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Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

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Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

Mensaje por Valar Morghulis el Lun Oct 08, 2012 10:20 am

Lord Hutcheson quedaba de pie en el patio de armas junto a Lord Mullendore. Ambos tenían una edad que rondaba los cuarenta años. El primero era más alto, más fiero, sin duda, y eso lo podía saber Daemon porque le faltaba una oreja, o al menos intuir. La verdad es que el hombre había obtenido aquella herida hacía ya muchos años en las escaramuzas fronterizas con los Blackmont. Por su parte Mullendore era un poco más pesado, y se notaba que tenía cierta barriga, aunque no excesiva, símbolo de que la nobleza, en Tierras Altas, parecía vivir con ciertos lujos. Ninguno de los dos se inclinaron ante Daemon, pero si que asintieron, en saludo cortés. Lord Mullendore comenzó a hablar.

- ¡Sois bienvenido, Fuegoscuro, a Tierras Altas! Esperábamos la ayuda de Lord Tyrell, pero suponemos que se encuentra en otros quehaceres en el Norte. Sin embargo estamos contentos de veros aquí, y con hombres suficientes para echar a ese Rey Buitre de Rayos de Sol.

- Sobretodo eso.- Gruñó el otro hombre, con un rostro en el que se observaba como al preocupación había hecho mella por culpa de la traición de sus hombres.

- Venid con nosotros, venid. Os daremos una habitación, y podréis descansar y daros un baño. Luego de eso nos reuniremos y cenaremos.- El sol parecía despedirse ya de todos en el oeste.- Mañana cabalgaremos si lo veis oportuno, o podemos esperar a que vuestros hombres descansen un día más.- Asintió antes de comenzar a caminar.

Tierras Altas era un castillo chato, sin apenas torres que sobresaliesen, pero con unos muros gordos y anchos. Los hombres, aún así, deberían acampar a las fueras, donde el heredero Luthor Tyrell había montado un campamento. De esta forma fue llevado a una habitación en la fortaleza, donde le esperaba una tina con agua caliente. Luego fue llevado hasta un salón donde esperaban ambos hombres y el heredero Tyrell, Luthor, el cual se encaminó hasta él para abrazarle. Se sentiría más seguro con su tío allí.

- Mis hombres han perdido el control de cualquier camino que se interne en las murallas, es imposible saber que nos espera hasta Rayos de Sol. ¿Cuál es la estrategia a llevar a cabo?- Mullendore tomó una copa de vino y bebió a la vez que tomaba un panecillo de mantequilla.

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Re: Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

Mensaje por Daemon Fuegoscuro el Mar Oct 16, 2012 5:20 pm

Fui recibido por Lord Mullendore y Lord Hutcheson con palabras corteses que sabia eran falsas hasta la medula. Les importaba bien poco que hubiese llegado sano y salvo o la comodidad de mis hombres, nada les importaba salvo recuperar las tierras que ellos mismos habian perdido. Ahora dudaba si se merecian poseer las tierras que no podian defender, tenia ordenes y las cumpliria, mas no estaba seguro de contar con su valia, si es que la continuaban teniendo.

- Os agradezco este recibimiento y creo conveniente reforzar el campamento por lo que antes de nada saldre a dar algunas ordenes Lores, no me gustaria caer en ninguna emboscada nocturna – y antes de subir a la habitacion sali para ordenar a mis capitanes todo lo preciso. No habia un foso y apenas quedaban minutos de sol por lo que habria que ser mas practicos. Ordene que cada quince pasos encendieran grandes hogueras que ardieran toda la noche a cincuenta pasos del campamento. Asi al menos verian lo que se acercaba y tendrian esos valiosos segundos para defenderse.

Por mi parte me lave para la cena en las habitaciones que habian preparado para mi, no eran nada del otro mundo pero tendrian que ser suficiente. Lo que no esperaba era el recibimiento de mi sobrino cuando llegue al salon, no era ningun chiquillo y debia guardarse las debilidades y los pesares para sus adentros, como hacia yo. Por eso lo aparte delicadamente y sin que se notara y me sente frente a los señores, mirandolos con una frialdad que hasta hacia un tiempo no se habia visto jamas reflejada en mis ojos.

