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La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

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Privado La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Harley Pyke el Sáb Mar 30, 2013 10:42 am

Fue como despertar de una borrachera: le dolía todo el cuerpo, tenía la mente nublada y no sabía dónde demonios estaba. La sala era espartana y estaba oscura. "¿Estoy en Pyke? ¿En qué parte del castillo? No reconozco esto". Quiso acercarse a un tragaluz que se encontraba en el otro extremo de la sala para mirar el paisaje y ubicarse, pero parecía tener los brazos sujetos a la pared por algo. "¿Me ha vuelto a atar a la cama Qusayra?" Cuando echó un vistazo vio que eran unos grilletes, que él estaba tirado en el suelo y al fin lo recordó todo.

"Entonces no he muerto", pensó aliviado. Había dado por hecho en más de una ocasión durante la batalla que ese era su destino, pero se había resistido una y otra vez y al final, en cierto modo, había vencido a la muerte. Debía de estar preso en las mazmorras de algún señor, quizá en las mismas Escudo; no era una situación inmejorable, pero lo importante es que seguía vivo.

Se alzó con dificultad para poder pasarse la mano por la cara (o, más bien, la cara por la mano) y limpiarse la suciedad, la sangre y el sudor reseco. Gruñó al notar una punzada de dolor en el vientre; recordaba ahora también que después de librarse de la armadura le habían hecho un corte allí. Era poco más que un arañazo, los había recibido mucho más graves, pero si se lo hubieran dado una pulgada más a la derecha le habrían arrancado de cuajo el miembro. "Si vuelvo a casa capado mi mujer me mata".

Pensó si le ahorcarían, si le torturarían, si simplemente le dejarían morir de hambre, o si le querrían para algo más. Pero Harley estaba tranquilo. Ya no había nada que pudiera hacer; y como su porvenir no dependía de él, no sentía ninguna inquietud por el futuro. "Lo que tenga que ser será. Total, no depende de mí". Era inútil preocuparse por cosas que no se podían cambiar.

Antes de que hubiera tenido tiempo a aburrirse de examinar la sala, una débil luz entró por el ventanuco de la puerta y oyó unos pasos acercarse. "Ahí vienen. Nos veremos en un rato, Dios". Se puso en la pose más digna que pudo teniendo en cuenta que estaba cubierto de sangre reseca, con el pelo enmarañado, la ropa embarrada y sucio como un cerdo, y clavó una mirada de fiereza indómita en la puerta. La voluntad de Harley estaba intacta. Como el hierro al rojo, podía doblarse, pero nunca romperse.

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Jeyne Oakheart el Sáb Mar 30, 2013 11:41 am

Hacía varias horas que todo se había vuelto una locura, cuando los naves Greyjoy atacaron las Escudos. Tuvimos que prepararnos para lo peor, y disponer todo por si las cosas se trasladaban a la costa. Fue tiempo de gran inquietud en el castillo. Pero finalmente pasó, con grandes perdidas para todos, sufrimos mucho las noticias llegadas pero nada podíamos hacer. Durante el tiempo que todo se producía solo rezaba a los Siete por las vidas que se perderían aquel día y si tenían a bien concedernos la victoria, victoria nos fue denegada finalmente, pues parte de las islas Escudo fueron tomadas. Pero no todo fueron perdidas para nosotros, pues varios hombres del hierro fueron tomados presos y traídos de forma apresurada al castillo, donde esperarían a ser trasladados a Altojardín.

Después del sufrimiento vivido, recibimos a nuestros hombres que habían llegado exhaustos y heridos, los curamos y alimentamos, Garret se quedó con los hombres, recibiéndolos y haciendo las veces de general, que era su lugar, organizando los siguientes movimientos para con los presos y cuales y como serías las preguntas que les harían de momento, ya en Altojardín se encargarían de sacarles el resto de información que pudiese beneficiarnos, ahora lo que urgía eran los planes inminentes de los krakens...

Pero no podía dejar de lado los remordimientos que me producía la guerra, por lo que le pedí, sin lugar a negativa pues en mi castillo nadie me imponía ninguna cosa que yo no pensase aceptar, al general que me permitiese unos minutos con el que pudiese responder las preguntas que me recorrían en estos momentos. Con lo que una vez que recibí su... confirmación me dirigí al calabozo.

Allí los guardias me indicaron que mientras los otros presos los habían permitido estar dos o tres juntos en una celda, había otro al que habían considerado más peligroso más rebelde y posiblemente el capitán de uno de los barcos atacantes. Pues no hemos tenido tan mala suerte, al menos hemos conseguido un tipo que puede estar en posesión de datos que no sean útiles... aunque era una pobre consolación aquella.

-Enviad al maestre, todos estos presos tienen que sobrevivir, quiero que revise que las heridas de todos ellos no revisten gravedad y se procure la sanación de todas ellas, y dadles agua si tienen sed, nada de comer, pueden aguantar días sin comer, pero no sin beber y no queremos que muera ninguno, muertos no sirven, los muertos no hablan. El resto os lo indicará ser Garrett más tarde.- dí las indicaciones con voz fría, severa y firme y después me coloqué ante la puerta del que me habían dicho podía serme de más utilidad.

-Abrid aquí quiero entrar y hablar con este preso, que el maestre revise al resto antes, vendrá aquí cuando yo le llame. - y miré los guardias que me miraban algo atónitos, pues ambos eran de mis propias tropas, de los poco que habían quedado en Roble Viejo tras la asignación de tropas a Lord Tyrrell, y no acostumbraban a verme como alguien que tratase esas cosas, siempre había sido Mike, pero Mike no estaba allí. - Vamos, ¿a que esperáis?- los guardias dudaron pero abrieron y uno entró conmigo, mientras el otro se quedaba fuera y cerraba, le dediqué una mirada clara, de "Vale, pero permanece ahí donde estás, junto a la puerta y no te metas" y me acerqué más al preso.

