensaje por Maron Martell el Jue Jun 20, 2013 5:48 pm

Tironeó del pelo de su nuca perdida en el placer, lo que consiguió que Maron se excitase aún más, ya no podía pensar en otra cosa que no fuera el cuerpo de Valerie y lo que sentía hacía ella. No había más mundo que el de esas cuatro paredes que escondería aquel secreto por el bien de ambos.
 
En un movimiento le apartó de su bajo-vientre para besarlo de nuevo con una mirada decidida que convenció al sureño, terminó de conquistarlo cuando gateó. El Martell sintió un cosquilleo en el estómago acompañado de un vuelco que consiguió estremecerlo. Le había gustado, aquella provocación había sido demasiado. Pero como si no fuera suficiente para la mujer le terminó de quitar el pantalón y antes de que se diera cuenta cogió su hombría.
 
Sentir el tacto de su mano encendía sus instintos más bajos, le entraban ganas de dejarse llevar y hacer el bruto pero luego se arrepentiría, iría despacio disfrutando de cada segundo que compartiría con ella esa noche.
 
Sus palabras no lo ayudaban en nada, sumado a la parsimonia de su mano le harían perder los papeles. Tenía que recuperar la situación o al menos igualarla. Se mordió el labio inferior y le miró a los ojos con rostro serio intentando seguir siendo dueño de sus extremidades y sus gestos, y con una mano se deslizó por delante de su ombligo hasta alcanzar su entrepierna, aprovechó que tenía su boca cerca y le susurró antes de besarle con deseo.
 
Desde hace ya demasiado tiempo no dejaba de pensar en otra cosa … os necesitaba.
 
Continuó imitando su ritmo, si quería que el sureño sintiera aquella mezcla entre placer y nervios, lo sentirían los dos. Notaba el calor del cuerpo de la Baratheon junto al suyo, empezó a perlarse por el sudor y a la luz de las escasas velas que iluminaban la estancia la hacían parecer aún más bella. Con la mano libre no lograba hacer otra cosa que sujetarse al colchón para no perderse en aquella inmensidad de placer.
 
Esta noche os haré mía.
 

Le dijo justo ante de morder su labio y aumentar los movimientos de sus dedos a la vez que ejercía presión justo encima, por lo que sabía de mujeres había un punto allí que las hacía retorcerse de placer. Valerie estaba haciendo aquello demasiado bien, estaba consiguiendo que Maron se dejase llevar, sin pensar que para la joven era su primera vez y quizás no debía ir tan rápido.

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Mensaje por Valerie Tyrell el Jue Jun 20, 2013 8:17 pm

Una mirada seria de parte de Maron me hizo preguntar qué pasaba por su cabeza. Mis ojos en los suyos lo miraban con el brillo del desafío y de la excitación de no saber qué vendría a continuación. Percibí el roce de sus dedos en mi ombligo. Quemó y aún así soporté estoica su avance mientras sus dedos se colaban en el lugar donde hace sólo unos minutos antes jugaba su lengua.

Agitada del todo, de mi pulso cardíaco y de mi respiración, la mano que tomaba su hombría con la soltura de una mujer decidida mantuvo el ritmo que llevaba para acelerarlo de a poco. Abrí mis piernas de forma sugerente, ayudando su movimiento, haciéndole de forma muda una invitación que a esta altura ya no era siquiera necesaria; y acepté su beso creyendo que ya no había forma alguna de que pudiera sentir más de él, cuando todavía no sentía ni un cuarto de las maravillosas sensaciones que Maron me podía enseñar aquella noche.

Jadeos leves escapaban de mi garganta mientras mi mano se movía más a prisa iniciando el camino de picada hacia la desesperación. Nebulosa mi mente, ya sólo veía a Maron, la alegría de que él fuera con quien compartía aquella intimidad y el deseo que me cegaba del todo. Veinticuatro años y nunca antes había experimentad aquello. Cuanta perdida de tiempo, sí, demasiada pérdida de tiempo, y ahora no me disponía a perder tiempo que no tenía nunca más. Por ello no pude más que sonreírle al hombre a quien me entregaba al aseverar que aquella noche sería suya, porque lo sería de todas las formas posibles que pudiera, ya fuera sólo esta noche o muchas otras que llegaran de una u otra manera.