- Mañana partire con mis hombres hacia vuestra fortaleza, asegurare los caminos antes, no quiero verme rodeado. Una vez hecho eso tomare la fortaleza y os la devolvere como me ha pedido Garlan – les dije a ambos hombres sin pedirles ayuda, no la queria, no habian podido proteger lo suyo y no veia razones para que ahora lo hicieran – pero os dire que no volvere a hacerlo, aseguraos la proxima vez de poder defenderla milord y de que vuestros hombres os sean leales. Buenas noches – me levante de mi asiento y tras un tenso silencio desapareci de la sala dispuesto a volver a mi habitacion para descansar y partir al alba.

Habia oido las quejas a Garlan de parte de aquellos señores que ni tan siquiera se habian arrodillado al verme llegar y por los que no sentia el mas minimo respeto. Por eso preferi largarme, asi podria volver a mis pensamientos, no hacia otra cosa en los ultimos dias y cada vez era mas solitario, mas frio y distante con todos aquellos con los que hacia pocos dias era alegre y dicharachero.

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Re: Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

Mensaje por Valar Morghulis el Jue Oct 18, 2012 11:13 am

Los dos señores quedaron totalmente anonadados por el trato recibido. Ellos, que apenas contaban con más de un millar de hombres, habían tenido que hacer frente a bastantes más, y sin ayuda de los Tyrell, a los cuales se les había pedido socorro. Y ahora, cuando llegaba la ayuda, ayuda obligada, lo hacía de tal manera con el Fuegoscuro. Esa noche, en la discusión entre ambos hombres, se escucharon muchas cosas sobre él.

De todas maneras al día siguiente Daemon se alzó y, junto al heredero de los Tyrell, dirigió su ejército al este, en búsqueda de Rayos de Sol. Lord Hutcheston se encaminaba junto a él, pero Lord Mullendore prefirió quedar en sus tierras protegiendo la retaguardia. De esa manera nadie podría atacar por detrás y así podrían dirigir su camino directo hacia Rayos de Sol.

Encontraron vigías a cada paso, encontrándose con que incluso algún arquero trataba de ver si podía llegar a ellos, pero al observar como la caballería se dirigía a ellos huían desde la lejanía. Por eso tuvieron un camino sin apenas trascendencia hasta Rayos de Sol, la fortaleza que se encontraba en un callejón sin salida de paredes de piedra, con dos altas torres que eran su mayor defensa. El cañón se cerraba por una muralla de unos veinte veinte metros de alto. Allí ondeaba el buitre, y el escudo de la familia regente, junto a él.

Se podría tomar la fortaleza, era verdad, pero tendrían ventaja los defensores...si eran los suficientes...

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Re: Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

Mensaje por Daemon Fuegoscuro el Jue Oct 18, 2012 6:07 pm

El camino hasta la fortaleza que tantos quebraderos de cabeza nos habia dado resulto tranquilo para lo que cabia esperar. Contaba con encontrar una mayor resistencia y al no tenerla comence a sentirme incomodo a cada paso. Algo ocurria, sabia que no podia ser que tras tomar una fortaleza pensaran atrincherarse alli, que no plantarian batalla a las tropas que se les acercaban de ningun modo. No esperaba que salieran a campo abierto pero al menos algo de movimiento por su parte, cosa que practicamente ni encontramos.

Rayos de Sol se alzaba majestuosa en aquella garganta con sus dos torres y su muro fundiendose con la roca en ambos extremos. Al llegar al lugar di orden de parar la marcha, era el momento de preparar el ataque. Por un momento me quede observando el castillo, ¿estaria alli el rey buitre? Si era asi deseaba encontrarmelo en batalla, queria que fuese un rival digno, quizas el ultimo, ¿que mas daba? Habia nacido bastardo, me habia criado como caballero y si debia morir tenia que ser como caballero, en el campo de batalla junto a los hombres, sangrando con ellos.