-¡Tu!, ¡mirame!, ¿Sabes quién soy, sabes donde estás? - me quedé a poca distancia aunque no podía llegar a tocarme la poca luz de la estancia le permitiría a esa distancia verme con claridad. Le hablé con tono que no admitía otra cosa que la verdad y rápida. Mis ojos destilaban hielo, aquel hombre había sobrevivido cuando muchos otros habían muerto... ¿Porque los Siete le habían permitido vivir? Esperásemos que las intenciones de los Siete fuesen que nos fuese útil.

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Harley Pyke el Sáb Mar 30, 2013 12:24 pm

Echó un buen vistazo, de arriba abajo, a la mujer que acababa de entrar. Debía de ser la esposa del señor del castillo, o su hija o algo parecido. Se preguntó por qué no habría venido él. "Quizá en las Tierras Verdes las mujeres gobiernan en los castillos y los hombres van por ahí cocinando, limpiando el polvo y mariposeando. Eso explicaría por qué luchan así."

Finalmente, decidió clavar la mirada en sus pechos y dio un gruñido de aprobación; no estaba nada mal. Le haría un bastardo sin que se lo pidiera dos veces. Por desgracia, no parecía que hubiera venido para eso. Se aclaró la garganta y escupió hacia un lado.

-¿Es que no lo sabes tú? ¿Te lo tengo que decir yo? Pues pregúntale a otro -le respondió con voz ronca y hostil.

Supuso que después le preguntaría cuáles eran los planes del Rey Harrald, y lo torturaría para que los revelara, y si se aburría de que no hablara le mataría. No iba a ser, encima, amable con ella. Además, Harley era el hijo de un rey y esta tipa no era más que una damita cualquiera de las Tierras Verdes. "Debería tratarme de vos y encerrarme en una celda dorada con un orinal de plata."

Se lanzó de repente, con la velocidad del rayo, hacia el guardia que la acompañaba, rugiendo como una bestia. Y tras hacer ese amago volvió a recostarse tranquilamente, porque estaba encadenado a la pared y, evidentemente, no podía atacarle a él ni a nadie. El tipo se había llevado un susto de muerte y hasta había soltado un gritito. Harley sonrió divertido. "Debo de tener una pinta demoníaca".

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Jeyne Oakheart el Dom Mar 31, 2013 5:23 am

No me gustó su mirada, parecía una fiera en una jaula, ojala Mike estuviese aquí, él podría sacarle la información que necesitábamos. Y aunque la idea de que se torturara a alguien para sacarle información me desagradaba estaba en juego la seguridad de mi familia y de toda la gente de mis tierras, y eso para mi era mucho más importante que la vida de un hombre, y más de un pirata que había matado y herido a tanta gente como había ocurrido en las Escudo.

Sus palabras estaban llenas de desprecio, en parte poco me sorprendió su actitud, pero eso no quitaba para que me molestase. Mi guardia dio un paso hacia mi, supongo que movido por la actitud amenazante del preso. Pero entonces esté se lanzó hacía delante, como si intentase escapar. Por un instante sentía alarma, pero rápidamente mi cuerpo reacciono y apenas se movió medio paso hacia atrás. Mientras que mi guardia no fue capaz de mantener tanta compostura. Me mantuve imperturbable ante el pirata, aunque por mi mente no dejaba de pasar que mi soldado estaba demasiado tenso, casi sería mejor mandarlo salir... pero primero lo primero.

Nuevamente con la mirada gélida y tono acerado le respondí: -Por supuesto que sé quien soy, pero para ti hubiese sido mejor que supieses quien era yo, te habría ido mejor. Supongo que le preguntaré a los otros presos... quizá ellos aprecien las comodidades que están recibiendo y que mi maestre cure sus heridas. Veo que prefieres morir entre podredumbre e incomodidad. Tu mismo... tengo cosas más importantes de las que ocuparme.

Acto seguido me dirigí al guardia para que saliese, tal vez a solas aquel sucio pirata me tomase por indefensa y pudiese hablar con él, sino como estaba bien atado y sujeto a la pared siempre podría marcharme y dejarlo allí hasta que se aburriese. - Vamos, ve fuera y dile al maestre que definitivamente esta celda no necesita de sus servicios, la herida de este hombre no tiene cura. - me mantuve de espaldas al preso, en realidad no sabía si aquella herida que parecía tener no fuese curable, pero no me importaba, mi intención simplemente era que el maestre se ocupase del resto y volviese a sus asuntos. Ya más tarde iría a revisar aquella herida, si era uno de los capitanes no podíamos arriesgarnos a que muriese porque podía saber algo importante, pero si le reconocía que era de importancia se crecería y entonces luego a Garret le costaría más sacarle información.

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Harley Pyke el Jue Abr 04, 2013 8:27 am

Miró a Jeyne con hostilidad y no poco desprecio.

-Eres una damita de las Tierras Verdes. Coses, bailas, y rezas a los Siete porque mi gente no desembarque en tu castillo. Y solo te atreves a ser dura y agresiva cuando tu enemigo está encadenado ante ti, porque si estuviera suelto gritarías de terror, y con motivo. ¿Es esa la persona que eres, o me equivoco? Me cuesta distinguiros a unas de otras, igual podrías ser una Mormont que una Redwyne o una Tully -mencionó así buena parte de las casas de Poniente que Harley conocía por su nombre; y eso solo porque en tiempos antiguos las tres habían sido vasallas de las Islas del Hierro, y las historias hablaban de ellas.

La relativamente larga perorata, al menos para los estándares de Harley, le hizo descubrir uno de los motivos por los que se sentía tan mal: estaba muerto de sed. Tenía la lengua seca e hinchada y le dolía la cabeza. Un vistazo alrededor no le reveló ninguna escudilla con agua a la que recurrir, así que tendría que confiar en la buena voluntad de la dama a la que estaba antagonizando tanto como podía. "Quizá no haya sido buena idea." Pero no estaba dispuesto a arrastrarse por el fango para conseguir su caridad; no, él era el hijo de un rey, y el hijo de un rey no hacía eso.