- ¿Ah sí?- pregunté de manera coqueta soltando mi mano de su hombría sin dejar de percibir cómo él mantenía su presión en mi intimidad. Un gemido como un suspiro escapó de mi garganta dándome el aviso de que algo explotaría en mí si seguía de esa manera. Mi mano ahora libre buscó la suya que hurgaba dándome tanto placer. La tomé alejándola de la cálida zona de mi entrepierna y me incorporé para rodearlo con mis piernas y caer a horcajadas sobre él, pudiendo sentir su hombría presa entre mi cuerpo y el suyo-. ¿Y cómo pretendéis hacer eso, príncipe?- le interrogué meciéndome lentamente, dejando que la intimidad de nuestros cuerpos se tocaran con cierta fricción. Erguí mi espalda y lo observé desde la altura de aquella posición, con mi cabello desordenado cubriendo mis senos y la medalla de Dorne, caliente y brillante, colgando de mi cuello como único vestigio de mi vestimenta. Desde ahí experimenté lo que había escuchado como el verdadero y único poder de la mujer, poder que se controlaba en la cama, entre extremidades desnudas y pieles tibias. El poder que me daban los ojos de Maron al mirarme así, como si yo fuera el único ser en la faz de la tierra capaz de cumplir cada uno de sus caprichos. Y ese poder me gustó, me cautivó como nunca antes me había cautivado poder alguno, llevando a que mantuviera aquel ritmo suave de mis caderas hacia atrás y adelante, tentando con cada impulso al Príncipe de Dorne, uno de los hombres más poderosos de Poniente, y a quien quería mantener caliente y caprichoso por siempre en mi lecho... para que siempre recordaba que yo sería su única salvación, sin importar qué giros cobraran nuestras vidas.

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Mensaje por Maron Martell el Jue Jun 27, 2013 9:19 am

Valerie aumentó el ritmo, provocándole placer con su delgada mano moviéndola incansablemente sin darle un respiro. Maron intentaba seguirle el paso con su mano, pero el placer le cegaba y sin darse cuenta se detenía  entre jadeos.

Estaba decidido a detenerla, pero instantes antes ella se precipitó sobre él y empezó a mecerse juguetona provocando una fricción entre su miembro y su pubis con una mirada pícara contra la que poco o prácticamente nada podía hacer.

...dioses...

El pecho de la bella mujer se movía con su respiración y movimientos, los ojos de Maron se clavaron en los labios entreabiertos que dejaban escapar su dulce aliento, y ella continuaba impertérrita como si la mirada suplicante de Maron no tuviera efecto. No quería más juegos, más provocaciones ni más rodeos. La quería a ella.

Quizás así…

La sujetó por la cintura para que dejase de moverse con una mano, y con la mano libre colocó su hombría entrando levemente en ella. Con mucho cuidado mordiéndose el labio inferior para intentar no ir más rápido. Sabía que ella seguía siendo doncella, por mucho que la deseara tenía que ir despacio, pero… era imposible.

Alzó la mano que ahora quedaba libre hasta su cuello, para tirar de ella de tal forma que se inclinase de nuevo sobre él y poder alcanzar el dulce néctar de su cuello a la vez que entraba del todo en ella con una embestida que no fue del todo sutil. Un bufido se le escapó al notar la acogedora calidez del interior de Valerie.

Se maldijo por perder los estribos y comenzó a moverse muy lentamente bajo ella, esperando no haberla hecho daño y captando bocanadas de aire con su perfume impregnando la estancia. Ojalá aquella noche durase para siempre. No lo haría, pero la disfrutaría y la recordaría mucho tiempo, hasta que se repitiese, si lo hacía. Cosa que sólo dios o los dioses podían saber, si es que existían y lo sabían.

No, allí no había dioses, sólo Maron y ella amándose cómo si nunca más pudieran volver a hacerlo. Rompiendo reglas y tabúes por igual y lo peor de todo. Disfrutándolo como nunca. Entre mordiscos, risas y jadeos continuó con lentitud esperando que ella marcase el ritmo por las posibles molestias que pudiera sentir.

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Mensaje por Valerie Tyrell el Vie Jun 28, 2013 12:51 pm

Su mano atrapó mi cintura provocando que detuviera aquella dulce y placentera tortura. Lo hice mirando en sus ojos aquel deseo suplicante que parecía brillar, pedir a gritos un poco más. Le sonreí divertida y noté algo duro que punzaba con mi intimidad. La sola sensación de aquella cercanía me tensó reconociendo con ello que se acercaba el momento de dar el primer paso de ese encuentro que luego no podría tener retroceso alguno. Tras romper aquella barrera ya sucedía algo innegable y determinante, aunque ahora mismo no era capaz de prever las verdaderas consecuencias que pudiera alcanzar.

Me dejé llevar por la mano en su cuello acercándome a él. La medalla dorada se posó ahora en el pecho de Maron, siendo lo único que separaba mi desnudez completa de la suya. Hundí mi rostro en la curvatura de su hombro sintiendo en mi cuello el halo de su aliento agitado. Sus labios posarse ahí y de pronto su hombría entrando en mí con un golpe que me robó un quejido de mi garganta acompañando del dolor más placentero que había sentido nunca. Ardía, sí, realmente ardía. Era como si aquello no pudiera caber, y aún así lo hiciera dejando que mi piel interna lo abrazara en esa completa estrechez. La barrera de mi doncellez se rompió en ese mismo momento y mis dientes se enterraron levemente en la piel del hombro de Maron acallando el grito que había acompañado a esa sensación tan intensa que llegaba a parecer ajena a mi cuerpo, a mi piel, a las yemas de mis dedos que se enterraban en el edredón con fuerza. Así sobre él sentí su movimiento suave, su entrada y salida de mi intimidad provocando que las cosquillas se multiplicaran. Jamás pensé que un sentir me pudiera volcar en la locura que aquella sensación me estaba volcando.