Uno de mis capitanes se acerco a mi para llamar mi atencion y saber que me pasaba, senti su presencia mas no desvie mi mirada de aquel lugar que debiamos tomar – preparad el asedio, vamos a estar aquí unos dias. Quiero que monteis un campamento seguro, ya lo hemos hecho otras veces, no me gustaria despertarme con una espada en mi cuello asique la primera tarea sera esa. Despues manda exploradores, quiero saber que sucede a nuestro alrededor en todo momento y por ultimo, en que este el campamento y estemos asentados para el asedio, comenzad a fabricar arietes y torres de asalto, nos haran falta – le dije al capitan escuchando un escueto “si ser Daemon” como unica respuesta.

Permaneci unos minutos mas alli antes de dar un ultimo suspiro y tirar de las riendas de mi caballo para ir junto a Lord Hutcheston. Al llegar a su altura lo vi desmontado e hice lo propio, dandole las riendas del caballo al mismo soldado que se llevaba al del señor. Me acerque a el y me plante delante suyo, mirandole friamente. En los ultimos meses habia perdido gran parte de mi alegria y me costaba horrores mostrarme amable y vivaz con la gente, aunque en este caso trate de hacer una excepcion.

- Milord, tenemos que hablar. Necesito saber cada uno de los puntos fuertes y debiles de vuestro hogar. Tenemos que saber por donde atacar y por donde no, como podrian flanquearnos y atacar nuestra retaguardia y si tienen alguna via de escape desconocida – le dije cogiendome las manos a la espalda, bajo la capa con el emblema de mi casa. La empuñadura de mi espada brillaba con una fuerza especial aquel dia o eso me parecio, la cercania de la sangre parecia avivar sus fuerzas y era un digno espectaculo de ver.

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Re: Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

Mensaje por Garlan Tyrell el Mar Oct 23, 2012 11:18 am

--- en el amanecer del tercer día ---

Una nube de polvo se levantaba al mismo tiempo que los cascos de Flecha Blanca pisaban la dura arena del camino que llevaba a Rayos de Sol. Su hijo y su cuñado ya habían organizado el campamento que se podía avistar desde hacia varios minutos... el ruido de los 30 caballeros que lo seguían habría despertado ya a todos los integrantes del amplio grupo que habá en frente de la pequeña fortaleza.

Ya había pasado por Tierras Altas y le habían informado de todo lo acontecido, había tenido tiempo de explicar el fuerte caracter de Daemon y de hacer entender a su vasallo que así debá ser un Rey fuerte de caracter y con el enemigo, pero bondadoso con sus vasallos y que así lo hacía yendo a recuperar la fortaleza perdida.

Al mismo tiempo le habían informado del escape del Lord y como su hermano había ocupado su lugar... más bien como el hermano había expulsado al antiguo Lord, incapaz de defender su fortaleza, pero siempre había una segunda oportunidad.

Cuando llegaron al campamento dos exploradores ya habían acudido hasta él para saber si necesitaba algo, pero ya hizo saber que lo único que requeria es que abrevasen a su caballo y el de sus hombres y que descansaran el tiempo que pudiesen pues la batalla estaba cerca.

Había tardado poco en llegar hasta allí, sin duda Daemon había heco un buen trabajo en el camino entre Tierras Altas y Rayos de Sol, había visto bastantes grupos de hombres que cuidaban de los caminos ante posibles asaltantes pero no había visto ningún ajusticiado por lo que suponía que los bárbaros no serían tan idiotas como parecía.

No se quitó siquiera el polvo de la ropa cuando se llevo un pellejo de vino a la boca, mientras se encaminaba hacia a carpa de Daemon. En la puerta ya se encontraba él y Lord Hutcheston. Le saludaron nada más llegar y este hizo lo mismo - Buenos días mis señores, pasemos dentro tenemo que hablar. -

Ni siquiera se detuvo y pasó ante ellos al interior de la carpa donde había una mesa amplia y bastante improvisada en la que había mapas de las cercanías y de la fortaleza, se acercó a ellos y los observo no si antes instar a uno de sus hombres que trajese una bota de vino. - He visto que tenemos arieter y torres de asedio, me alegra ver que no se ha perdido el tiempo. - Observaba a ambos hombres que permanecían inmutables... Daemon era una sombra del Guerrero apunto de convertirse en el azote de todo hombre, mientras que Lord Hutcheston parecía más temeroso de su incompetencia ante su señor - Dadme toda la información de la que dispongamos, tomaremos Rayos de Sol hoy mismo si los Siete son bondadosos. -

Ya no eran necesarias las candelas, el Sol había hecho aparición lo suficientemente fuerte como para despertar a todo perro de esa fortaleza... a estas alturas sabrían que Galar Tyrell había llegado y estarían temblando, si no lo hacían es porque simplemente si que eran idiotas.