Sonrió con sorna cuando la oyó hablar de su herida. No era mortal, lo sabía de sobra. Si no la trataba en absoluto ni la limpiaba siquiera podía llegar a pudrírsele, si tenía mala suerte, y solo entonces sería peligrosa, pero en cualquier otro caso no sería más que otra cicatriz para añadir a la colección.

-Me han hecho una docena de heridas más graves que esa, mujer, y ninguna ha podido conmigo -le replicó. Arrastró la espalda por la pared para que el jubón se le subiera dejando el abdomen al aire, y esbozó una sonrisa torva. Estaba cubierto de viejas cicatrices que discurrían por toda su piel y se entrecruzaban como las callejuelas de una gran ciudad. Se apartó de la pared, para que el sucio jubón volviera a cubrirle-. Pero, si no me das agua pronto, tendrás que aprender a interrogar a los cadáveres. -añadió con un tono algo menos hostil. No lo estaba pidiendo, era demasiado orgulloso para eso; pero lo cierto es que le hacía falta y que solo Jeyne podía dárselo, así que estaba dispuesto a bajar un poco el tono si le hacía el favor.

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Jeyne Oakheart el Vie Abr 05, 2013 4:32 am

Al igual que él me miraba a mi yo le sostenía la mirada, una mirada que estaba llena de gélido odio por uno de los hombres que había dirigido a los hombres del hierro en un ataque contra las islas Escudo en el que había muerto mucha gente. Y aquel ser despreciable estaba tirado en el suelo de mi celda y aún tenía la desfachatez de manchar su boca con insultos hacia mi persona. Cosa que no iba a permitir que quedase sin respuesta. - No soy ni dura ni agresiva, solo he venido para hablar contigo y ha sido tu actitud la agresiva, lo que no me deja otro lugar que el de responderte del mismo modo. Aún así no negaré que me desagradáis sobre manera, pero miedo... no os tengo miedo, ¿que sois sino un hombre que ha perdido todo incluida su libertad solo por hacer daño a otros más débiles? ¿Acaso debería asustarme eso? Si soy una Lady, y se coser y rezo a menudo, pero porque no vengaís sino para que los Siete se apiaden de tu alma perdida y cuiden de todos aquellos a los que tu mano ha arrancado al vida sin compasión. ¿Te mereces tu algo distinto de lo que le has dado a ellos? Y te diré una cosa más... aunque tu geografía es muy pobre es posible que sitúes donde estas, esto es Roble Viejo y yo soy la Señora de la casa, quizá así comprendas el delicado estado de tu situación. - mi tono fue neutro e invariable durante todo el discurso, a pesar del odio, el rencor y el desprecio que aquel desaliñado despertaba en mí. Pero era un prisionero y no podía dejarlo morir, además podría ser dura u odiar aquel hombre, pero no estaba en mis manos sino en la de los Siete decidir si merecía la vida o la muerte.

Vi como se arrastraba por el suelo intentando dejar al aire la herida, aunque no me pareció conveniente que manchase más la herida pues eso podría producir que empeorase no le dije nada, si el problema se volvía grave podría llamar al maestre en cualquier momento, pero no le iba a dar la satisfacción de que supiese que nos interesaba mantenerlo con vida. Sonreí de forma sádica cuando dijo que ninguna herida había podido con él... siempre hay una primera vez para todo como habría dicho mi padre. Pero en verdad necesitábamos la información que aquel hombre guardaba, y aunque parecía ser cierto que había sufrido muchas similares no pensaba arriesgarme, si doblegaba en algún momento su actitud hasta hacerla de algún modo aceptable me encargaría que el maestre le revisase, para asegurarnos.

Su siguiente comentario volvió a sacarme un fría y tenue sonrisa, así que empezaba a sentir sed, bien eso lo volvería más dócil...- Si ya lo veo, pero nunca se sabe. ¡Oh cuanto lo siento, que poco hospitalaria soy, no os he ofrecido nada de beber!, ya lo lamento pero, como podéis ver... - dije en tono irónico, haciendo un gesto alrededor con la mano para evidenciar que no había nada - no tenemos agua aquí. Además no os preocupéis por mí, no seré yo quien os interrogue, será Ser Garret Grimm con lo que el problema de interrogar cadáveres, si se produjese, no sería mío. Tal vez si fueseis un poco más amable podría preguntar a mi guardia su gusta de hacerte el favor de ir a buscar algo de agua, ¿que opináis? - tampoco era yo una torturadora profesional, solo había ido allí a conocerle y a mostrarme, tal vez, un poco transigente, pero el había acabado demasiado rápido con mi amabilidad. Aunque si se daba cuenta de su situación y se redimía, yo también podría ser algo más cordial, a fin de cuentas, darle agua para que sobreviviese no me parecía algo peligrosos y más bien era útil, y sobre todo, necesario. Le mantuve la mirada seria y desafiante mientras esperaba su respuesta, quien tenía que agachar la cabeza aquí era él.

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Harley Pyke el Vie Abr 05, 2013 9:49 am

-No te atrevas a rezar a los Siete por mí -respondió, ahora sin ningún rastro de sorna en su voz; Jeyne había metido el dedo en la llaga-. Ya no les sirvo; no les perdonaré jamás por lo que me hicieron. Los maldigo y los desafío a que vengan y me lleven si es que pueden.

El nombre "Roble Viejo" le sonó de algo cuando lo oyó. No era un castillo que estuviera en la costa, debía de estar al menos unas millas tierra adentro, porque los castillos del Dominio a los que se podía llegar fácilmente por mar o por río los conocía todos. Estaba seguro de que había oído hablar de ese castillo a alguien, hace poco, en las Islas, aunque ahora era incapaz de recordar quién. Pero esa no había sido la primera vez. Alguna otra persona, mucho tiempo atrás, le había hablado a menudo de Roble Viejo. Se perdió en sus pensamientos durante unos segundos hasta que, de repente, lo recordó todo.

"-¿Y si tanto la echas de menos por qué no vuelves a tu aldea? -preguntó un jovencísimo Harley a su abuelo mientras lo miraba trabajar en el taller con fascinación.
-Lord Botley no me dejaría irme. Además, allí ya no hay nada para mí -le contestó él con amargura, mientras raspaba el pelo del pellejo de un gamo-. El Señor de Roble Viejo ya le habrá dado nuestra casa y nuestras tierras a otra familia para que las trabaje."