Me erguí poco a poco sintiendo cómo con eso su miembro se profundizaba en mí. Exhalé un suave gemido, casi como un ronroneo que se arrastró por mi garganta a medida que lo sentía del todo adentro de mi cuerpo-. Dioses...- murmuré cerrando los ojos por un instante y disfrutando de ese extraordinario dolor que a paso lento iba a mutando en el sentir más pleno que nunca antes había experimentado. Sonreí y abrí mis ojos para mirarlo. Estudiar su rostro, cada una de sus facciones, su mirada en la mía. Una risa juguetona proveniente de mi boca acaparó la alcoba mientras mantenía aquel vaivén que se iba tornando más intenso mientras me acostumbraba a tenerlo en mi interior-. Me gusta esto- le reconocía de manera pícara posando mis manos en su pecho y rasguñando su piel sin detener el suave movimiento de mis caderas. Me pregunté si había algo más, algo mejor tras todo aquello que estábamos haciendo al interior de esas cuatro paredes. ¿Había sentir más absoluto, maravilloso y extasiante que la unión de dos cuerpos de esa manera? No conocía ningún ejemplo, y considerando que Maron era mi compañero en ese viaje no dudaba que si no fuera por él todo ello no me parecería tan perfecto como lo era en aquel momento.

Me incliné hacia adelante y en la suave penumbra de la alcoba mis labios atraparon los suyos para besarlo. Hambre de su boca, de sus besos, y ahora de aquel pecado que estábamos cometiendo. Iniciaba el trayecto a la peor de todas las torturas: los días y noches que se vendrían sin poder compartir mi lecho con él. Pero aún no quería pensar en eso...

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Mensaje por Maron Martell el Jue Jul 04, 2013 3:09 am

Sentía el calor del cuerpo de Valerie cuando estaba sobre él, con la medalla entre ellos. Medalla que a pesar de estar completamente desnuda, no se desprendía de ella. Un leve mordisco le indicó que quizás si se había dejado llevar y no había sido del todo delicado, pero la Baratheon continuaba moviéndose lentamente haciéndole sentir cada segundo y cada cm que se desplazaba.

Sintió una punzada de placer cuando se irguió sobre él y entró aún más en ella cerrando los ojos e intentando sin éxito aguantar un bufido. Posó sus manos en las piernas de su amante para ascender en una caricia hasta sus senos. Acariciándolos en el vaivén en que se mecían ambos cuerpos.

Me gusta esto.

Abrió los ojos mirándola fijamente, no podía decirle esas cosas si pretendía que fuese cuidadoso y menos con ese tono mientras no se detuviera. Nadie podía aguantar aquello. Se inclinó sobre él para besarlo con pasión como si se tratara de necesidad más que de apetencia, y aquello invitaba a Maron a continuar.

Con las manos todavía en su pecho, descendió hasta las costillas para alzarla y recostarla rápidamente sobre la cama. Ahora él estaba encima.

Sin esperar su reacción o que se ubicase de nuevo, dirigió rápidamente una mano a su entrepierna y la otra a su barbilla atrapando su mirada mientras comenzaba a estimularla de nuevo. Seguramente Valerie no quería que el Martell saliera de ella, y mucho menos que regresase a aquel juego. Pero a Maron le gustaba provocar y hacer perder los estribos. Movió su mano rápidamente acelerando el ritmo mientras mordía el labio inferior de su presa, jadeando junto a ella con cada gesto de la nudosa mano. La mujer comenzó a acompañar los movimientos de su mano con los de su cadera, parecía que iba a terminar cuando Maron se detuvo. Deslizó la mano por detrás de su rodilla para obligarla a abrir sus piernas y la penetró mientras mordía su cuello.

Mantuvo el ritmo que había iniciado con su mano, rápido, decidido, extenuante. Ahogando los gemidos mientras embestía ahora con más fuerza llevado totalmente por el placer.

No consiguió articular palabra, sólo salían de su boca ruidos de placer disimulados, con la respiración entrecortada ahora que le iba faltando el aire.

La humedad de la Baratheon, el calor de su cuerpo ahora mezclado con un tibio sudor, su cabellera castaña que estaba totalmente despeinada y el gesto de su rostro lo enloquecían, no sabía cuánto más iba a durar. Daba igual, la amaría todo cuanto ella le dejase y ambos cuerpos soportaran, él era suyo y ella de él.

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