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Re: Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

Mensaje por Valar Morghulis el Miér Oct 24, 2012 1:01 pm

- Ya vienen.- Lucas observó como las torres de asedio comenzaban a rodar hacia ellos, hacia el único lugar en todo Poniente donde la libertad se resguardaba. Allí estaban ellos, hombres de armas que tenían su propia vida como escudo, su propia liebrtad como fuerza en sus brazos. Y frente a ellos los tabardos de los nobles, aquellos que se afanaban en pisotearlos a todos, a mandarlos a morir como si de solo números fuesen. Les enseñarían que eso no era así.

Los cuernos sonaron. Era atardecer, el momento en el que habían decidido lanzar el ataque. Listos, así el sol del oeste caía sobre ellos y los entorpecerían, pero aún así contaban con las defensas, las murallas...aunque no tenían forma de disparar contra aquellas torres de asedio. Lo mejor era centrarse en tratar de matar a los hombres de a pie y al propio ariete, consiguiendo que este avanzase a trompicones y llegase mucho más tarde que las torres de asedio.

Cuando se deslizó la pasarela los hombres del cazador y de la rosa aparecieron con hachas y espadas, con rabia en sus caras, consiguiendo abrir una pequeña zona segura en las murallas, aunque se debería luchar palmo a palmo. Los arqueros, al observar la llegada de las torres de asedio, se habían retirado, tratando de lanzar sus flechas desde el patio a los enemigos, consiguiendo algunos blancos, pero ya menos. Deberían tomar en poco sus espadas.

Pero una vez el ariete tumbó las puertas...aquello había terminado. Los hombres comenzaron a entrar y a cargar, consiguiendo que el pánico cundiese en el lugar. Ahora todos luchaban por sus vidas, pero lo cierto era que todo parecía perdido. Lord Hutcheston se dirigió hacia la torre, golpeando la puerta y llamando a su hermano para que saliese de aquel lugar donde había quedado agazapado.

Entonces un cuerno sonó y se observó a varios grupos de jinetes aparecer por los laterales de los patios, llevándose a muchos hombres atacantes con ellos. Los soldados comenzaron a gritar sobre si veían al Rey Buitre, allí y allá. Lo cierto es que la puerta quedó defendida por pocos, y consiguieron llegar hasta ella y salir a campo abierto un grupo de unos cien jinetes. Dos hombres portaban un casco similar, como de un buitre. Su misión era clara, escapar de allí.

Spoiler:
Las pérdidas de los Tyrell son: 312 hombres de armas + 95 arqueros + 50 caballeros. Debeis quitároslo de las tropas Tyrell, no de las Tarly. Ahora podéis rolear, por una parte el enfrentamiento Daemon/Rey Buitre y por otra Garlan puede contar el asalto a la fortaleza y el echar abajo las puertas de la torre para ir a por el díscolo hermano del Lord.

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Re: Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

Mensaje por Daemon Fuegoscuro el Miér Oct 24, 2012 2:33 pm

Habia llegado el momento, hacia varios dias que miraba aquellos muros durante gran parte de la jornada y por fin, tras todos los preparativos ibamos a asaltar la fortaleza. El ariete estaba listo, mirando hacia el gran porton de la fortaleza y las torres de asalto flanqueaban a este mientras los hombres iban subiendo, preparandose para la batalla que se avecinaba. Caminaba entre los hombres, saludandoles, dandoles animos que a mi mismo me faltaban. Iban a luchar, sangrar y morir por el Dominio y lo minimo que podia hacer por ellos era sonreir, tratar de aliviar su nerviosismo y mostrarme como habia sido hasta hacia poco tiempo. Me costaba cada sonrisa un esfuerzo casi agotador pero aun asi continue recorriendo las largas filas animando a los hombres de Tarly que se mezclaban con los de mi cuñado Garlan.