Harley sonrió, luego empezó a reír, y luego se carcajeó. Se partió de risa, con voz ronca por la falta de agua, pero sin sarcasmo ni malicia. Se acaba de dar cuenta de que la situación era enormemente divertida. Si hubiera conocido esa expresión habría pensado que era justicia poética. Un tipo de justicia poética especialmente malvada y retorcida en la que el que perdía siempre era él.

-Hace medio siglo -se explicó cuando pudo parar de reír- el Señor de Puerto Noble se hizo a la mar y vino al Domino a saquear. Eligió una aldea cercana a la costa que pagaba tributo a Roble Viejo, porque el viejo hijo de puta era un cobarde y sabía que ese lugar no tenía ninguna importancia y estaría desprotegido. Se llevó todo lo que pudo, quemó el resto del villorrio, e hizo esclavos a todos los que podían serle de utilidad. Uno de ellos, un curtidor, me contó que solo vio a los soldados de Lord Oakheart cuando ya estaba encadenado en el barco y alejándose de la costa. Tardaron horas en mover el culo hasta allí; quizá a Lord Oakheart no le importaba un bledo lo que le pasara a un par de docenas de aldeanos, o quizá esperó a que los saqueadores se fueran para no tener que luchar contra ellos y, si tenía mala suerte, morir en el combate. Así suelen actuar los Señores de las Tierras Verdes cuando lo que está en juego es la vida de sus siervos, no la suya propia. Y ese curtidor era mi abuelo. Estoy... ¿en casa? -comentó divertido.

Había hablado demasiado, gastando la saliva que no tenía. Ahora le ardía la garganta y la celda estaba empezando a dar vueltas a su alrededor. Él estaba dispuesto a morir, pero eso no era todo lo que estaba en juego. La vida de Qusayra se convertiría en un infierno si él ya no estaba para protegerla. Y ella no había hecho nada para merecerlo. Por muy poco que le gustara la idea, tendría que dejar a un lado su orgullo y sobrevivir, por ella.

-Agua -musitó-. Dame agua... por... ... ... ... ... favor -consiguió finalmente pronunciar, haciendo más esfuerzo que si hubiera levantado su barco a pulso. Quizá fuera la primera vez en su vida que decía esas dos palabras.

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Jeyne Oakheart el Lun Abr 08, 2013 7:09 am

Me sorprendió su reacción, pues no sabía bien a que se refiriría con lo de por lo que le hicieron... que yo supiera las gentes del hierro creían en aquel Dios Ahogado del que tanto hablaban... nunca hubiera pensado que este hombre creyese o hubiese creído en los Siete, en ningún momento... Pero no le pregunté y seguí hablando, negándole lo que había pedido, aunque parecía ausente, y de repente sin más comenzó a comportarse como un loco riendo sin control, temí por un momento que hubiese perdido la razón, quizá hubiese tragado demasiada agua del mar en la batalla, había oído historias de hombres perdidos en el mar que acababan bebiendo el agua salda y perdiendo la cordura... pero finalmente ceso y comenzó hablar, aunque con la voz ronca, y áspera, pude entender claramente lo que explicaba.

La historia era muy dura, eso no se lo podía negar... pero si me resultaba familiar aunque el punto de vista era justo el opuesto, recordaba a ver oido a mi padre contar que los hombres del hierro eran gente mala y cruel desde siempre, la historia de que hombres de las islas llegaron a nuestras tierras había sucedido en tiempos de mi abuelo, pero mi padre contaba que cuando tuvieron noticias de lo que sucedía había pasado demasiado tiempo, más el tiempo que les costó llegar hasta allí pues no estaba demasiado cerca del castillo, cuando llegaron no quedaba nada más que el caos que aquellos hombres si es que se les podía llamar así, habían causado, hombres muertos, mujeres violadas y asesinadas, y muchos que nunca se volvieron a ver, sobre todo mujeres jóvenes. Y lo poco que quedaba... estaba ardiendo. Mi padre me contó esa historia varias veces, recordándome que no se podía confiar en ellos, que había que proteger siempre nuestras tierras y a nuestra gente, y que si algún día no podíamos vencerles... mis hermanas y yo sufriríamos en las manos de aquellos piratas. Y ahora tenía ante mi un pirata que bien podría no haber sido más que uno de mis hombres. Si mi abuelo hubiese podido salvar al suyo... quizá las cosas fuesen diferentes pero no pudo ser.

Aunque en cierto modo sentía lastima de aquel pobre desgraciado que estaba tirado en la celda, sucio, herido... no sabía bien que decirle en verdad... pues a pesar de que su vida era desgraciada eso no quitaba para que fuese capitán de uno de los barcos que había atacado las Islas Escudo y que había matado a muchos hombres... lo observé unos instantes. Pero el hombre me miró como si le faltase el aire, y pidió agua, la cual a las claras le estaba haciendo falta... por lo que me volví sin decirle nada y salí de la celda un instante. Me acerqué al guardia que me había acompañado y ahora se encontraba en la puerta y con voz firme dije - Ve rápido, trae agua para el preso, bastante, y no tardes, la quiero aquí ya mismo, cuando la tengas llama y entra, estaré esperándote. - El hombre asintió sin réplicas y salió a paso rápido de mi vista. Acto seguido volví dentro de la celda.

Me quedé observando al preso sin decirle nada, sobre lo que había pedido, y por suerte el guardia no tardó demasiado en volver con lo que había pedido. Haciendo lo que exigí llamó y entró. Me tendió el agua que tomé con cuidado de no derramar, lo miré sería - Puedes salir. - no era la respuesta a ninguna solicitud sino una orden, pero el soldado no era estúpido y salió de nuevo a esperar en la puerta.

Cuando volvimos a quedar solos miré al preso. - No voy a dejarte morir, yo no soy un soldado o alguien como tú. - Dije mientras me acercaba hasta el y posaba el cubo que había traído el guardia, a saber porque había traído un cubo pero bueno, así el preso podría beber de el con cierta facilidad, pues no iba a soltarle, seguía sin fiarme de él. Una vez el cubo quedó al alcance del hombre me separé y esperé.

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Harley Pyke el Lun Abr 08, 2013 8:28 am

Lady Oakheart parecía turbada por sus palabras; parecía que ya no estaba tan segura de qué pensar sobre él. Harley comprendió entonces, al fin, que para los continentales él y los suyos eran demonios. Bestias asesinas que aparecían, lo destruían todo y volvían a irse. Muy pocos continentales les habían visto alguna vez reír en una fiesta, o abrazar a sus esposas, o jugar con sus hijos; para ellos los Hijos del Hierro solo eran una plaga que destruía ciudades y arruinaba cosechas. No era de extrañar, pero Harley no había tenido hasta ahora suficiente trato con los continentales como para advertirlo. Y parecía que toda evidencia en contra, aunque fuera tan ligera como la historia de su abuelo, rompía sus esquemas.

Cuando Jeyne le acercó el cubo lo miró con ansia y, en cuanto estuvo a su alcance, hundió la cara en él para beber. No debía de tener un aspecto muy digno, pero ni podía tomar elegantes traguitos con las manos encadenadas a la pared, ni le importaba un bledo ahora el aspecto que tuviera. Bebió un largo trago, se incorporó de golpe para respirar, con los ojos cerrados y jadeando, y volvió a lanzarse al cubo hasta que su contenido sació toda su sed y, de propina, le limpió un poco la cara.

Se recostó contra la pared, respirando satisfecho. Ya se estaba sintiendo bastante mejor. Aparte de la sed, no parecía que tuviera muchos más problemas. No tosía, así que no debía de haber cogido una pulmonía, y no parecía que ninguna de sus heridas le hubiera afectado a las entrañas, pese a que los cortes en el vientre siempre eran peligrosos. Estaba agarrotado, claro, pero en su postura no era de extrañar.

-Si tu señor -musitó sin querer forzar la garganta- te ordena tomar Desembarco del Rey, ¿la tomarías? No, tú no, porque eres una dama, y no luchas. Pero ordenarías a tus hombres que lo hicieran. Y ellos matarían, y saquearían, porque eso es lo que los soldados hacen. Y tendrías las manos tan manchadas de sangre como yo. ¿Crees que hay guerras justas? ¿Que cuando un caballero con una armadura brillante que adora a los Siete le clava el hacha en el cráneo a un sucio isleño en nombre de un rey que tiene una reclamación justa al trono, salen rosas de la herida y sus dioses bajan y le perdonan? No, el isleño se desangra como un cerdo, y deja atrás una viuda a la que quería y unos hijos que lloraron cuando partió. Y el caballero lo sabe, y por las noches da vueltas en la cama durante horas, porque es un asesino, y se le ha marcado a fuego en la memoria cómo exhaló y qué cara puso cada una de las personas a las que ha matado. Los continentales no tenéis derecho a creeros mejores que nosotros. No lo sois.

Se preguntó desde cuándo sería Jeyne la señora del castillo, porque no parecía que estuvieran su padre ni su marido al cargo; ya habría dicho algo de ellos. ¿Habría cortado ya la mano a un hombre por robar pan? ¿Habría tenido que elegir alguna vez entre ahorcar a su recaudador o ahorcar al supuesto bandido que este aseguraba que le había robado? ¿Habría ido a la guerra? ¿O hasta ahora todo había sido dulce y bonito como en los cuentos, y verse en el lugar del verdugo era nuevo para ella? Y lo que era más importante, al menos para él ahora: ¿sabía siquiera a quién tenía preso?

-¿Sabes tú quién soy yo?

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Jeyne Oakheart el Lun Abr 08, 2013 9:59 am

Observe como mi preso bebía, realmente estaba sediento, pero aunque pudiese producirme cierta lástima no le dispondría ningún tipo de comodidad hasta que no fuese interrogado por Garret Grimm y consiguiésemos la información que ahora urgía. Si colaboraba como era debido tal vez las cosas cambiasen, pero no aún. Permanecí de pie sería, con los ojos clavados en el pirata mientras terminaba con el agua y se acomodaba de nuevo en el suelo.

Nuevamente habló, y estaba muy interesada en todo aquello que tuviese que decir, por si se decidía a contar por su propia voluntad lo que debía decir, pero no fue así, aunque no tenía porque responder tampoco tenía más que hacer y ya que estaba allí, responder a aquello no supondría ninguna diferencia. - Tal vez sea una dama pero tengo hombres a mi cargo, si mi señor me ordena tomar Desembarco le preguntaré que ¿por que? ¿Por que debería enviar a mis hombres a un lugar del que podrían no volver? Pero mi señor no me ha pedido que mis tropas maten por que sí, solo por hacer daño, por conseguir hombres para llevarlos como esclavos... como le hicieron a tu abuelo... Lord Garlan no pide que arrasemos los pueblos y quememos las casas, y tampoco que los soldados violen a las mujeres que encuentran o se las lleven con ellos... esas cosas las hacéis porque queréis, porque disfrutáis haciéndolas, esa es la diferencia entre los hombre que yo dirijo y los que diriges tu. Mis hombres hacen lo que creen correcto y defienden de la gente como tú, castigan los crimines e imparten justicia. Los tuyos solo esparcen caos, dolor y maldad. Las guerras siempre traen sangre todos lo sabemos, y debemos cargar con ello para el resto de nuestra vida, tal vez cuando mueras acuda a los Siete a rezar que perdonen lo que hemos hecho para proteger a todos los hombres, mujeres y niños que viven aquí. Pero si no te hubiésemos cogido vendrías hasta la puerta de Roble Viejo destruyendo y dañando todo a tu paso, matarías a los hombres, violarías a las mujeres... y seguramente por la noche durmieses tan tranquilo. No somos mejores que vosotros por ser del continente somos mejores que vosotros porque tenemos conciencia. - a pesar de sus intentos por hacerme enfurecer con palabras hirientes mi tono continuaba frío e impenetrable. Tal vez hace varios años... cuando mi padre murió si me hubiese encontrado en esta situación me habría enfurecido, y Mike tendría que haber intervenido, pero ahora estaba sola, y era una adulta, ya estaba preparada para esto cunado viene a ver al preso, esperaba que me tratase así, al fin y al cabo... lo teníamos encadenado a una pared, no iba a darme las gracias encima.