Una vez todos estuvieron listos, comenzo el avance hacia Rayos de Sol. Las grandes torres y el ariete pronto llegaron hasta la fortaleza. Esta estaba bien defendida y los hombres que custodiaban sus muros hicieron todo lo posible por frenar su avance, aunque de poco les sirvio. Los primeros gritos y choques de armas se escucharon pronto en los muros, los hombres de las torres comenzaban a avanzar mientras el resto permaneciamos expectantes fuera del alcance de los arqueros, ansiosos por entrar en combate y acompañar a nuestros compañeros en la batalla. Yo mismo sentia mi corazon latir tan fuerte como hacia tiempo que no lo hacia y me gire frente a mis hombres, aquellos que me seguirian hacia el combate.

- ¡Hombres del Dominio! ¡Mirad ese lugar! - les dije señalando la fortaleza rebelde – alli pelean nuestros amigos, hermanos, padres e hijos por la justicia. Algunos habreis oido decir que el rey Buitre lucha contra la tirania de los señores pero si vais a luchar hoy debeis saber ¡que eso es mentira! ¿Acaso un hombre que lucha por el pueblo arrasaria aldeas? Yo no lo creo y espero que hoy deis un pequeño ejemplo de lo que le pasara a todo aquel que se atreva a enfrentarse a los hombres del Dominio – dije a la par que escuchaba el ultimo crujido de la madera cediendo ante el ariete. Gire mi rostro para observar la escena, la puerta se abria de par en par mientras los hombres apartaban el ariete para que no entorpeciera el paso del resto. Habia llegado el momento – hombres del Dominio, ¡tomad Rayos de Sol! - dije mientras desenvainaba Fuegoscuro y su resplandor centelleo mientras comenzaba a correr hacia la batalla seguido de todos los hombres.

Era el momento de descargar la rabia, la frustracion y el odio que sentia hacia el mundo. Por eso avance sin temor, cubriendo mi rostro y cuerpo con el escudo mientras algunos arqueros aun lanzaban flechas desde las almenas en medio del fragor de la batalla. Nada mas entrar en el patio, varias filas de hombres nos estaban esperando. Eran menos y se veia el terror en sus caras, quizas hasta alguno me reconociera pues no llevaba mi casco, queria que todos me vieran, que alguno se atreviese a cruzar su espada con la mia pues mas que nunca deseaba encontrar a aquel que pudiera vencerme. Por eso cargue sin mirar atrás, escuchando a los soldados a mis lados y mi espalda, esquivando la primera lanza y rompiendo la linea de rebeldes.

A partir de ese momento todo fue un caos, los hombres empezaron a luchar y a mi alrededor solo se escuchaban gritos de dolor y rabia junto al sonido metalico de los golpes. Por mi parte me iba centrando en cada hombre que se cruzaba en mi camino, acabando con ellos con facilidad pues su entrenamiento y manejo de la espada era muy inferior al mio. Eso sin contar que tenia la ventaja añadida de Fuegoscuro que parecia sedienta de sangre, abria las tripas de mis enemigos con tal facilidad que parecia estar cortando mantequilla. A los pocos minutos de comenzar la batalla ya habia dejado mi escudo incrustado en el cuello de un hombre y luchaba con mi espada a dos manos, bañandome estas de la sangre caliente de los enemigos del Dominio, manchando ademas mi rostro y mi cabello con miles de pequeñas gotas de sangre enemiga.