Pero... quien era aquel hombre... cierto era que aún no le había preguntado su nombre siquiera, tampoco lo había necesitado, era un preso no iba a tratarlo con miramientos, por muy capitán de un barco que fuera pero su tono no era como si le ofendiese que no reconociese su nombre, sino como si en su nombre se escondiese algo que debería haber sabido. Lo miré suspicaz... por primera vez me había pillado fuera de guardia... no esperaba que fuese él quien hiciese esa pregunta... Intenté mantener en blanco y serena, para no reflejar las dudas que había despertado su pregunta y con mi mejor cara de indiferencia respondí: - ¿Acaso debería conocerte? ¿Que eres el capitán del barco pirata de turno que ataca con frecuencia los barcos pesqueros de la zona? Vamos sorprendedme, seguro que tenéis un nombre de lo más peculiar. - aunque en realidad había despertado mi interés, ¿podría ser que hubiésemos pescado un pez más grande de lo que creíamos...?

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Harley Pyke el Mar Abr 09, 2013 8:55 am

Bufó y sonrió con sorna cuando Lady Oakheart terminó su reprimenda. Al principio había pensado que era una hipócrita, pero de hecho parecía creer de verdad en lo que decía. "Para ella las historias de caballeros en brillante armadura no son algo que se cuenta a los niños, ni una mentira que colarle a la plebe para que luchen por ti: para ella esas historias son la forma real en que el mundo funciona. Está convencida. Válgame el Ahogado..."

-¿Que hacen lo correcto? ¿Que imparten justicia? ¿¡Que tenéis conciencia!? -le respondió divertido- Espera, estoy hablando con la señora de una casa que está en el bando de Fuegoscuro, ¿verdad? O eso tenía entendido; que los nobles de los Campos Verdes le apoyabais. No soy un experto en cosas de continentales, así que corrígeme si me equivoco: los campesinos de los Campos Verdes... del Dominado, creo que lo llamáis vosotros, están tan tranquilos plantando, y celebrando ferias de ganado, y montando festivales para dar la bienvenida a la primavera, cuando de repente llega un tipo en un caballo blanco con una armadura de oro, rodeado de soldados, y les dice a todos los hombres jóvenes: "¡coged una guadaña o un rastrillo o un palo afilado o algo y venid ahora mismo a mi castillo, o quemo vuestra aldea!". Una vez allí, les cuentan no sé qué historia sobre una reclamación al trono de un bastardo que nadie entiende, les ponen un casco y los mandan a morir en batalla contra otros campesinos que tampoco entienden nada de lo que está pasando, mientras ellos se quedan en el campamento de guerra jugando a las cartas, esperando a que la batalla termine para cargar en su caballo blanco contra los enemigos que huyen y poder decir que han luchado como leones. Todos los que están en la batalla mueren, excepto la gente que provocó la guerra, que tienen armaduras caras y una horda de guardaespaldas. Y después, si el noble se siente más generoso de lo que ningún noble se ha sentido jamás, puede que incluso vuelva a la aldea a contarle a la madre del soldado que lo han matado a mil leguas de allí. "¡No sufras, porque tu hijo ha muerto por un asunto dinástico que él no entendía pero que a mí en ese momento me pareció correcto! ¡Y además yo tengo mucha conciencia y esta noche pienso sacar el pañuelo y llorar dos minutos por él!". Esperando que la madre le responda "¡Gracias, gracias! ¡Me hace muy feliz que mi único hijo haya muerto por una causa así de bonita! ¡No sé qué haría si mi señor no tuviera una conciencia tan grande! ¡Sois un santo!". Niña, ¿de verdad crees que lo que me estás contando tiene algo que ver con cómo funciona el mundo...? Nunca has vivido una guerra, ¿verdad? Nunca has vivido nada que no fuera estar tumbada bebiendo vino mientras veías crecer tus arcas, ¿verdad?

Estaba siendo bastante reconfortante decirle a la cara a Lady Oakheart las cosas que llevaba toda la vida rumiando sobre los nobles y sus guerras. Harley había sido una rata sin casa, tierras ni apellido casi toda su vida, por lo que en buena parte se seguía sintiendo así, lo que era insólito en un noble y le daba un punto de vista mucho más completo sobre todas las cosas. Ahora mismo Jeyne y él no eran una mujer del Dominio y un hombre isleño. Eran una noble y un plebeyo. Y eso trascendía las demás consideraciones; y el papel de ambos era sorprendentemente similar en cualquier lugar de Poniente. Harley podría haberle soltado la misma perorata a su padre, y hubiera sido igual de acertada. Claro que nunca lo hizo, porque le habría pegado un hachazo en la boca.

Se esforzó para que no se le escapara una sonrisa cuando Jeyne reconoció que no sabía quién era. "Eso está bien, eso está muy bien." Harley era un rehén valioso; si no lo identificaban como tal, todo serían ventajas desde el punto de vista de Harrald Greyjoy. Lo podrían cambiar por cualquier sargento del tres al cuarto si se llegaba a negociar un intercambio de prisioneros, y al no saber que tenían preso a su hijo no podrían presionarle en ninguna dirección. Desde su propio punto de vista, era preferible que lo reconocieran; ser un preso más valioso significaba tener una vida más larga y más cómoda. Pero, pese a todo, el bastardo era leal a su padre.

-Soy Galladon Curtidor, hijo de Lyessa Curtidora, hija de Galladon Curtidor. Y también soy hijo de mil padres, pero sus nombres no los sé -mintió-. Y no asalto barcos pesqueros. No es que esté en contra de hacer un poco de abordaje después de merendar, pero no soy tan ruin y tan poco ambicioso como para asaltar a pescadores.

Como toda buena mentira, tenía buena parte de verdad; esos eran los nombres reales de su abuelo y su madre (le parecía seguro usarlos; dudaba que ningún continental hubiera oído hablar jamás de gente tan irrelevante para la historia de Poniente como ellos dos). Él había estado a punto de llamarse como su abuelo, y su apellido habría sido "Curtidor" si hubiera adoptado el del anciano. Gracias a las muchas similitudes, era una historia que le había costado un segundo inventarse y que podría mantener sin contradecirse todo el tiempo que necesitara.

Además, Galladon era un nombre propio del Dominio, no de Pyke. Que él supiera, solo había habido un "Galladon Curtidor" en las Islas del Hierro en la historia reciente, y ese había sido su abuelo, muerto hace ya muchos años. Confiaba en que, si en algún momento a Harrald le llegaban noticias de que el Dominio tenía preso a un tal Galladon Curtidor, sería capaz de reconocer el alias como suyo y entender quién era y qué había hecho. O, al menos, eso esperaba.

"Y si acaban descubriéndome... pse, no tengo mucho que perder."

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Jeyne Oakheart el Dom Abr 14, 2013 6:13 am

¿Intentaba hacer que me enfadase? Si lo que quería era que perdiese los papeles y montase en cólera no lo iba a conseguir, al menos no de forma evidente pero si estaba empezando a cansarme de su actitud. Era un preso, había cometido actos terribles contra nuestra gente y lo habíamos capturado, al menos debería darse cuenta de su precaria situación.

Lo miré con odio gélido destilando por toda mi piel, y cuando acabó lo respondí con un tono igual de frío y hostil. -No tergiverséis mis palabras, no he dicho que eso ni mucho menos, pero nosotros no nos regodeamos en al muerte que causamos, son bajas inevitables, a veces no todo se puede resolver por los buenos modos y las palabras serenas. Pero los hombres del Dominio - continué, recalcando el nombre correcto de las tierras - no serán los que agredan a campesinos, mujeres o niños. Dime pirata, ¿tienes esposas de sal, pensabas acaso tomar alguna de las mujeres de las Islas Escudo como tal? verdad que sí, se más de lo que crees sobre las Islas del Hierro, tengo familia allí. Y tengo constancia de como sois, por suerte siempre hay excepciones, y agradezco que mi familia no sea como vosotros. No hables de mí pues ya has confirmado no saber quien soy, lo que deja claro que tampoco tienes idea alguna de como soy. - le exigí con palabras claras pero en un tono aún más suave, lento casi aterciopelado, una promesa de que no iba a poder acceder a esa realidad de mí.

Luego paré a escuchar su explicación de quien era, ¿Galladon Curtidor? ... un hijo de una mujer sin importancia o nombre y nieto de una antiguo hombre del Dominio. No me explicaba como un hombre así podía haber llegado a ser el capitán de un barco en plena guerra, ya que su nombre no e sonaba de nada. Y aunque decía que no atacaba barcos de comercio... ¿cómo un hombre sin ningún tipo de apellido especial podía ser de suficiente confianza para un "rey", como se había proclamado Harrald, sin más ni más?
Galladon debía de tener alguna buena habilidad que el greyjoy había sabido apreciar, o sino es que estaba más desesperado y falto de fuerzas de lo que hubiese imaginado, que por como habían acabado las Islas Escudo me extrañaba que fuese la opción.

Le miré suspicaz, tampoco perdía nada por intentar usar el método sencillo, la pregunta directa. Podría no responderme pero al final hablaría, tal vez no conmigo, pero si con Garret y los demás generales. Suavicé la mirada, intentando mantener ahora una conversación menos airada y enfurecida con el preso, total teníamos para rato hasta que viniesen a interrogarlo y se lo llevasen a Altojardín. - Dime Galladon, ¿cómo es que te hicieron capitan? - me resultaba curioso y a la vez ilógico que hubiese sido así.

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Harley Pyke el Miér Abr 24, 2013 7:18 pm

Harley negó con la cabeza lentamente, con cierta decepción. No es que esperara que Jeyne le pidiera perdón de rodillas por los desmanes de la casta nobiliaria, pero no habría estado mal que le concediera al menos que los suyos no eran santos. "No, lo tiene muy claro; yo como pirata isleño soy lo peor del mundo, y ella como noble del Dominio lo mejor." Definitivamente, odiaba relacionarse con continentales. Parecía haber algo fundamental, alguna base sobre la que dialogar, que era distinta en Harley y en ellos.

"Pero hablar con alguien, por muy irritante que sea, sigue siendo mejor que estar aquí tirado."

-Estoy aquí de guerra, no de pillaje -le explicó con cierto hastío-. No voy a tocar a ninguna mujer que mi rey no me ordene tocar. Porque no sé si las querrá él para conseguir un rescate, o para venderlas como esclavas, o para hacerlas siervas, o para darle calor por las noches. Y si pongo el miembro donde no debo me lo cortarán. Que sea un pirata no significa que actúe como un pirata todo el tiempo, sabes. Soy una persona también, lo creas o no -declaró con una mueca burlona-. Pero sí, si tanto te interesa, estoy casado. Desde hace dos años, con una muchacha de Lys que ahora mismo me estará extrañando mucho. Y aquí no estoy haciendo nada de provecho ni por ti ni por nadie, así que, si no te importa soltarme... Estoy muy ocupado -comentó enseñándole las cadenas como si esperara que lo fuera a liberar sin más.

Lo cierto es que la conversación había reavivado en él un temor que ahora le preocupaba seriamente, aunque no era asunto de Jeyne y no iba a dejarlo ver. Si le habían dado por muerto, y eso era casi seguro, ahora Qusayra tendría como única protectora a la Reina Shiera. Y aunque era una reina, también era una mujer, extranjera, embarazada y con poderosos enemigos. Shiera impediría que pasara lo peor, es decir, que Anthon pusiera sus garras sobre la lysena y la hiciera pagar por cada palabra y cada acto de su esposo; o al menos lo impediría en los primeros momentos, pero si Harley pasaba mucho tiempo preso las cosas en las Islas podrían cambiar y mucho. Un Albus Drumm triunfante no tendría ninguna compasión hacia Shiera ni, por extensión, hacia su protegida.