Fue entonces, en mitad del caos de la batalla cuando sucedió, de los flancos comenzaron a aparecer jinetes enemigos y por un instante el mundo se detuvo. Parecia que el enemigo tenia un as guardado en la manga mas no importaba, mientras tuviera fuerzas seguiria combatiendo. Por eso cuando vi a aquel hombre con el casco del buitre me dirigi hacia el, llamando su atencion mientras mataba a todos los lacayos de este que se interponian en mi camino. Al fin, este cruzo su mirada conmigo y avanzo entre los hombres espoleando a su caballo, dispuesto a enfrentarme mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro. Di un paso a la diestra y espere al ultimo momento para fintar, esquivar su golpe y presentar mi espada a su caballo, haciendo que este se fuese al suelo y viendo como su jinete rodaba. No tardo mas de un pestañeo en ponerse de pie y enfrentarme, intercambiando golpes mientras combatiamos el uno con el otro. Aquel hombre debia reconocer que era un buen guerrero, sabia manejar bien la espada y llegaba a hacer que me esforzara como no lo habia hecho otro hombre en tiempos.

Aun asi, aunque una parte de mi lo sintiera, no iba a poder vencerme solo y cuando cometio su error aseste el golpe que daba por finalizado el combate. Tras esquivar uno de sus golpes descendentes y al haber desprotegido su guardia me dio el instante necesario para cortar su mano, viendo como la sangre comenzaba a manar de la herida. Ahora veria el rostro de mi enemigo y podria decir a todo Poniente quien era aquel azote de las Marcas que se autoproclamaba rey. Me acerque a el dispuesto a descubrirlo pero en el ultimo instante otro hombre identico a este cargo contra mi. Su golpe fue rapido, certero y por unos milimetros no fue mortal. Habia conseguido esquivar el golpe dirigido a mi rostro hechandome hacia atrás, o eso creia. Dos hombres peleando se interpusieron en mi camino y no pude mas que observar como el manco y el otro guerrero identico a el montaban en un caballo. La mitad de mi vision comenzo a nublarse, volviendose carmesi y con mi mano me palpe el rostro, estaba sangrando.

Vi alejarse al jinete y desaparecer por el caido porton a la par que los hombres reducian al ultimo grupo de rebeldes, sonriendo mientras ambos guerreros se alejaban. Quizas, el dia que menos lo pensase volveria a cruzarme con aquellos hombres que habian sido capaces de hacerme sangrar, de momento aunque habia vencido en el combate me habia quedado un regusto amargo por no haber descubierto al hombre que habia perdido la mano.

Rapidamente un hombre se acerco a mi preguntando mil veces si estaba bien, llamando a alguien para que me curara la herida, observando como los primeros sanadores entraban en el patio y viendo como uno se acercaba hasta mi observando la herida – has tenido suerte hijo, solo tendre que cerrar esa herida, pero te quedara cicatriz – dijo el anciano mientras hombres aseguraban la fortaleza y comenzaban con el recuento de bajas.

Mi adversario habia perdido una mano, yo habia recibido un corte en el rostro que iba desde mi frente, bajando por mi ceja hasta mi pomulo derecho, dejando libre el ojo por apenas unos milimetros. Pero aun asi la herida curaria, dejaria su marca, pero curaria y podria volver a empuñar el acero un dia mas. Al final el dia habia sido mejor de lo esperado, habiamos vencido y al ver a los hombres reir, alegrarse y gritar por al victoria una sensacion de alegria comenzo a calentar momentaneamente mi interior.

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Re: Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

Mensaje por Garlan Tyrell el Vie Nov 02, 2012 1:02 pm

El Sol acababa de salir por el horizonte cuando todos se preparaban para la batalla, los escuderos de Garlan enfrascaban a este en su armadura. Cuando terminaron estaba cubierto de metar, apenas se le veía el rostro y como único punto débil se encontraban las articulaciones que le permintían girar brazos y piernas.

Cuando salío al campo de batalla en Flecha Blanca con su capa ondeando por el viento se sintió orgulloso de ver aquello guerreros, no tenían miedo, sabían cual era su misión y Daemon que marchaba a su lado comenzó a arengar a las tropas, se escuchaban gritos de apoyo cada vez que terminaba una frase y cuando concluyó y un gran estruendo de espadas y hachas chocando contra los escuchos ensordeció cualquier otro sonido.

Garlan sonrió a Daemon y se quedó allí, en la retaguardía junto al Rey verdadero, esperando a que el ariete abriese un hueco en la puerta para entrar con los caballeros a limpiar el patio de la fortaleza.

Lo cierto es que resultó bastante sencillo, los llantos de los arqueros comenzaron a escucharse pronto, así como su huida al patio que se convertiría en poco tiempo en una ratonera, las murallas se tomaron en poco tiempo, una vez los Tarly y los Tyrell salieron de sus torres de asedio.

El patio tardó algo más el ariete tuvo que moverse más lentamente por el hacer de los bandidos que habían hecho qeu el camino no fuese idóneo. Pero cuando se abrió el hueco Garlan dió la orden y aquello fue el fin de esos pobres infelices - ¡A POR LA VICTORIA! ¡JUSTICIA! - su última palabra resonó en la garganta de sus caballeros y todos se adentraron en la fortaleza, su espada comenzó a teñirse de rojo tan pronto entró, los enemigos apenas se podían defender ante la superioridad de los Tyrell y eso hacía huir a muchos y a rendirse a otros... quizá hubiese piedad para ellos, los dioses hablarían.

Pero cuando todo parecía dispuesto y se encaminaba a la puerta de la torre, donde Lord Hutcheston intentaba entrar para ir a la búsqueda de su traicionero hermano, comenzaron a sonar cuernos de guerra y de los flancos ocultos salieron un grupo de jinetes, unos cien de los que destacaban dos que portaban un yelmo con forma de buitre, sin duda se habían percatado de la poca protección que tenía la puerta y pretendían huir - ¡DAEMON ATRÁPALOS! ¡PRENDEDLOS! - pero no podía hacer mucho más, varios fueron los jinetes que cayeron y lo últimmo que vió fue como Daemon interceptaba a uno de ellos.

Cuando llegó a la puerta llamó a varios de sus hombres para que tirasen la puerta a abajo, no tenía tiempo de andar con tonterías, aquel hombre había estado con el Rey Buitre, o al menos eso parecía y cantaría... o no habria piedad de los dioses para él. Cuando llegó hasta el fraudulento Lord Hutcheston se arrodilló pidiendo clemencia y piedad, odiaba la gente así... sin agallas, sus hombres que hasta entonces mantenían las espadas en alto para defenderlo titubearon y terminaron por tirarlas ante la voz de Lord Garlan - Tirad las armas y arrestad al traidor. Pronto sabremos que os depararan los Siete. -

Se giró al verdadero Lord y con un semblante ensagrentado le escupió sus órdenes - Reconstruya el castillo y mejore sus defensas, ya ha visto sus puntos flacos. Mande limpiar el patio y ordene preparar dos filas de cinco horcas para mañana en la mañana... busque a sus hombres aqui y en las mazmorras, libere al que pretenda jurarme lealtad en persona y déjelas vacias para todos los traidores que juzgaremos mañana. El Señor del Dominio siempre cuida a su pueblo. -

Sin decir más se dió la vuelta y se dirigió al patio, donde ya los hombres que quedaban en pie habían sido abatidos, los cadáveres estaban siendo saqueados, los heridos atendidos y muchos rebeldes seguían de rodillas apresados. - ¡Capturad a los heridos sanos y llevadlos a las mazmorras!¡Reunid todos los bienes de los caidos, apiladlos en un lado del patio y protegedlos! No quiero que los cadáveres sean profanados ¡Y apilad todos los cadáveres fuera de la fortaleza!. - Ya habría tiempo de ordenar hacer un portón nuevo para suplir la anterior puerta principal que había sido arrasada por el ariete.

Cuando pasó por delante del maestre que se encargaba de los heridos le preguntó por Daemon y le indicó hacia la puerta principal donde estaba siendo curado de una herida en la cara - ¡DAEMON! - grito aún en la lejanía, se acercó a la carrera apartando a todo aquel que se ponía delante. Si Daemon muriese... todo habria acabado antes de empezar - Daemon ¿estás bien?. - Vió como uno de los jinetes con la cabeza de Buitre habia sido habatido y se sintió orgulloso, aquel hombre era la reencarnación del Guerrero.

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Re: Trama VI: Lós Últimos Rayos de Sol.

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