-A los trece años me enrolé en la tripulación de un noble de Monteorca. Me aceptó pensando que sería un escudo de carne para sus hombres y, como moriría pronto, no me llevaría ninguna parte del botín. Pero sobreviví, y me acabé haciendo con una buena armadura, que por cierto he perdido -comentó con fastidio; le dolía casi tanto como perder a la Bastarda-. Y cuando un Hijo del Hierro vive lo suficiente como para tener una buena armadura se convierte en un problema muy serio para Poniente durante muchos, muchos años. Acabé sirviendo como su segundo, y cuando volvimos empezó a hablarse en las tabernas de mí, a veces bien y a veces mal, aunque a esos últimos les partí el cráneo. En resumen, que me hice con un grupo de amigos, camaradas y seguidores, unos tipos estupendos; hablé con mi viejo capitán y me puso bajo sus órdenes, como capitán de una de las galeras que había tomado en las Ciudades Libres, porque sabía bien que yo era fiel, justo con los hombres, avispado y una bestia en combate. Y luego fuimos a la guerra y me capturasteis -terminó con naturalidad. La historia era, casi, real; más exactamente, era la historia probable de la vida de Harley si su padre no hubiera sido su padre. Había reflexionado más de una vez sobre cómo le habría ido todo sin ese detalle crucial en el momento de su concepción, así que ni siquiera necesitaba inventárselo-. Lo creas o no, a diferencia de aquí, en las Islas del Hierro un hombre puede ganarse las cosas con su esfuerzo y su habilidad. Allí, para llegar a ser alguien en la vida no hace falta nacer en una puta cuna de oro -escupió hacia un lado.

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

Mensaje por Jeyne Oakheart el Vie Mayo 03, 2013 2:58 am

Por supuesto no se iba a volver precisamente amable, pero no me podía creer el descaro que demostraba una y otra vez a pesar de la situación en la que se encontraba, llegué a sonreír por lo irónico de la situación, una sonrisa tensa y no precisamente alegre. - Tu señor es un pirata y tu también, que bonito el honor entre gente sin honor. Aunque es un detalle de tu parte mostrarle respeto y cederle a él el primer paso. Aunque no tienes de que preocuparte, aquí no vas a poder hacerle nada a ninguna podre chica indefensa, y cuando salgas de aquí será para acabar en otra celda, más fría, más húmeda y más incomoda, además de más pequeña, pero bueno... tendrás el placer de visitar Altojardín, un curtidor de poca cosa como tu jamás podría haberlo visto de no ser de este modo. Lo único que lamento de todo esto es esa pobre chica con la que te has casado, aunque tal vez haya tenido suerte, ahora es libre, si es que la obligaste a casarse porque... - no completé la frase pero claramente dejaba entre ver algo como "sino no se que podría haber visto en tí..."

El pirata seguía hablando, parece que después del agua se le había soltado la lengua, supongo que sería por el aburrimiento y la soledad de aquella tétrica celda.Su historia podía llegar a ser triste, tal vez hubiese despertado compasión en mí, pero eso sería si se hubiese callado a tiempo, cosa que no hizo, y sus últimas palabras reavivaron mi desprecio hacia aquel pobre hombre que probablemente acabaría pasado por la espada de Lord Garlan o simplemente condenado a muerte por todos sus crímenes, pensé en su esposa y sentí compasión por ella, a saber cual sería la triste historia de aquella chica, pero seguro que era bastante peor que la de su desagradable marido. - No me das ningún tipo de pena curtidor, te piensas que la gente de tierra firme lo tenemos fácil o algo parecido y no te das cuenta de que a veces nacer en una "cuna de oro" como tu lo llamas conlleva unas responsabilidades y obligaciones importantes, la vida de la gente depende de tí, y tal vez para gente como tu a la que no le importa nada ni nadie sería un trabajo divertido pero no todos somos como tu. Ni que yo hubiese llegado hasta donde estoy solo por la casa en la que nací... es más llegar donde estoy me ha costado mucho y ni tu ni tu banda de- pero la frase quedó interrumpida cuando mi tono de voz comenzaba a subir, aquel sucio pirata me sacaba de mis casillas.

Pero uno de mis guardias, más concretamente el que había dejado al otro lado de la puerta por seguridad, entró y nos interrumpió. Me miró cohibido, había pedido que no nos molestaran y allí estaba él, interrumpiendo, pero era un soldado por lo que tomó aire y se explicó mientras yo lo miraba ceñuda - Milady, ser Garret Grimm y los otros quieren saber si habéis terminado con este preso, pues tenían intención de comprobar si sabía algo más antes de trasladarlos a Altojardín - una vez dicho lo que tenía que decir calló. Y mi ceño se fue relajando, estaba claro que había recitado las palabras de otro, seguramente ser Grimm lo que me hacía suponer que a los otros presos no les habían sacado nada de interés... tal vez si me retiraba ahora pusiesen sacarle algo a este, además la conversación tampoco parecía ir a ninguna parte por lo que asentí - Diles que salgo ahora mismo. -

Luego dándole la espalda al guardia que salió presuroso, a cumplir con la orden por supuesto, me volví hacia el preso, una despedida supongo... no se la merecía era un preso y un hombre del hierro cogido durante un ataque a nuestras tierras, pero yo tenía ciertos buenos modales... - Bueno Galladon Curtidor, supongo que aquí termina nuestra charla, espero que ahora seas tan hablador con ellos como conmigo, se añades algo que nos interesa tal vez puedas volver con tu esposa... - lo miré con desprecio por todo lo que había hecho y dicho y sin esperar respuesta me volví y salí sin detenerme, y me dirigí a mis habitaciones, necesitaba relajarme y dejar de pensar en todo esto, necesitaba ver a mi doncella.

FIN DE ROL

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Privado Re: La hospitalidad de Roble Viejo (Jeyne Oakheart)

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